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5G, ¿vaso medio lleno o medio vacío?

Usualmente cuando se escucha hablar de la llegada de 5G los análisis de su viabilidad se basan en lo ya conocido, esa experiencia histórica ganada por medio del lanzamiento, expansión geográfica y adopción de cuatro generaciones móviles anteriores. Por esta razón, el principal foco de alguno que otro comentarista del sector es el mercado masivo. Establecer el éxito o fracaso de la tecnología según el poder adquisitivo de la población. Este acercamiento, bastante válido, por cierto, comienza a considerar temas como economías de escala, disponibilidad de teléfonos y sobre todo la diferenciación que la nueva generación puede ofrecer en términos de nuevos servicios al operador.

No obstante, esta visión presenta un problema importante que como bola de nieve puede perjudicar el proceso natural de innovación tecnológica. Simplemente es bastante limitada, se enfoca en un solo segmento del mercado potencial de 5G creando falsas expectativas sobre sus beneficios a corto plazo y erradamente roza la demagogia al inyectar información errada como, por ejemplo, el gran atraso que está experimentando América Latina en la llegada de esta nueva tecnología.

Una mirada a la región muestra que, por primera vez, luego del primer lanzamiento global de una nueva generación tecnológica, durante el primer año de su comercialización en América Latina y el Caribe surgieron lanzamientos comerciales en cinco mercados: Islas Vírgenes Estadounidenses, Puerto Rico, Surinam, Trinidad & Tobago y Uruguay.

Obviamente, la mayoría son lanzamientos acotados con muy poca cobertura geográfica. Nada nuevo a lo antes visto con lanzamientos de 4G limitados inicialmente a la zona de Puerto Madero en Argentina (a cinco años del primer lanzamiento global de la tecnología) o con 3G en las zonas de Las Condes y Vitacura de Santiago en Chile (también a cinco años luego del primer lanzamiento global de esta tecnología).

Asimismo, los avances que se dan en 5G van mucho más allá del simple acceso. En este sentido, los mercados regionales han ido impulsando el involucramiento del sector académico, la sociedad civil, el sector privado y el gobierno para ir desarrollando con 5G soluciones a problemas reales que enfrenta cada mercado. Chile nos muestra una iniciativa que comienza con la Universidad de Concepción y la Universidad de Chile firmando con el gobierno de este país un acuerdo para impulsar su “Campus 5G” que busca fomentar la investigación y desarrollo de soluciones que dependan de esta tecnología.

Mientras que en Brasil desde 2017 se ha estado efectuando investigación técnica relacionada con 5G en la Universidad de Sao Paulo, la Universidad de Campinas y la Universidad Federal de Ceará. Lo anterior siendo una iniciativa de empresas privadas que buscan atender a las demandas específicas del mercado brasileño con soluciones creadas por entidades brasileñas.

Un acercamiento distinto lo toma Colombia con la publicación en diciembre de 2019 de la Resolución 3209 por parte del Ministerio TIC de este país, donde se convoca a distintas empresas a hacer pruebas con 5G para determinar el impacto que pudiese tener esta tecnología en los distintos segmentos verticales de la economía. El resultado ha sido el despliegue de varias decenas de pruebas de campo de distintas soluciones que han ido generando información valiosa sobre el desempeño de 5G como catalizador de una mayor eficiencia y productividad en las áreas de la economía colombiana donde se ha utilizado.

Otro tema que es parte intrínseca de cualquier discusión sobre el lanzamiento de nuevas tecnologías inalámbricas en un mercado es la disponibilidad de espectro radioeléctrico para este fin. Aquí el tema no se basa simplemente en qué cantidad de este insumo se ha asignado a los distintos actores del mercado. Elementos como el nivel de limpieza (léase no interferencia), frecuencia de este y cantidad que se entrega también juegan un papel sumamente importante.

Sobre todo, cuando se considera que la utilización de espectro radioeléctrico no es algo que ocurre de forma gratuita. Algún tipo de contrapartida le entrega el operador de telecomunicaciones a las autoridades nacionales ya sea en forma de efectivo, promesas de inversión y despliegue de infraestructura o una combinación de estas dos alternativas. Lo que nunca hace falta son detractores de cada uno de estos procesos. La asignación de espectro radioeléctrico es como un partido de fútbol: no importa el resultado, siempre tendremos un grupo feliz, otro ambivalente y uno más radical prediciendo un futuro apocalíptico.

