Uno de los aspectos interesantes de la industria de telecomunicaciones latinoamericana son sus extremos. No hay asunto que tenga tonalidades de gris o algún otro color, todo tiene que ser blanco o negro. Sin importar el tema en discusión, se pasa en segundos de la gloria al infierno para ser rescatado casi de forma inmediata y llevado nuevamente a un lugar privilegiado.

Quizás por esta razón es que repita continuamente que sí, si voy a creerles a aquellos que viven de un optimismo extremo, tendría que preguntarme cuál es la Latinoamérica que ellos conocen con astronómicos niveles de adopción y demandas de nuevas tecnologías por parte de la población. Si el tema es ciudades inteligentes el interrogante sería conocer las coordenadas de esas urbes regionales que hacen ver a Wakanda como un mal artilugio del cine estadounidense, pues este ficticio país africano palidece antes las bienaventuranzas digitales de la región.

El otro extremo es igual de hiperbólico. Quien los escucha se siente sumido en uno de los peores atrasos de la humanidad, curioseando el final apocalíptico inminente que nos va a llegar por no tener fibra óptica en todos los hogares, conexiones de 5G para cada ciudadano y una conectividad rural que no deja desamparada ninguna escuela, hospital o edificio público. Es una América Latina sumida en la lectura de señales de humo y las inevitables lecturas de mensajes cifrados por medio de tambores.

La realidad de cada localidad regional se encuentra en un punto medio entre estos dos extremos, oscilando más hacia el desarrollo y la innovación en centros urbanos. Mientras que se inclina hacia el desamparo, la pobreza y desinterés de las autoridades en las regiones rurales. Ningún país de la región puede decir que lidera en todo, ninguno puede clamar que está atrasado en todo.

Tal vez por esta razón me sorprendió sobremanera leer en los pasados días un artículo que daba la impresión de ser un ejercicio de puro nacionalismo para un sector de telecomunicaciones mexicano que lleva varios años sumido en un desalentador estancamiento. Si, una industria que precisa de buenas noticias, de esperanza, de un punto en el futuro donde se pueda pensar que se recobra el liderazgo regional en varios aspectos de esta industria.

De esta manera, el artículo comenzaba hablando de Brasil, Chile y República Dominicana como países sumamente adelantados en el desarrollo de 5G por el simple hecho de haber efectuado un proceso de asignación de espectro para impulsar esta tecnología. Aquí el artículo entra en su primer error, pensar que todos los mercados precisan de una mayor asignación de espectro a corto plazo para poder lanzar esta tecnología. Quizás ignorando que la quinta generación se había lanzado en más de cinco países de la región utilizando el espectro radioeléctrico que ya tenían concesionado los operadores de esos mercados.

Tomando el ejemplo de Brasil, antes de que se iniciara la subasta de espectro para 5G en el gigante sudamericano, su ente regulador contabilizaba más de 100,000 líneas móviles de 5G. ¿Cómo es posible? Sencillo, por medio del uso de espectro dinámico compartido (DSS por sus siglas en inglés) que permite reutilizar un bloque de espectro utilizado para la oferta de LTE para ofrecer 5G NSA, según lo define la 3GPP en su revisión 15 (Release 15 en inglés) que es que da origen a 5G.

¿Qué otros países han utilizado DSS para ofrecer 5G? La lista es larga pues incluye mercados que parecen más avanzados como Alemania, Australia, Canadá, China, Estados Unidos, Japón o los Países Bajos. Esto sin quitar crédito a mercados como Argentina, Bulgaria, Croacia, las Islas Vírgenes Estadounidenses o Puerto Rico que también utilizan esta tecnología junto, aunque también ofrezcan el servicio con espectro dedicado para 5G.

El lanzamiento de 5G depende más de la estrategia de negocio de un operador y de cómo este pueda medir un retorno de inversión positivo que en la viabilidad para lanzar la tecnología con los activos de infraestructura y espectro radioeléctrico existentes. En un mundo con escasez de procesadores, donde los teléfonos celulares de 5G son de alta gama debido al foco de los fabricantes de dirigir sus pocos procesadores a estos productos, ¿cuánto sentido hace lanzar una red 5G que atienda al mercado masivo?

Si nos enfocamos en los mercados de Chile y República Dominicana que se mencionaban en la historia, aquí es importante ver qué hay detrás de un simple proceso de asignación de espectro radioeléctrico para 5G. Si vemos el caso de Chile, nos encontramos con un país que lleva varios años impulsando al sector académico local para que exploren e investiguen en el mundo de 5G para desarrollar soluciones y productos con esta tecnología que atiendan problemas locales y potencialmente servicios basados en esta generación inalámbrica. La subasta no aparece en un vacío regulatorio, hay un cronograma en el que se intenta utilizar 5G como ancla del desarrollo económico chileno.

