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Política y redes sociales: Estados Unidos y Puerto Rico

El auge de las redes sociales para la difusión de noticias es un fenómeno cada vez más presente en la vida de aquellos habitantes del planeta que están conectados. Lo que alguna vez se contemplaba desde una prisma llena de positivismo comenzó a ver días sombríos con la aparición de conceptos como “noticias falsas” o “datos alternativos”,  popularizados por la administración del Presidente Trump de los Estados Unidos. Sombras que se convirtieron en espectros luego de que se supiera de la utilización de plataformas como Facebook para manipular la visión de los votantes antes de las elecciones estadounidenses de 2016.

Casualmente el mundo de las redes sociales nuevamente se convierte en noticia tanto en Estados Unidos como en su colonia, Puerto Rico. En el caso del vecino del norte, una corte de apelaciones del gobierno federal dictó que el Presidente Trump no puede bloquear ninguna cuenta que lo siga en Twitter. Las repercusiones de esta decisión son bastante amplias pues implica comenzar a regular los derechos de libertad de expresión en la era digital, por lo que el presidente de Estados Unidos al ser figura pública no puede coartarle la libertad a sus seguidores de expresarse. Aunque estas expresiones sean insultos, burlas o refutaciones a los mensajes que envía el primer mandatario estadounidense.

Sin embargo, no se puede evitar pensar en cuan abarcadora es esta regla de no bloquear en la era de los “bots”,  o cuentas falsas que se programan para emitir constantemente cierto tipo de mensaje denigratorio u ofensivo. Paradójicamente este tipo de lenguaje es que utiliza el Presidente Donald Trump por medio de Twitter, plataforma que ha convertido en su pulpito predilecto de política pública pues desde este micro-blog ha anunciado contrataciones, despidos y desparramado insultos racistas en contra de quienes considera son sus detractores.

De esta manera, Twitter ha servido para recalcarle al mundo que desde la perspectiva del Presidente de Estados Unidos los mexicanos son violadores y drogadictos, los puertorriqueños son vagos y corruptos, Haití es un país de mierda y los hondureños unos criminales. Ahora el mandatario estará forzado a recibir los insultos que lo citan, pero no puede evitar ser bloqueado por quien no tolera su discurso de odio.

Mientras esto ocurría en Estados Unidos, el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) daba a conocer un documento de 889 páginas que recolectaba las conversaciones del gobernador de este territorio estadounidense con varios de sus más cercanos funcionarios por medio de la plataforma de chat Telegram. El resultado ha sido desastroso, pues el documento exponía desde misoginia y homofobia, hasta lenguaje soez para describir individuos que pensaban distinto a la oficina del gobernador. Sin embargo, las burlas hechas con motivo de la muerte de distintos opositores ideológicos ha sido lo que ha indignado a gran parte de la población de esta colonia estadounidense, culminando en manifestaciones y protestas pidiendo la renuncia del gobernador del territorio estadounidense.

Lo cierto es que el pueblo de Puerto Rico está cansado de los insultos y la indiferencia. Está cansado de que mientras muchas familias se dividen buscando nuevas oportunidades, quienes se suponen peleen por ellos y los representen se burlen de ellos. Está cansado de que le repitan una y otra vez que todo mejora cuando la infraestructura sigue mal en muchos pueblos de la isla, la vida se hace más cara y la corrupción gubernamental local sólo se haga evidente y castigada en cortes ajenas.

Las similitudes en ambos casos son numerosas: insultos, burlas y la proyección de un sentimiento de superioridad que se confunde con desdén hacia quienes parecen ser diferentes. Mientras uno usa Twitter abiertamente para ofender, el otro se escuda en la privacidad de una plataforma de chat para repartir puñaladas a diestra y siniestra. Ambos evitan responder preguntas y ambos políticos han minimizado la catástrofe humanitaria causada por los huracanes Irma y Maria en septiembre de 2017, ofreciendo estadísticas falsas sobre la cantidad de muertos causados por los huracanes en Puerto Rico.

Los parecidos parecen no terminar pues ambos han sido acusados de haber nacido en cuna de oro, haber llegado a su posición actual gracias a su apellido y tener un pasado con alegaciones de importantes violaciones a la ley: el de la metrópolis como depredador sexual y el de la colonia por causar la muerte de una madre y su hijo al manejar ebrio. En fin, los líderes de Estados Unidos y su mayor colonia parecen ser reflejos de un mismo espejo.

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