Claro que existen otros elementos como el marco regulatorio nacional, las normativas locales, la dinámica competitiva del mercado y hasta la composición de los distintos sectores que integran la economía del país. Aunque no lo parezca, establecer una red de telecomunicaciones es un proceso logístico donde se tienen que cumplir ciertos requisitos que se convierten en la espina dorsal de la estrategia de mercado de ese servicio para el operador. Dicho de forma más sencilla, lanzar 5G no es simplemente colocar una red para ofrecer servicios de conexión a Internet por celular mucho más rápidos.

Si nos enfocamos en México, una rápida mirada en el mercado nos muestra grandes centros urbanos y suburbanos con la capilaridad de fibra óptica suficiente para ir desplegando paulatinamente una red 5G sin mayores contratiempos. Ya cuando se entra en temas de espectro radioeléctrico, el nivel de positivismo comienza a caer pues el panorama actual es desolador.

No se puede utilizar otro vocablo en un mercado donde dos de los cuatro operadores que construyeron una red propia de telecomunicaciones para ofrecer servicio celular han regresado o planean regresar parte o la totalidad del espectro radioeléctrico que tienen concesionado para este fin. Para empeorar el panorama, un tercer operador (que se encuentra en ‘concurso mercantil’ o reestructuración por quiebra) está imposibilitado de utilizar el espectro que posee para ofrecer de forma directa servicios minoristas. Bajo este contexto, a menos de que suceda una gran sorpresa los próximos procesos de asignación de espectro radioeléctrico para servicios móviles que se efectúen en México no lograrán cumplir con las expectativas mínimas del gobierno.

Se pueden buscar múltiples explicaciones, excusas o culpables pero la realidad es clara, el primer mercado latinoamericano en anunciar hacer varios años su hoja de ruta para la asignación de espectro radioeléctrico en bandas bajas, medias y altas se ha convertido en el mercado menos atractivo para varios de los operadores con red propia en incrementar la cantidad de este insumo.

No es un secreto que los montos que se cobran en México por la utilización de espectro radioeléctrico son tan altos que en algún momento u otro los comisionados y otros ejecutivos de alto rango del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) han hecho un llamado a oídos sordos por una reformulación de la política recaudatoria que existe detrás de las asignaciones de espectro radioeléctrico específicamente para servicios móviles.

Un destino similar podría esperarse de Argentina gracias a la publicación del Decreto Nacional de Urgencia 690 durante el 2020. El DNU 690, como se le denomina comúnmente en el mercado, contiene una gran falencia pues trata de forma homogénea a todos los prestadores de servicio de telecomunicaciones independientemente de su tamaño, tecnología, localidad y figura jurídica. ¿Cómo se puede garantizar “margen razonable de operación” a los operadores sin considerar la estructura de costos que estos tienen por localidad y sin ofrecer el modelo financiero que se utilizará para determinar ese margen? Independientemente de la intención de este documento, la forma en que está escrita esa parte crea incentivos o excusas (dependiendo de la visión política del lector) suficientes para frenar la inversión en el mercado. Muy difícil en este entorno poder impulsar una nueva generación de tecnología móvil.

Regresando al mundo de 5G, cualquier persona que repase las condiciones que aparecen en Argentina o México podría llegar a concluir que no es el momento para un lanzamiento a nivel nacional de esta tecnología. La mejor estrategia sería esperar unos cuantos años hasta tener distintas generaciones de teléfonos 5G incluyendo aquellos de gama baja que sean lo suficientemente baratos para ser atractivos a esa mitad de la población mexicana que trabaja en la informalidad.

Sin embargo, hay una clara diferencia entre 5G y las generaciones anteriores entre las que se destaca el rol que tiene esta nueva generación en ser la plataforma inicial para la explosión en utilización de esa nueva generación de Internet de las Cosas que permita la digitalización de los procesos productivos de la economía para hacerlos más eficientes. Esto significa, la utilización de sensores y otros dispositivos capaces de cumplir con una función básica de recibir y enviar información que junto a servicios de almacenamiento en la nube y analítica pueden ofrecer datos importantísimos para mejorar la gestión de procesos de una empresa o entidad pública.