República Dominicana ha incorporado a 5G dentro de su estrategia nacional de transformación digital que cuenta con diversos aristas que incluyen un plan de conectividad para ofrecer a todos los hogares dominicanos banda ancha, la migración hacia televisión digital terrestre (aspecto donde México sí es líder latinoamericano), el lanzamiento de 5G para fomentar desarrollo económico dentro del sector empresarial del país y que busca de forma transversal que todas las entidades de gobierno comiencen a aprovechar las ventajas en digitalización que ofrece esta tecnología.

La subasta de espectro 5G de Brasil, aunque postergada por varios años, tiene como preámbulo esfuerzos similares a los de Chile y Republica Dominicana. Desde la integración de universidades y centros de investigación en el desarrollo de soluciones locales de 5G hasta la creación de un plan nacional para integrar el uso de sensores (léase internet de las cosas o IoT) en los distintos segmentos verticales de la economía para hacerlos más eficientes y productivos.

¿Cuál es mi punto? Sencillo, para que México regrese a muchos de los lugares de liderazgo en telecomunicaciones que ostentaba en la región no se trata simplemente de asignar más espectro radioeléctrico (algo cada vez más difícil por los altos costos que cobra el gobierno) o del lanzamiento de una nueva tecnología. Es sumamente importante tener un plan de acción elaborado para saber los usos que se pretenden se hagan con la tecnología. Por lo visto en México, en estos momentos cualquier plan de desarrollo o conectividad que surja para aprovechar la llegada de 5G surgirá de entes privados pues el gobierno federal ha ignorado a esta tecnología y su posible impacto en la economía del país. Ojalá esta situación cambie lo antes posible.

Puedo aportar un ejemplo de cómo la llegada de una nueva tecnología no implica su uso por las autoridades de gobierno para impulsar el desarrollo económico, es el caso de Puerto Rico. Este país caribeño cuenta con todos sus operadores celulares ofreciendo 5G, ya sea con DSS o con redes dedicadas para ello. La adopción del servicio ha sido bastante acelerada, con un operador afirmando en la segunda mitad del 2020 que más del 70% de sus usuarios activos estaban conectándose a 5G. Sin embargo, al mirar esfuerzos gubernamentales para aprovechar esta realidad la respuesta es bastante triste. La gran mayoría de los anuncios positivos de uso de sensores (casi todos aun con 4G) se debe a un sector privado, entidades sin fines de lucro y a la iniciativa de organizaciones académicas de promover el uso de tecnología para solucionar problemas.

Otro argumento, fallido, del artículo es afirmar que México como el fénix renacerá de sus cenizas para reclamar el liderazgo en la adopción de 5G como ya ocurrió en 4G. No obstante, la información estadística de consultoras especializadas de América Latina como Global Data, The CIU, OMDIA, Carrier & Asociados, ITC, IDC, Counterpoint Research y muchas otras que, pido me perdonen por no mencionarlas, nos muestra que los países con mayor rapidez en la adopción de LTE en America Latina (fuera del Caribe) fueron Uruguay, Argentina y Chile.

No todo es negativo en torno a 5G. El artículo menciona correctamente que México fue uno de los primeros mercados en hacer pruebas de 5G en toda la región, el primero fue Brasil en 2016, según datos de GSMA América Latina. Esta misma fuente ubica el primer ensayo de 5G en 2017, año donde también hubo pruebas de esta tecnología en otros cuatro países de la región: Antigua & Barbuda, Argentina, Chile y Colombia.

Desde entonces, prácticamente casi todos los mercados de la región han hecho numerosas pruebas de esta tecnología, algunos operadores hasta varias pruebas con un mismo proveedor de infraestructura. Los datos de estas pruebas son las que permiten a los operadores establecer el mejor modelo de negocio para la explotación comercial de la misma, tomando en consideración las cualidades locales del mercado en donde operan. También es positivo saber que numerosas empresas, tanto tradicionales del sector móvil como otras, se han visto interesadas, eso hace que desde el sector privado se reconozca la existencia de grandes oportunidades para 5G.

Una de las fortalezas que el artículo identifica que tiene México para la explotación de 5G, sobre el resto de América Latina es su capacidad de poder utilizar para esta tecnología las bandas de 3.5 GHz (parcialmente asignado) en combinación con 600 MHz. Una ventaja que, si se agrega a este grupo la Banda L, teóricamente sería muy difícil de superar para los otros mercados de la región. Lo anterior sin siquiera mencionar las bandas milimétricas, como 26 GHz y 28 GHz (aunque esta segunda con muy poca opción) que reiteradamente mencionan bajo estudios los representantes del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) de México.

Sin embargo, si se habla de la banda de 600 MHz como limpia y lista para ser asignada es imposible obviar esta situación en Colombia, donde desde hace varios años podría asignarse para servicios móviles junto a bloques de espectro en las siguientes frecuencias:  900 MHz; Banda L; AWS-3; 2,3 GHz; 3,5 GHz (parcialmente asignado); 26 GHz (24,25-27,5 GHz); 37-43,5 GHz; 47,2-48,2 GHz; 45,5-47 GHz y 70 GHz.

