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El servicio celular, de artículo de lujo a primera necesidad

Uno de los principios básicos de la llegada de una nueva tecnología es que la misma inicialmente es utilizada por un minúsculo grupo de personas que se inclinan a adoptar nuevos productos y servicios digitales de forma temprana. Esto significa que comienzan a usar la innovación cuando aún el costo del mismo es bastante alto por no haber alcanzado economías de escala, lo que a su vez la hace distante o aspiracional para la mayoría del mercado.

Lo anterior no es un nuevo descubrimiento que aplica solamente al mundo de las telecomunicaciones. Si hacemos un alto para adentrarnos en la historia encontramos que artículos como los automóviles, las computadoras o hasta la pimienta inicialmente tenían un precio que los hacia prohibitivos a la gran mayoría de la población. Esto sin entrar en detalles específicos de los costos incurridos en viajes que en la actualidad toman unas pocas horas mientras que en un pasado reciente demoraban semanas.

Como se puede observar, las continuas innovaciones han logrado abaratar los precios iniciales permitiendo que un mayor número de personas pueda beneficiarse de aquellas cosas que en un principio estaban reservadas para las familias de alto poder adquisitivo.

Es por esta misma razón que las nuevas tecnologías móviles en sus inicios mantienen costos para llegar a utilizarla mayores a los de tecnologías anteriores. Estos costos no se limitan al precio de los teléfonos y otros dispositivos que pueden acceder a estas redes sino también a la variedad de estos, el nivel de cobertura geográfica que ha alcanzado la tecnología o los requisitos tecnológicos que pueda tener la nueva generación.

Por ejemplo, la gran diferencia entre 5G y generaciones anteriores (fenómeno que comenzó a verse con 4G) es la necesidad de contar con un punto de enlace entre la antena y la red dorsal local capaz de soportar las grandes cantidades de tráfico que generarán la gran cantidad de dispositivos conectados. O sea, el “backhaul” idealmente tendría que ser de fibra óptica en lugar de par de cobre, satelital o microonda si se desea que el 5G tenga el desempeño prometido por las empresas que comercializan la tecnología.

La historia nos enseña que una nueva generación móvil aparece cada diez años, pero con un promedio de vida desde su despliegue hasta su desmantelamiento de dos décadas. Sin embargo, no se puede olvidar que en el caso de tecnologías móviles cada nueva generación alcanza el punto de masificación a los cinco o seis años después de su primer lanzamiento global. De emularse estos tiempos para 5G, estaríamos hablando de una aceleración en el crecimiento de esta tecnología para los años 2024 y 2025 pues sería alrededor de estas fechas que los costos de accesibilidad habrían bajado lo suficiente para que la mayoría del mercado de consumo pueda contratarla.

También es cierto que la llegada de nuevas generaciones a mercados históricamente catalogados de carecer el poder adquisitivo suficiente para adoptar tempranamente las nuevas tecnologías cada vez ha tomado menos tiempo. Es precisamente por esta razón que 5G en sus pocos meses de existencia está rompiendo con todos los esquemas que hasta la fecha se habían impuesto en el mundo de las telecomunicaciones inalámbricas. Jamás en el pasado un mercado de América Latina o el Caribe había lanzado servicios el mismo año del despliegue de una nueva generación móvil; esta vez fueron cinco los países de la región que culminaron el 2019 con una flamante red 5G.

Obviamente los críticos de estos despliegues iniciales alegarán que la cobertura de estas redes es mínima. Siempre he repetido que la memoria es corta y debería estar prohibido olvidar aquellas cosas que luego son manipuladas para impulsar un mensaje maniqueísta que deja a un lado todas las tonalidades grises de la existencia. Es por esta razón que luego de revisar a las cuatro generaciones móviles anteriores invito a los detractores modernos a mostrar en el pasado que mercado con un ARPU promedio menor a los US$15 dólares tuvo un despliegue acelerado de una nueva tecnología inalámbrica – hace casi diez años que LTE llego a América Latina y el Caribe y aún su cobertura rural deja mucho que desea en muchos mercados de la región.

