Columnista Invitado, Salomón E. Padilla*

En materia de telecomunicaciones, la realidad política, económica, social y tecnológica ha rebasado al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), regulador mexicano, que ha respondido a medias y tarde a varias de las disyuntivas que se le presentaron en los últimos tres años, denotando una franca división interna operativa y política, así como una desconexión interna y con la realidad de las operaciones de las redes.

Sin embargo, en este sobre diagnosticado ente, sería deseable que el mismo se atreviera a salirse de su agazapo, abrirse y ser protagonista en impulsar acciones conjuntas con los operadores que mejoren el despliegue, capacidad y calidad de las redes. Considerando que, para lograrlo, deberá de cumplirse algunos de los siguientes puntos que siguen siendo solo un deseo, ya que en la actualidad va a contrapelo de estos.

Diseño institucional. Hay un dicho en el ámbito legal que dice: En derecho la calidad se nota hasta que se prueba lo asentado en papel. Y, en el tema del diseño institucional del regulador de las telecomunicaciones mexicano, se han notado las deficiencias estructurales al tener su presidente un sobrepeso en las decisiones operacionales y políticas y al ser los comisionados simples entes testimoniales de lo que sucede en la institución, podríamos decir que estos últimos salen sobrando. Esto puede ser cómodo para los comisionados, pero desvirtúa al órgano colegiado. Asimismo, podría modernizarse el Consejo Consultivo, que por su estructura ha dado batallas sin poder trascender, así como el Centro de Estudios, que el único aporte a la institución ha sido dar un espacio para que los interesados en ser comisionados estudien para el examen.

Consultas públicas. Es necesario remodelar el sistema de consultas públicas a uno que ofrezca resultados tangibles, abriendo las mismas al intercambio de ideas con los servidores públicos, operadores y sociedad civil organizada, donde se logren consensos y compromisos. Es realmente bochornoso para la institución que el actual sistema tenga consultas con cero participantes, que refleja su actual trascendencia y que sus constantes teleconferencias no resuelven.  

Gobierno digital. No hay un tema en el que vaya más tarde el órgano especializado en telecomunicaciones y, por ende, de tecnología que en el de gobierno digital. Comenzando con su página web que es muy parecida al Yahoo! de los años 90, con información en capas, de diferentes sistemas de captura y desordenada, así como los trámites digitales, aspecto en los que debería ser líder, pero se ha quedado a la zaga de reguladores como Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE), Comisión Reguladora de Energía (CRE), Banco de México (BANXICO), etc. Falta proyecto.

Inspección y vigilancia. Un verdadero dolor de cabeza para el regulador ante el cúmulo de denuncias de operadores de internet, radio y tv restringidas piratas, ya que no tiene la capacidad ni las ganas de dar seguimiento por el nulo presupuesto además de apoyo de las instituciones del estado mexicano en materia de seguridad. Más de una vez han sido retenidos sus inspectores y su porcentaje de aseguramientos ha venido decreciendo año con año. A la fecha ha aplicado la misma política del Sistema de Administración Tributaria, esto es, verificar a los cautivos. Sin embargo, regulación sin orden solo es declaración de intenciones y tarde o temprano tendrán que atender las denuncias de los operadores legales.  

Prospectación y política regulatoria ordenada. El ente se ha abierto a temas sociales como la inclusión, cobertura social y tecnológicos como 5G, pero sin lograr resolver temas como el acceso a infraestructura pasiva y activa, ordenamiento de concesiones (las sociales que se han vuelto comerciales), concentración ilegal de operadores telecomunicaciones, en el entendido que no se podrá dar la inclusión, cobertura social y 5G sin redes, sana competencia, ni seguridad en las inversiones. Ha llegado a tal grado el vacío en estos temas que el Organismo Promotor de Inversiones en Telecomunicaciones (PROMTEL) ha llenado los espacios.

Esperemos que el regulador mexicano pueda hacer un ejercicio de autocrítica, ya que en este momento el país requiere de instituciones en materia telecomunicaciones y radiodifusión que trasciendan los intereses políticos, personales y económicos de TODOS sus participantes. Vamos tarde, vamos mal, pero todavía hay posibilidad de mejorar. Esperemos que su pleno pueda ver más allá de la caja de cristal en que se encuentra y que sus integrantes funcionen para lo que fueron contratados. ¿Acaso no son las mejores calificaciones de los exámenes?

Salomón E. Padilla es abogado y cuenta con más de dos décadas de experiencia en mercados regulados y competencia económica en México. Además, es Vicepresidente de la Asociación de Redes de Telecomunicaciones de México (ATIM) que reúne más de 200 operadores regionales de telecomunicaciones de México. Su cuenta de Twitter es @salomonpadilla.

*Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión oficial de este blog.

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