Precisamente Colombia nos muestra lo difícil que es asignar un bloque de espectro pues su intención de asignar el bloque de 700 MHz en agosto de 2013 tuvo que posponerse varios años hasta que finalmente ocurrió en 2019. Moraleja: que un bloque de espectro radioeléctrico esté listo para asignarse no implica que esto ocurra, las condiciones del mercado (en este momento adversas en México) juegan un papel muy importante en determinar cuando finalmente se asigna el espectro en un mercado.

Si la mirada se coloca en Brasil, la reciente subasta para lanzamiento de 5G asignó bloques de espectro nacionales y regionales en las siguientes frecuencias: 700 MHz; 2,3 GHz; 3,5 GHz y 26 GHz. Por su parte, las autoridades brasileñas en su plan de espectro hasta 2028 están considerando el uso para servicios IMT de las siguientes bandas: 3,5 GHz (3,3 – 3,4 GHz y 3,6 – 3,8 GHz); 7 GHz; 10 GHz y se ha consultado sobre el uso de las bandas L y S. Como se puede observar, México no es el único lugar en las Américas trabajando diligentemente para hacer posible el despliegue de 5G en una multiplicidad de frecuencias, así como se ha visto en los ejemplos de Brasil y Colombia, lo mismo está ocurriendo en otros mercados de la región como Bahamas, Perú (no a corto plazo) y Costa Rica (con obstáculos bastante ligados a los tiempos del monopolio móvil).

Un diferenciador que México sí ha tenido por varios años es el IFT como ente autárquico, sin embargo, problemas más políticos que del mercado de telecomunicaciones han debilitado mucho a un regulador que no tiene ni siquiera el poder de convencimiento para que un asunto tan crucial como la reducción del alto costo de uso del espectro radioeléctrico para servicios móviles, no sea reducido. En este sentido, otros entes reguladores de la región sí están prestando atención y paulatinamente han comenzado a alejarse de un modelo puramente recaudatorio para las asignaciones de espectro radioeléctrico.

Cada vez se hace más común observar la oferta de incentivos por parte del gobierno al sector de servicios móviles para acelerar la cobertura, abaratamiento de tarifas y adopción de servicios por la población. Mientras esto sucede, la coyuntura política de México puede forzar a la celebración de un nuevo proceso de asignación de espectro, esta vez para 5G, por medio de licitación en el que seguramente (si no se abaratan los costos de uso) solo aparecerán dos postores interesados en algunas de los bloques de espectro radioeléctrico a ser subastados.

El último grave error del artículo es equiparar los usos y capacidades de la banda de 600 MHz con la de 3.5 GHz en México. Primero, el ancho de banda de cada bloque impacta grandemente en el tipo y calidad de servicio que se ofrece, en la arquitectura de la red a ser desplegada y la estructura de costos de esta. Por ejemplo, en la actualidad 3,5 GHz está atribuida en México a título primario para servicios fijos y fijo satelital y a móvil a título secundario. Legalmente se podría usar para servicio móvil, pero de facto es casi imposible que esto ocurra a corto o mediano plazo.

Asimismo, un solo operador posee en 3,5 GHz un bloque de 100 MHz (totalidad de unos 300 MHz para servicio móvil), mientras que la totalidad del bloque de 600 MHz es de unos 70 MHz. Ante este panorama, a corto plazo la finalidad de 5G en 3,5 GHz sería para servicio inalámbrico fijo lo que reduce la cantidad de infraestructura necesaria para su cobertura, mientras que 600 MHz sería primordialmente móvil, aspecto que incrementa el número de accesos de radio necesarios para ofrecer 5G. Equiparar los costos de estas tecnologías de forma superficial es ignorar la realidad del mercado mexicano.

¿Mi conclusión? Bastante sencilla, el éxito o fracaso de 5G o cualquier otra tecnología en México no debe medirse mirando lo que se hace en otros mercados para atender otra realidad con otras necesidades. El éxito de 5G en México se medirá con un despliegue que sirva de catalítico para el uso de esta tecnología por el sector empresarial mexicano, por su utilización por todas las entidades de gobierno (federal, estatal, municipal) para hacerse más eficientes, productivas y transparentes. También se medirá con el lanzamiento de soluciones que puedan ser utilizadas por la gran mayoría de los mexicanos a corto plazo, lo que presupone grandes cantidades de teléfonos celulares 5G disponibles a bajo costo en el mercado y lanzamientos de ofertas de servicios asequibles para la población en general.

El éxito de 5G se dará cuanto todo lo anterior ocurra, con cooperación de las autoridades de gobierno pertinentes, con un ecosistema de operadores financieramente saludables para continuar invirtiendo en infraestructura e impactando positivamente el desarrollo económico de México. Todo es posible, pero sin apoyo de las máximas autoridades de la nación, es poco viable.

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