Desde mi perspectiva lo importante en estos momentos es identificar modelos de negocio que continúen justificando la llegada de esta nueva tecnología en el resto de los mercados de la región y su expansión geográfica en aquellos en las que ya está presente. Lo anterior estando consciente de que el gran impacto de 5G se dará al viabilizar de una transformación digital que tomará décadas en afianzarse pero que en sus inicios dependerá grandemente de ese elemento llamado Internet de las Cosas para poder comenzar a traducir en realidad muchas promesas. Nuevamente la expansión será paulatina, llegando a cubrir inicialmente las necesidades de aquellos actores con mayor poder adquisitivo.

Como se dijo en un principio, las innovaciones tecnológicas primero mejoran la calidad de vida de quienes cuentan con dinero suficiente para afrontar los costos de acceso a los nuevos servicios antes de que estos desarrollen economías de escala. Por otra parte, es importante considerar que según va mejorando la tecnología la estructura de costos para ofrecer un servicio se va modificando por lo que el promedio de dinero por persona que se necesita para ofrecer un servicio usualmente se reduce con el pasar del tiempo.

Puede parecer increíble para algunos pero lo descrito anteriormente también aplica para la cartera de clientes que un operador móvil tiene en un mercado según este va expandiendo su cobertura e incrementando su base de subscriptores. No hay operador en Barbados, Kenia, México, Sri Lanka o cualquier otra parte del mundo que apunte su oferta a todos los segmentos económicos de la población por medio de una oferta prepago y pospago que no haya visto erosionar su ingreso promedio por usuario según el mercado se va saturando y las personas con menor poder adquisitivo (o con otra línea celular) son los que acceden a un nuevo servicio.

Quienes duden de este fenómeno simplemente tienen que comparar los estados financieros de las empresas del mercado durante los últimos años para darse cuenta de esta tendencia. Obviamente, hay que contabilizar el lanzamiento de nuevos servicios que han servido de colchón y en ocasiones han logrado revertir temporeramente la tendencia a la baja de los ingresos por persona pero al final de cuenta los números reflejan el mismo camino independientemente del logo que lleve el estado financiero.

Asimismo, es necesario recordar que el nivel de ingreso que genera un usuario no determina su rentabilidad pues, como he explicado anteriormente, al final de cuentas la ganancia que genera un cliente dependerá del costo de adquisición que este genere a la empresa. Esto significa que usuarios que generan un ingreso mensual menor pueden llegar a generar más ganancias a un operador que usuarios a los que se le factura mensualmente una cantidad mayor.

También es sumamente importante entender que el costo de ofrecer un mismo servicio a una persona variará dependiendo de la tecnología y estructura de costos que tenga la red a la que está conectado. Aquí hay variables como tipo de frecuencia, interconexión, costo de capital e impuestos son parte de las que tienen que ser consideradas para determinar la rentabilidad de una línea. Pensar que la simple caída del ingreso mensual tiene una caída porcentual similar en el ingreso de una empresa es simplificar hasta la insensatez lo que verdaderamente ocurre en el mundo de los negocios.

Es por esta razón que considero muy importante para los aspirantes a todología en telecomunicaciones a no limitarse a analizar el sector basándose en puros títulos de noticias sino a trabajar para entender los que son tendencias del mercado, el impacto monetario de las nuevas tecnologías, la diferencia existente entre los diversos servicios ofrecidos, la importancia del dispositivo utilizado y el rol de terceros versus el comportamiento aislado de la clientela de una empresa al momento de interactuar con la misma.

Llegar a confundir estas cosas puede llevar a quienes no conocen mucho del mercado de telecomunicaciones a insinuar por ignorancia, aunque la maldad también es aliciente de algunos, que una empresa se encuentra en mal estado financiero porque supuestamente los nuevos clientes que adquiere no generen los mismos ingresos que los que poseía anteriormente.

Tal vez sería apropiado un cuaderno de historia reflejando el ingreso promedio de los usuarios de celular tanto en aquellos países del mundo con servicio celular antes de 1995. Ese año se inventó el esquema de facturación prepago que junto al esquema de cobro “el que llama paga” sirvieron para transformar un artículo de lujo en parte de la canasta básica de muchos países.

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