La migración internacional es un fenómeno milenario que ha inspirado la redacción de miles de estudios sobre su origen e impacto en todas las facetas imaginables de la sociedad. No hay punto económico, político o religioso relacionado con la migración que no hay sido explorado innumerables veces desde perspectivas nacionales, locales o regionales.

Durante las pasadas semanas por diversas razones medios Internacionales han rescatado el tema de los migrantes como principal tema de discusión. Aunque me debato entre la tristeza y la resignación que me causa ver un tema tan importante ser rescatado por los medios noticiosos solo porque un demagogo de turno ha decido culpar a los otros de las impericias propias.

Para mí lo más preocupante es la inacción de otros migrantes ante la fortuna de sus compatriotas. Hay que tener cuidado en no caer en el juego de que el asunto no me afecta porque tengo documentos o soy ciudadano. Cuando hablas con acento, cuando tu color de piel no es el apropiado, cuando tu definición de amar no corresponde a la de la mayoría o tu visión del progreso no es la tradicional poco importa si un papel en tu casa dice que eres legal o ciudadano. Ante los ojos de la ignorancia por más documentos que poseas no dejas de ser otro indeseable migrante.

Dependiendo del interlocutor podemos acercarnos a la migración como una oportunidad de negocio para el sector financiero a través de los servicios de remesas. Aquí el debate toma matices políticos pues hay quienes consideran que los países que “exportan” migrantes lo hacen para beneficiarse del dinero que estos envían a sus familias por lo que es muy poco el incentivo que tienen para arreglar la situación que los forzó a buscar mejor suerte en el extranjero.

Entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Foro Económico Mundial (FEM) y el Banco Mundial (BM) identifican a las remesas como un ingreso de suma importancia para las economías de muchos países. Según datos del BM a 2013 muestran que el dinero que envían migrantes puede llegar a representar hasta el 52% del producto interno bruto (PIB) de Tayikistán.

El informe del BM también muestra que la importancia de las remesas se observan en países de todas las latitudes, por ejemplo, en Samoa representan el 23% del PIB, en Haití el 21%, Liberia el 20% y en Kosovo el 17%.

Sin embargo, uno de los datos más importantes de este estudio es que muestra como entre los diez principales beneficiarios de remesas se encuentran países desarrollados como Francia y Alemania o con economías en fuerte crecimiento como China. Si el alegato en contra de los migrantes es que envían dinero a sus países de origen entonces la campaña para no ser tildada de racista tendría que incluir en su discurso a los migrantes de países desarrollados que usualmente no son mencionados cuando se habla de migración.

Queda claro que uno de los principales problemas que tienen las comunidades de migrantes es la falta de educación sobre su realidad. Habría que cuestionarse por qué ni las escuelas ni los hogares abordan este tema de la migración de forma humana respondiendo interrogantes como: ¿cuántos migrantes se han visto forzados a abandonar su tierra para poder subsistir? ¿Cuántos se han ido para poder brindar a su familia la oportunidad de un futuro? ¿Por qué si se fueron por despreciar su origen se les llenan los ojos de lágrimas al escuchar las canciones de su tierra?

Yo por lo menos, no lo puedo evitar cuando en algún rincón de este pequeño planeta escucho a alguien cantar las siguientes dos estrofas de “En mi viejo San Juan” de Noel Estrada:

Pero el tiempo pasó

y el destino burló

mi terrible nostalgia

y no pude volver

al San Juan que yo amé

pedacito de patria.

 

Mi cabello blanqueó

y mi vida se va

ya la muerte me llama

y no quiero morir

alejado de ti

Puerto Rico del alma.

Las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) no se han visto alejada del fenómeno del inmigrante. En la llamada “Aldea Global” los migrantes tienen más alternativas para mantener un lazo constante con su lugar de origen. Hace 30 años las comunicaciones eran mayormente por carta, dependiendo de servicios de correos deficientes, y en menor grado por llamadas telefónicas de larga distancia onerosas que encontraban como obstáculo la baja densidad de teléfonos fijos.

Ahora los migrantes representan un gran negocio de nicho a proveedores de telecomunicaciones que al atender este nicho con tarifas diferenciadas, publicidad en su idioma de origen, transferencias internacionales de dinero o pagos por servicios prestados en el país de origen a familiares ofrecen servicios de alta demanda para los migrantes.

Lo mismo sucede con la señales de televisión restringida: imposible encontrar uno que no ofrezca canales foráneos que casi siempre son de los mismos países que los grupos de migrantes más numerosos de la localidad.

