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Entrevistando al entrevistador

Casi nadie pisa tantos caminos como un periodista, ese que tiene como objetivo descubrir verdades que merodean cerca de la superficie pero que por alguna extraña razón se quedan atrapadas bajo alguna piedra o en una inesperada rendija. Ese heredero de los bardos que sin música plasma sus palabras cada vez menos sobre el papel, los nuevos pergaminos son digitales. Tal vez por esa misma razón se me ocurre un día contactar a uno de los más respetados para comenzar a entrevistarlo.

Quienes tienen como profesión controlar el alfabeto, no prestan atención a si lo que llega a su escritorio son temas áridos o desesperantes. Un gusto adquirido para quienes no le importa estar semanas o días persiguiendo información justifica todas las horas dedicadas al antiguo arte de reportar. A lo que no parecen estar preparados es a ser protagonistas de la conversación, llevan sumergidos tantos años en la realidad de terceros que antes de cada respuesta tiene que haber una pausa que permita, como ejercicio mental, la revisión y orden de cada palabra.

Entrevistar a un viejo lobo de las letras no es sencillo, sobre todo cuando en cada respuesta intenta voltear la conversación y engatusarme hasta conseguir una entrevista que no había sido planteada. Es la rebeldía de quienes ejercen la profesión de conjurador de palabras midiendo su experiencia en décadas.

Afortunadamente hablamos de anécdotas poco recientes, de la prehistoria de la llamada transformación digital. Hasta dan deseos de mencionar al Compromiso de Kingsbury, pero prefiero eventos que han sucedido en los últimos treinta años. El periodo de tiempo que sido testigo del protagonismo dado ante privatizaciones, liberalizaciones, capitalizaciones y quiebras. A ese lindo coctel lo aderezamos con un poco de convergencia, una pizca de buenas intenciones y varias controversias, tenemos ante nosotros una foto de casi todos los mercados de América Latina y el Caribe.

Los mismo hablamos de LMDS que de las empresas que ya desaparecieron de nuestro léxico. ¿Recuerdan a Impsat? ¿Marcatel? ¿Alegro? ¿Tricom? ¿Orbitel? Sí, parece que fuese ayer cuando esos nombres protagonizaban revistas y periódicos. Al final de cuenta estamos en una industria cuyo movimiento parece medirse en semanas o días. Lo que hace no tantas hojas del calendario era la última tendencia, ahora se ha visto arrinconado en el baúl de los recuerdos. Una nueva nota a pie de página para alguno de esos reportajes que recoge la historia de un sector demasiado convulsionado, aunque cada vez sean menos las marcas que lo protagonicen.

Sin embargo, no me interesaban tanto las anécdotas. Quería que fuese directo: ¿Cómo logra sacar información a personas que muchas veces no saben de qué están hablando? ¿Entre tanto porrista vestido de experto como deshilar lo importante de lo trivial? “¿Por qué me pregunta eso hermano?” Como queriendo hacerse el inocente quien en más de una vez me ha hecho preguntas tan cargadas que da miedo escucharlas.

Entre risas me comenta que siempre tiene cautela en los primeros encuentros con los nombramientos políticos que se hacen en el sector. Esto porque obviamente hay quienes no están capacitados para estar en sus puestos, pero asumen una posición de deidad infalible en sus decisiones. Claro que con el tiempo van ganando el conocimiento básico para ejercer su cargo, o sea “dos años aprendiendo, ¡dos años perdidos!”

Así de simple va resumiendo una realidad letal en demasiados países de la región. Comenzamos a intercambiar impresiones acerca de quienes han llegado a distintos puestos en la región a fuerza de dedazo presidencial y han tenido una muy destacable gestión. Lo contrastamos de aquellos que llegaron conociendo y se fueron vendiendo espejitos con una obra llena de quimeras que no resiste ni la peor de las auditorias. Entonces, ¿cuál es la fórmula mágica?

Tal vez sea la pregunta errónea. En lugar de procurar fantasmas deberíamos estar identificando las cualidades que debería tener ese funcionario público tan necesitado en la región. Quizá el condimento esencial sea uno no tan extraño, humanidad.

Entrando en temas un poco dolorosos nos acercamos a los problemas de la prensa, sobre todo la cruz que llevan en la espalda los periodistas investigativos. La crisis de los medios impresos ya no es novedad, han sido décadas de demasiadas hemorragias financieras que más de un periódico no pudo solventar. El impacto de un mundo digital frívolo y gratuito no deja de ser extraordinario, y la necesidad de visitas en los portales ha extendido su influencia al momento de establecer prioridades. Lo que vende es lo que atrae a las personas, sea ligero, liviano o cualquier otro apelativo que implique avivar la curiosidad de un mayor número de personas. No siempre lo serio vende lo suficiente.

Ya el humor inicial va mermando. La sonrisa parece nerviosa y el dialogo ya enfrenta el presente dificultoso de la prensa latinoamericana tradicional: recortes de personal permanente, bajos salarios y una increíblemente alta tasa de deserción. Obviamente hay quienes optan por ser absorbidos por la “maquinaria publicitaria de las empresas” pues al final de cuentas hay que comer.

La externalidad negativa es que eso ha llevado a que se “trivialice mucho al sector” de telecomunicaciones. Hay una “subestimación en los medios” de todo lo relacionado a la tecnología, simplemente resumido “los temas TIC no han tenido relevancia necesaria” tal vez por incomprensión o quizá porque ante la presión de ser relevante para los lectores no son temas sencillos que generan gran interés en la mayoría de la población.

Casi como epilogo se anima a comentar que, aun quienes hacen el esfuerzo de buscar alternativas a a este acercamiento, el problema que se enfrenta es no saber quién consultar pues no hay tantos expertos que conozcan en detalle el mercado local. Además, es “muy difícil encontrar voces independientes” que quiebren la existente cacofonía.

Me quedo callado, con razón vivimos en un mundo donde vemos publicado los mismos diagnósticos constantemente pero casi nunca escuchamos anuncios de implementar medidas para corregir lo erróneo que ya ha sido identificado.

Concluye la charla, me despido y me quedo completamente seguro que esta misma conversación la tuve hace años en otro mercado y con otra persona. Todo cambia, todo sigue igual.

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