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Transformación digital prepagada

Una mirada a las estadísticas de adopción de servicios de telecomunicaciones en los distintos mercados de América Latina, durante las pasadas dos décadas, revelaría un incremento constante en la utilización de estos servicios. Se trata de una tendencia en continuo crecimiento que ha llevado a más de una jurisdicción regional a alardear sobre los niveles de uso que poseen y de cómo están preparados para acelerar un salto inmediato hacia la transformación digital.

Siendo sensatos, parte de estas declaraciones son producto de la falta de conocimiento de interlocutores que están más interesados en política partidista que en política pública y que en la gran mayoría de las ocasiones no conoce mucho acerca del mundo de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC). También es cierto que muchas veces el origen de dichas declaraciones emana de una revisión de las cifras recopiladas localmente sobre la utilización de tecnologías.

Los números son claros, con contadas excepciones, de forma agregada hay un mayor de líneas conectadas a rede de telecomunicaciones cada mes. El problema deriva no de esta información sino en la falta de desagregación de la información reportada pues hay una gran inclinación a equiparar todas las conexiones, todos los dispositivos y todos los accesos a un servicio. La vida real nos muestra una visión bastante alejada de la realidad confeccionada en hojas de Excel de un ministerio, secretaría o ente regulador.

Tan solo basta considerar los servicios de banda ancha móvil y cómo estos difieren en costo, topes de descarga y velocidad a los accesos de banda ancha por medio de tecnologías fijas. Sin embargo, olvidémonos de las redes estáticas y comencemos a explorar el mundo de las conexiones móviles. Aquellas que tienen como foco al individuo y no un punto geográfico predeterminado.

Lo primero que hay que considerar es el plan de uso de cada persona, cuántos datos puede utilizar en un mes un usuario de servicios celulares prepago en contraste de alguien que debe pagar una mensualidad por su contrato de servicio. El contraste no termina aquí, apenas comienza, pues es en la segmentación de la base de celular prepago que se pueden notar las grandes carencias en relación con las TIC que tienen muchos usuarios de servicios de banda ancha.

Hablando a grandes rasgos, los usuarios prepagos se dividen en bloques que podrían ser catalogados ya sea por el monto mensual que gastan en servicios celulares o por la cantidad de datos que consumen durante este tiempo. Si la división se hace por los montos mensuales destinados a servicio celular se pueden identificar grupos que gastan alrededor de un dólar mensual, hasta aquellos que invierten en su servicio montos mayores a los que existen en planes por contrato.

Si transladamos esta situación a la presente realidad de pandemia que se vive alrededor del mundo, es bastante claro que quien gasta alrededor de un dólar mensual en conexión celular no va a poder beneficiarse de las grandes aplicaciones de gobierno electrónico existentes, tampoco de las nuevas plataformas de educación y mucho menos de la masificación de consultas en línea con distintos especialistas médicos. Por su parte, quienes gastan grandes montos en sus conexiones a Internet podrán acceder sin problemas a todas estas nuevas oportunidades, llegando a convertirse en lo que algunos han vendido como lindo concepto publicitario como: “ciudadano digital”.

La parte dolorosa es que se hace una inversión en contenidos y plataformas que no serán utilizadas por una parte importante de la población pues no se puede costear, ni justificar el acceso a los mismos. El público objetivo en términos de líneas es distinto al que se define por la capacidad del individuo de asumir el costo por acceder a los contenidos (en términos de datos a ser utilizados mensualmente).

El otro grupo de segmentación interesante de una base prepago es aquel que se hace siguiendo los patrones de utilización de servicios de datos por parte de los usuarios bajo esta modalidad de pago celular. Lo interesante de este segundo ejercicio es cómo muchas veces muestra una realidad híbrida en términos de dinero invertido mensualmente en el celular. Aquí encontraremos usuarios con patrones de uso similares pero pertenecientes a distintos estratos económicos. Una de las variables que explica la similitud es la falta de conocimiento sobre el potencial que tiene el celular como herramienta de trabajo y desarrollo personal. Dicho de forma más formal: la ausencia de las llamadas destrezas digitales.

Independientemente de cómo se mire, contar líneas de acceso a Internet móvil no implica relatar una historia de equidad llena de armonía. Todo lo contrario, es entrar en un mundo que es reflejo del poder adquisitivo y el acceso a la educación en la sociedad. En la mayoría de las ocasiones, quienes tienen más dinero tendrán mejor servicio y acceso a mejor información que quienes viven bajo los niveles de pobreza.

Claro que muchos gobiernos se han dado cuenta de esta situación de inequidad y han establecido planes de conectividad y de universalización de los servicios de banda ancha. El principal problema de estos planes es que, así como tienen fecha de inicio, también tienen fecha de caducidad y la necesidad de la población de estar conectada no tiene fecha de expiración.

Otras iniciativas incluyen denominar legalmente a los servicios de Internet como servicio público o derecho humano. Esta denominación lleva consigo un sinnúmero de requisitos y responsabilidades que, en teoría, impulsarían el crecimiento de la cobertura y adopción de estos servicios por la población. Tampoco hay que olvidar la reformulación de concesiones de servicios para priorizar la expansión de cobertura geográfica de los mismos o la implementación de esquemas subsidios por medios de fondos de servicio universal o iniciativas público-privadas.

Existe mucho Interés y movimiento para impulsar la adopción de las TIC en América Latina, los esquemas híbridos son cada vez numerosos e ingeniosos. Afortunadamente muchos de ellos han reflejado resultados positivos, pero aun falta mucho para digitalizar la economía y hablar de una economía realmente 4.0 en la región. Parte de ese tramo por recorrer se sale de las manos de los proveedores de servicios de telecomunicaciones y es la pobreza. Como he dicho anteriormente, ¿a quién le importa un celular o una página de Facebook si su hijo o su madre no tienen con qué comer?

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