El mundo de la sobre información nos regala temas de importancia con un tiempo de expiración sumamente corto. La última novedad acapara toda la atención hasta que es suplantada por otro evento que secuestra la mirada de la sociedad. De esta manera, la atención que se pueda tener sobre política un día se centra en algún presidente con aspiraciones de dictador afirmando que se encuentra sobre la constitución, para que el día siguiente el hecho sea ignorado por muchos pues es más importante saber si la foto de una princesa inglesa ha sido retocada o no.

La sobre oferta de contenidos parece haber secuestrado los cerebros y condenado las guerras a ser ejercicios de geografía donde las personas por medio de un mapa pueden localizar la zona de guerra del momento.

El mundo de la tecnología no es muy diferente, cada cierto tiempo nos encontramos con algún término tecnológico que parece ser el culpable de la total transformación de la humanidad. Aquella tecnología que nos permitirá saltar décadas hasta llevarnos a esa Wakanda perdida que parece que llevamos reprimida en el alma. De esta forma, en su momento blockchain surgía como la tecnología que impulsaría un cambio paradigmático en las transacciones digitales y los sistemas de seguridad.

El ruido intenso de esta tecnología paulatinamente pasaba a un segundo plano según las promesas de 5G se materializaban, si uno llegase a creer a los más radicales evangelistas de esta nueva generación móvil habría que deshacerse de la Biblia, la Torá y el Corán pues ninguna de estas religiones sería capaz de emular los beneficios del IMT-2020. Promesas de cirugías remotas, voces afirmando que significaría el fin de las brechas digitales, espíritus cochambreros prediciendo el apocalipsis para todo país que se tardase en lanzar 5G. Luego de escucharlos a uno le quedaba la duda de si emocionarse o asustarse por la quinta generación.

Cuando se va madurando el tema de 5G con un constante crecimiento durante dos años de redes comerciales de esta tecnología, una nueva palabra se populariza en nuestro léxico: el metaverso. Utilizada por primera vez por el novelista Neal Stephenson en su obra “Snow Crash” publicada en 1992. Sin embargo, esta la palabra la impulsa una empresa digital que quiere crear universos paralelos en el ciberespacio que vayan más allá de lo que pudo alcanzar “Second Life” o actualmente se puede observar con “Roblox” y otros juegos.

 Claro que cuando la palabra la usa un escritor el mundo ni se inmuta a expresarse, pero cuando es un gigante del mundo digital repentinamente no se puede vivir sin llegar al metaverso. Se convirtió en la razón de ser de muchas entidades que comenzaron a dedicarle fondos. Curiosamente luego de varios años nadie puede dar una definición específica de lo que es el metaverso, por ahora es un concepto que no se puede definir, pero si identificar cuando llegue.

Desafortunadamente, el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022 suplantó el interés mundial por el metaverso con el de la inteligencia artificial generativa en su versión texto. Pobres de Siri, Alexa y las otras versiones generativas de audio que pasaron al olvido. ChatGPT y toda la creciente selección de competidores nos han mostrado de forma concreta cómo se puede llegar al futuro de golpe.

La religiosidad existente hacia la inteligencia artificial aun continúa y se ha acentuado con el anuncio de la aprobación por la Unión Europea de una Ley para impulsar el desarrollo y definir a la Inteligencia Artificial. El furor existente sobre inteligencia artificial recibió sus sagradas escrituras, ahora simplemente queda evangelizar y llevar la buena noticia a todos. Ahora sí saldremos de la pobreza, se acabarán los genocidios y la humanidad podrá descansar ya que las máquinas nos quitarán el peso de tener que ejecutar muchas labores. ¡Un cúmulo de externalidades positivas!

Todo lo escrito hasta este momento denota un inmenso problema que tiene que solventarse para poder continuar con el esperado impulso al crecimiento económico y desarrollo social prometido por las tecnologías. Hay dos verdades inevitables, primero, ninguna tecnología por si sola va a resolver todos los problemas de la sociedad. Segundo, la tecnología no existe en una burbuja de autosuficiencia, depende de muchos factores para poder ser implementada y utilizada.

