Recuerdo como si fuera ayer, un evento organizado en Miami por el Instituto de las Américas enfocado en el sector de telecomunicaciones latinoamericano. En ese entonces, apenas en las primeras oleadas de lo que luego sería conocido como la burbuja de las puntocom, aun se vivían los últimos rezagos del intenso bacanal que protagonizaron las empresas de tecnologías a finales de los 90’s. En aquel entonces, ya viendo los atrasos en subastas que se comenzaban a dar en Europa junto a las quiebras que surgían en las Américas, mi intervención se centró en la inminente consolidación del sector de las telecomunicaciones.

Nuevamente, al observar el desenfreno regional me queda claro que nos vamos encaminando a una nueva fase de competencia. Sin embargo, no estará tan protagonizada por las fusiones como a principios de siglo, pero si rescatará de antiguos estantes de libros el concepto de la coopetencia del que tanto se habló en la ultima década del siglo pasado.

Una realidad innegable es que América Latina y el Caribe no están atravesando por un periodo macroeconómico positivo. Los niveles de pobreza y pobreza extrema siguen aumentando por la región, erosionando los avances que se habían logrado en la primera década y media del siglo. Los gobiernos ven sus arcas achicarse al no lograr precios internacionales altos para su materia prima y, en algunos casos, ver contraer la demanda de sus productos. El resultado es obvio, administraciones de gobierno desesperadas por obtener recursos que les permitan costear los proyectos prometidos a los ciudadanos o balancear el presupuesto.

En el pasado, la industria de telecomunicaciones aparecía como gallina de huevos de oro a la que se le podía cobrar cantidades exageradas por permisos, licencias y concesiones, siendo el espectro radioeléctrico para servicios móviles la joya de la corona.

Sin embargo, el mundo ha cambiado. La tecnología ha evolucionado y las aspiraciones de antaño no se materializarán en la mayoría de los casos. Si miramos al mundo de las telecomunicaciones móviles y su camino hacia 5G y generaciones posteriores es bastante claro que al comenzar a explotar frecuencias en bandas media y milimétricas el número de puntos de accesos de radio se incrementaráexponencialmente. Ya no bastarán unas pocas miles o decenas de miles de estaciones base para dar un buen servicio móvil, los puntos de acceso se contabilizarán en los cientos de miles.

Esta realidad dará paso a actores no tradicionales controlando redes cerradas de telecomunicaciones habilitadas por pequeñas celdas que podrían dar acceso a los operadores tradicionales por una módica suma, por ejemplo, en centros comerciales. También dará paso a un crecimiento acelerado a la compartición activa de infraestructura en la que dos operadores se reparten los requisitos de despliegue de red para no duplicar inversiones en zonas de baja densidad poblaciones o por poder adquisitivo. Ya luego se ofrecen roaming nacional mutuamente, permitiéndoles ahorrar en su inversión.

Considerando que, en un futuro con cientos de miles de antenas, cada una con sus requisitos de backhaul y necesidad de permiso de despliegue, las limitaciones financieras de los operadores móviles lo moverán a cerrar este tipo de acuerdos. Solo operadores en mercados donde poseen a la gran mayoría de los subscriptores se podrían oponer a esta medida pues la verían como contraproducente, invertir para que el competidor pueda ofrecer servicio.

Mientras esto sucede, el campo latinoamericano de telecomunicaciones se mueve a la consolidación de forma tradicional. La incapacidad de lograr un negocio viable llevó a un par de operadores a salirse de Panamá, mientras que la búsqueda por fortalecer la presencia en el mercado a llevado a otros dos a fusionarse en Chile. La necesidad de hacer caja para pagar deudas llevó a Movistar a deshacerse de sus operaciones en América Central y a AT&T a vender su subsidiaria en Puerto Rico.

Los altos costos ya sea de espectro o de las obligaciones que se incluyen en los procesos de asignación de espectro ha llevado a que en México y Colombia varios operadores regresen parte de sus concesiones de este insumo para intentar reducir el monto anual que le pagan al erario. También han hecho que otros operadores hayan decidido no participar, abandonar o rechazar parte de los procesos de asignación de espectro realizados en los últimos años en Chile, Republica Dominicana y Perú. En Brasil, luego de comprometerse a invertir, unos operadores decidieron regresar el espectro radioeléctrico adquirido durante la subasta 5G de ese país.

La reducción en el número de prestadores de servicio móvil en Brasil, El Salvador, Guatemala, Puerto Rico y Panamá durante los últimos años también sirve para recordar que las economías de red son esenciales en el mundo de las telecomunicaciones. Así que en los próximos años la tendencia sea a incrementar el numero de acuerdos de compartición de infraestructura activa por parte de los actores del mercado. Este concepto no es nuevo en América Latina, por ejemplo, en Brasil el roaming nacional es obligatorio para aquellos operadores que ofrecen servicio a menos de 30,000 habitantes. En Chile la compartición de infraestructura es requisito legal desde 2019, pues es la manera en que se puede asegurar que los usuarios tengan acceso al servicio.

Otros mercados donde se han visto a los operadores adoptar estos esquemas de compartición de infraestructura son Canadá, India, Jordania, España, Malasia y el Reino Unido. En América Latina la historia no será muy diferente, cuando los operadores tengan que asumir compromisos rigurosos de despliegue de infraestructura para participar en procesos de asignación de espectro o para poder renovar el espectro que hasta el momento estaban utilizando entonces la coopetencia será la solución dorada y los operadores compartirán infraestructura activa.

Consolidación, coopetencia, roaming nacional o compartición de infraestructura, llámenlo como lo quieran llamar, la tendencia es clarísima y estas prácticas solo aumentarán. Seguro que en algunos mercados se quejarán alguno que otro operador, espero no se les olvide que el Internet es una herramienta muy fácil de utilizar al momento de buscar si en otros países apoyan lo que en algún lado rechazan.

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