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Próceres mexicanos del Siglo XIX no necesitaron computadores

Muchos de los que escribimos en periódicos o revistas vivimos protegidos de la realidad de un mundo muy duro. Ese que muestra una realidad en la que a la gran mayoría de las familias no se les provee un salario para subsistir por medio del teletrabajo. Un mundo alejado de las optimista historias periodísticas que narran como la crisis de una pandemia ha dejado entrever a los tomadores de decisión la importancia de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC).

Somos los que detrás de la seguridad de un computador podemos expresar nuestra visión de la realidad sin temer contagios o repercusiones negativas del gobierno de turno. Podemos felizmente narrar las locuras y aberraciones que la llegada de COVID-19 ha traído a los países de las Americas. Por ejemplo, imaginar que con una estampita de la virgen la protección divina con todo y arcángeles llega nuevamente a la tierra para protegernos. Aquellos que sean contagiados solo son los apostatas que mienten a sí mismos y a la sociedad sobre su fervor religioso. Son los pseudo-anacoretas que dejan a la virgencita de la Guadalupe llorando lagrimas de sangre.

Ante esta realidad que más queda que mostrar humildad y caristia ante los seres de luz que continuamente nos están vigilando. Hay que demostrar que cumplimos nuestra palabra independientemente de las consecuencias que la misma pueda tener. Lo importante es dar el ejemplo y seguir con la moral en alto pues para gobernar un país con tener la razón es suficiente. Detallitos como la economía, la inversión y el desempleo pasan a un segundo plano cuando se puede proclamar a diestra y siniestra la virtud de un pueblo encumbrado en una ética que depende del poder supremo del ejecutivo son una simple nimialidad que jamás será mencionada.

Como en B612 lo esencial es invisible a los ojos. Así en el mundo laboral lo esencial es la presencia diaria en el puesto de trabajo. Las herramientas utilizadas, por ejemplo, un computador, son adornos innecesarios que han mal acostumbrado a la fuerza laboral. Es por esta razón, con toda justicia y conocimiento de la totalidad de los segmentos productivos de la economía, que en el presidente mexicano anuncia que si empleados de gobierno no pagan unos 4000 pesos no se les permitirá tener acceso al mundo digital. Si una presidencia analógica que no entiende el impacto e influencia del mundo digital le quiere imponer a un mundo que desconoce que den un paso atrás y regresen a las ineficiencias que en el Siglo XXI traerían para México el papel y lápiz.

Una decisión que para ser explicada no recurre a cifras de productividad, estimaciones de costos de oportunidad ni determinación de las posibles externalidades positivas o negativas. Basta con mencionar palabras como “neoliberal”, “austeridad” o “burócratas” para obtener apoyo pues la solución es compartir más los instrumentos de trabajo. Al final de cuenta, miren a la historia e “imagínense los que lucharon en otros tiempos por la libertad, la justicia, la democracia y la soberanía. ¿Estaban esperando a que tuvieran sus computadoras para luchar y transformar?” Seguramente en la primera mitad del Siglo XIX no se utilizó la tecnología existente en la época como la imprenta o el envío de cartas para promover ideales de independencia, equidad y justicia hacer más eficientes las labores del gobierno. O en la segunda mitad de este siglo, el telégrafo para incrementar la eficiencia en la comunicación del gobierno con sus distintas dependencias regionales; en 1850 la primera línea de telégrafo conectaba a Ciudad de México con Veracruz.

Ver como se pretense que los trabajadores públicos tengan que pagar por las herramientas necesarias para poder completar su trabajo es un insulto al empleado y una falta a la palabra del ejecutivo. La impotencia de poder cumplir con presupuestos esperados, con inversiones proyectadas y con nuevas fuentes de ingreso prometidos fuerza a pedirle a gran parte de los trabajadores públicos que paguen para poder ejecutar la labor que les exige su trabajo.

¿Realmente no hubo ningún aviso al gobierno sobre la caducidad de contratos y si la hubo no se pudo encontrar la solución apropiada? Todo parece indicar que la respuesta es un profundo no.

Así, como en los tiempos del Virreinato, el poder ejecutivo se ha apoderado de todas las posibilidades de reacción del gobierno. A diferencia del tiempo presente a los tiempos de la colonia es que ya nadie compra espejitos y los pobres prefieren acciones a palabras. Si la falta de planeación gubernamental impide que la mayoría de las entidades públicas de la nación puedan operar con su propia computadora esto aparentemente es un tema menor para los seguidores de Morena.

Escribo de un pasado reciente que será denegado pues parece que las incontables protestas y críticas recibidas por el gobierno lo ha forzado a cantar su canción con otra tonalidad y modificar su política sobre el uso de computadores. Ahora, al igual que ayer, todo ha sido un malentendido independientemente de donde se haya leído el anuncio o visto las referencias al mismo en el discurso mañanero. ¿Cuándo acabarán los fake news que tanto daño le quieren hacer al presidente mexicano? ¿Cuándo sus críticos se darán cuenta que gracias a su liderato el Presidente de Estados Unidos dejó los agravios hacia México para en su lugar entregar “comprensión y respeto“?

Luego de contemplar estas maromas de saltimbanqui político, me pregunto cómo se atreven hablar de transformación digital y las oportunidades de las TIC como ente diversificador de la economía si a la hora de la verdad su importancia es ignorada, igual que cuando un borracho ignora un vaso de agua frente a una copa de tequila.

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