Si no centramos en el sector de exportación de artículos tecnológicos que se fabrican en América Latina para su uso en Estados Unidos, Europa Occidental o los países del Asia Pacífico, nos encontramos con la realidad de que en la mayoría de esos mercados se comienza a exigir dispositivos y otros productos con conectividad a 5G. ¿Cómo puede una fábrica probar que estos equipos funcionan si no se cuenta con una red local en esta tecnología?

A menos que la empresa se obtenga un permiso especial temporal y de limitado alcance, las empresas que tengan clientes demandando que los nuevos equipos puedan ser 5G esto puede implicar la pérdida de contratos y una reducción en la competitividad de esa industria. Ya desde Costa Rica se escuchan las primeras quejas regionales de un sector que está sufriendo los efectos de ignorar localmente los efectos de una transformación digital globalizada.

Abundan los ejemplos sobre el nuevo uso que se le está dando a 5G en los sectores de logística, importantísimo para flotas de transporte, energía, agricultura, minería y turismo de distintos países alrededor del mundo. La necesidad de 5G, al menos en sus inicios es sumamente focalizada y con un impacto directo en el desarrollo económico del país.

Precisamente esta gran necesidad de integrar las nuevas tecnologías con una estrategia de desarrollo de infraestructura digital a largo debería ser suficiente para que las autoridades del gobierno nacional reaccionen y comiencen a ver desde una perspectiva distinta la llegada de 5G, los despliegues de fibra óptica y los pedidos por una política centrada en crecimiento e inversión en infraestructura y no puramente en una recaudación que poco beneficia al sector de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) en la promoción y adopción de sus servicios.

Las autoridades de República Dominicana han reconocido esta oportunidad y se han embarcado en un ambiciosos proyecto de reformulación de su mercado de telecomunicaciones, pero desde una transversalidad que incluye, pero no se limitan a, la participación de distintos entes de gobierno en la definición de una nueva ley de telecomunicaciones, en el proceso de asignación de espectro y en la definición de una estrategia de transformación digital nacional.

Cuando se habla de la necesidad de 5G hay que acomodarse a los tiempos y reconocer que es una tecnología diferente que ha llegado a América Latina de manera temprana. Tratar de forzar un despliegue agresivo a nivel nacional que cubra la gran parte de la población es una movida que no se justifica financieramente a corto plazo.

Tampoco ignorar la existencia de 5G es una estrategia viable en los próximos años. Hay que buscar un punto medio e ir desplegando la tecnología considerando la realidad de su mercado potencial y los cambios de este con el paso del tiempo. De esta manera, se mantiene la salud financiera de los proveedores de servicio y simultáneamente se cumplen con las demandas de un sector empresarial que ve en 5G una oportunidad de diferenciación a nivel internacional.

La alternativa a este acercamiento es simple, pérdida de competitividad de distintos sectores verticales de la economía y el atraso en la adopción de nuevas tecnologías a nivel global. La llegada de 5G se da bajo condiciones nuevas y bajo un contexto global de pandemia que ha impactado negativamente toda la cadena de valor del ecosistema de las TIC, desde el desarrollo de contenidos y la fabricación de teléfonos hasta la compra y venta de infraestructura, entre otros temas. Esta cruda realidad fuerza a un control de expectativas y a un análisis mejor informado del sector.

Un análisis que debe hacerse con investigación en fuentes primarias y entrevistas directas con los protagonistas del sector. Refreír lo publicado en artículos de periódico automáticamente no concede una salomónica sapiencia sobre el mundo de las TIC, pero si puede tener consecuencias nefastas para su crecimiento.

  1. This is an insightful piece! What, if any Latin American countries have manufacturing capability to actually develop and produce, or at least contract-manufacture 5G equipment?

    • Comentario del autor

      José Otero

      Loren,

      Thank you for your comment. It is already happening for high-end medical devices that are exported to Western Europe, Asia Pacific, and the United States. Originally requested to Costa Rican companies, the lack of 5G made some of them to open subsidiaries in Peru to conduct the required tests under a 5G network so they can start the manufacturing and export of this new generation of devices.

      Cheers, JFO

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