Si tomamos todas las tecnologías mencionadas anteriormente, blockchain, metaverso, 5G e inteligencia artificial, todas precisan de inversión en infraestructura tangibles que puedan crear esa red de telecomunicaciones que permita la transmisión de datos a alta velocidad. Además, en el caso de 5G, al ser tecnología inalámbrica necesita de espectro radioeléctrico para poder ofrecer sus servicios. Los montos de inversión dependerán de la infraestructura de telecomunicaciones existente y la disponibilidad y calidad de la infraestructura civil.

Claro que con toda esa información sería insuficiente para determinas los niveles de inversión, hay que verificar el marco legal existente, sobre todo aquello referente a permisos y temas impositivos, la cantidad de expertos que preparan las universidades, aranceles de importación y exportación, demografía y topografía, perfil de usuarios y costos de terminales, entre otros.

Sin la revisión de estos elementos para lograr la conectividad y accesibilidad, hablar de blockchain, metaverso o inteligencia artificial es perder el tiempo.

Ahora imaginemos un mundo donde todos estos problemas de conectividad han sido superados. Centrémonos en la inteligencia artificial. Estos sistemas son tan buenos como la información que cada uno de ellos recibe. Sus insumos son los datos, pero si el insumo que recibe está incompleto, los resultados que pueden esperarse de este sistema estarán lejos de ser óptimos. El gran problema de América Latina es la falta de datos concretos que puedan utilizarse, también la falta de insumos digitales que puedan alimentar estos sistemas si se compara con lo que tienen a su disposición economías como China, Estados Unidos, Japón y Reino Unido.

La cobertura que ha recibido la aprobación por la Unión Europea de su Ley de Inteligencia Artificial paradójicamente nos resalta el gran problema que tienen estos sistemas al momento de llegar a América Latina y otras regiones del mundo en vías de desarrollo. Aquí me refiero simple y llanamente a la desinformación, esa disponibilidad de contenidos o datos erróneos.

Por ejemplo, por todos lados se menciona que la ley de la Unión Europea es la primera que se aprueba globalmente. Sin embargo, este dato es inexacto, tan solo con mirar a América Latina vemos que en Perú durante el 2023 se expidió la Ley 31814 o “Ley que promueve el uso de la Inteligencia Artificial en favor del desarrollo económico y social del país.” La promulgación de esta ley en el Perú llevó a la consultora global Access Partnership a afirmar en julio de 2023 que “la legislación peruana envía un mensaje positivo para otros reguladores y legisladores que recientemente han discutido iniciativas similares como lo es el caso de Colombia, México y Brasil.”

La ley 31814 del Perú contribuye al aprendizaje sobre la inteligencia artificial al incluir una definición, divida en cuatro segmentos:

Tecnología emergente de propósito general que tiene el potencial de mejorar el bienestar de las personas, contribuir a una actividad económica global sostenible positiva, aumentar la innovación y la productividad, y ayudar a responder a los desafíos globales clave.

b) Sistema basado en inteligencia artificial: Sistema electrónico-mecánico que puede, para una serie de objetivos definidos por humanos, hacer predicciones, recomendaciones o tomar decisiones, influenciando ambientes reales o virtuales. Está diseñado para funcionar con diferentes niveles de autonomía.

c) Tecnologías emergentes: Tecnologías digitales capaces de generar soluciones innovadoras tales como la robótica, la analítica, la inteligencia artificial, las tecnologías cognitivas, la nanotecnología, el internet de las cosas (IoT) y similares, que conforman la industria 4.0 que combina técnicas avanzadas de producción y operaciones con tecnología, generando impacto en el ecosistema digital, las organizaciones y las personas.

d) Algoritmo: Secuencia de instrucciones y de conjuntos ordenados y finitos de pasos para resolver un problema o tomar una decisión.

Asimismo, un estudio publicado en enero de 2024 por el IAPP (Asociación Internacional de Profesionales de la Privacidad) describía en su estudio sobre “Rastreador de Políticas Públicas y Derecho Global sobre IA” las iniciativas para regular a la inteligencia artificial por 24 jurisdicciones distintas incluyendo aquellas que ya habían incluido en su normativa leyes que regulen la tecnología, como por ejemplo China o los Estados Unidos. También aquellas iniciativas de gobierno relacionadas a la inteligencia artificial, como la creación en 2017 en Emiratos Árabes Unidos de un Ministerio de Inteligencia Artificial.

La gran importancia de la ley que se aprueba por la Unión Europea es que por un lado incorpora a la normativa de sus 27 estados miembros una ley sobre inteligencia artificial. Para el resto del mundo, es relevante porque es la ley más abarcadora que existe sobre este tema y servirá de modelo para muchas otras jurisdicciones ya sea para mejorar las leyes ya aprobadas para este tema, como ya se ha anunciado en Perú, o para llenar un vacío regulatorio.

La Ley de Inteligencia Artificial aprobada por el Parlamento Europeo tiene como objetivo principal:

  • “abordar los riesgos creados específicamente por las aplicaciones de IA;
  • prohibir las prácticas de IA que plantean riesgos inaceptables;
  • determinar una lista de aplicaciones de alto riesgo;
  • establecer requisitos claros para los sistemas de IA para aplicaciones de alto riesgo;
  • definir obligaciones específicas implementadores y proveedores de aplicaciones de IA de alto riesgo;
  • exigir una evaluación de la conformidad antes de la puesta en servicio o la introducción en el mercado de un sistema de IA determinado;
  • poner en marcha la ejecución después de la introducción en el mercado de un sistema de IA determinado;
  • establecer una estructura de gobernanza a nivel europeo y nacional.”

En otras palabras, adopta un acercamiento enfocado en la minimización de riesgo, determinando la legalidad de su uso dependiendo del perjuicio que pueda causar a la sociedad. Esto se logra segmentando la utilización en cuatro niveles de riesgo – inaceptable, alto, medio y nulo – que brinda gran flexibilidad a la normativa aprobada.

Sin embargo, no podemos engañarnos y pensar que la aprobación de una norma de inteligencia artificial será suficiente para establecer los parámetros necesarios para un uso apropiado de la misma a largo plazo. La misma evolución de la inteligencia artificial nos indica que en los próximos años migraremos de los actuales sistemas de “IA ligera” y comencemos a entrar en el mundo de la “IA general” que precede a la “super IA,” eventos que deberían ocurrir en 2029 y 2045 según Ray Kurzweil. La naturaleza de estos avances cuestiona la eficacia que pueda tener el marco recientemente aprobado para lograr el monitoreo, implementación y cumplimiento de estas reglas por sistemas avanzados.

Si la creación de un nuevo lenguaje por dos chatbots de un sistema de IA ligero de Facebook dio lugar a las peores pesadillas de un futuro apocalíptico, ¿qué frenos se pueden colocar ante sistemas que equiparen y superen a la inteligencia humana? Un debate que continúa y que se hará más candente pues abre su discusión incluye aristas políticas, tecnológicas, filosóficas y éticas.

La necesidad de una ley de inteligencia artificial cada vez se hará más palpable según surjan debates referentes a propiedad intelectual, como autoría de obras o la protección por uso justo de obras protegidas. Fuera el mundo legal, la inteligencia artificial en América Latina precisa de redes capaces de transmitir datos a las velocidades apropiadas y también le urge desarrollar el capital humano que sea capaz de trabajar en este segmento de la tecnología. Esto implica muchísima inversión en infraestructura de telecomunicaciones y de las instituciones educativas universitarias.

Lo anterior no evita que seguramente veremos en poco menos de década y media algunas enmiendas a la nueva normativa europea de inteligencia artificial, pues la tendencia global ha sido que cada vez pase menos tiempo entre reformas a los marcos legales enfocados a la tecnología. Por ejemplo, hubo un lapso de 23 años entre la aprobación por el Parlamento Europeo de la “Directiva de Protección de Datos” en 1995 y su reemplazo por el más abarcador “Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).”

Recuerden, aun con todo lo anterior, lo que impulsará o liquidará a la inteligencia artificial en América Latina es la disponibilidad de datos. Pensar que bastará con sacarlos de la interacción de las personas con una red social o un dispositivo móvil es un error. Eso es simplemente una parte de la ecuación, hay que trabajar, invertir y educar bastante para lograr construir el resto.

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