Las TIC hacen que por lo menos en el calor del hogar (al menos por unas horas) la voz del ser querido, la comida y el partido de fútbol, cricket o baseball logren que el migrante se sienta como en su país de origen.

Pero las TIC muestran otra parte de la vida del migrante que no está tan llena de glamour como muchos pueden pensar. Ese maravilloso invento llamado Internet permite que las noticias de un lugar del mundo puedan leerse o verse en cualquier otro rincón del planeta en cuestión de segundos. Ya no es tan sencillo ocultar noticias desagradables para no preocuparlos a la distancia, que los contactos se limiten a unos pocos minutos de alegría y recuerdos.

Pero si las TIC nos transporta por medio del audio y el video a los migrantes a la tierra de la añoranza, son los supermercados quienes al expandir su oferta de productos enfocados en las comunidades de migrantes los que evocan recuerdos a través de la comida. Cifras de la consultora Mintel indican que solo en los Estados Unidos el mercado de comidas especializadas para comunidades migrantes sobrepasará los US$ 4.000 millones anuales.

La historia nos muestra que el ser humano muchas veces carece de humanidad. Lo diferente e incomprensible se observa desde lejos con temor o asco. Barbaros, apostatas, infieles o salvajes son solo algunos de los adjetivos para describir aquellos que hablan otro idioma y/o poseen otras costumbres.

Los foráneos pasaron de simplemente ser diferentes a engendrar todos los males de una sociedad que de ser homogénea haría realidad la Utopía soñada por San Tomás Moro. Una lástima que muy pocos se acuerden que hasta en ese mundo utópico, ideado por un santo, existía la esclavitud.

Desgraciadamente el recelo hacia lo diferente casi siempre ha terminado en sangre, dolor y lágrimas. Hasta la fecha no se ha identificado algún genocidio que no haya sido inspirado en ideas de intolerancia racial, de género o religiosa. Mantenerlos al margen de la sociedad no es suficiente, parafraseando a las palabras de un personaje de ficción, el Maestro Jedi Yoda, “el miedo conduce a la ira y la ira conduce al sufrimiento”.

Afortunadamente en la actualidad contamos con herramientas que anteriormente no existían. Por ejemplo, las TIC nos permiten difundir con mayor velocidad las declaraciones racistas emitidas por figuras públicas. Asimismo, se puede demostrar como muchas de estas declaraciones pasionales y escapistas no están fundamentadas en hechos reales. Mentir no es tan fácil como antes aunque esto no debe interpretarse como que las personas al escuchar datos inmediatamente se liberan de sus prejuicios y fanatismos.

Si deseamos evitar escuchar a comentaristas afirmar que su cultura es la mejor de la historia y que los migrantes provienen de culturas deficientes es necesario apuntar como objetivo a una mejor educación. Si supuestamente estamos en un mundo globalizado porque la educación no apunta a la inclusión a esta realidad.

Quizás de esta forma se aminore el miedo a lo diferente impulsado por líderes con un anti-carisma que ni cantando, escuchando pajaritos etéreos o plagiando frases como que el mundo huele a azufre pueden encarrilar una economía sin planificación o un plan de desarrollo sostenible. Es más fácil incitar a incoherentes nacionalismos y culpar a migrantes que llevan años o décadas en una tierra que han hecho suya que hacer una autocrítica de la verdadera situación de su país. Ya no se escuchan clamores por una Patria Grande, los otrora hermanos han sido reducidos a inmundas sanguijuelas. Qué asco da la política…

Pero se cambia el canal, el idioma del periódico o la página de Internet y es inútil: por todos lados surge la foto del racista del peluquín. Es que independientemente de favorecer a la izquierda antes que a la derecha cuando se desea buscar un chivo expiatorio que evite la autoevaluación e incite un vacío orgullo nacionalista el racismo se apoya en los mismos insultos.

Llamar al extranjero drogadicto, ladrón, violador o cualquier otro calificativo negativo debería causar preocupación no por la imbecilidad de los interlocutores de estas ideas sino por su capacidad de convocatoria. Su atractivo a las masas es síndrome de una falta de autocrítica general que no puede ser solventada a corto plazo y muy a mi pesar dudo mucho que se pueda erradicar completamente algún día.

En mi caso particular, considero que hay otras herramientas para lidiar contra la intolerancia y comienza en casa. Si los niños no ven a los padres demostrando prejuicios hacia los otros por su color de piel, su preferencia sobre a quién amar, religión u origen gran parte de la batalla está ganada. No se debe permitir la burla hacia una persona que hable con un acento extranjero muy marcado sino reconocer que ese acento implica el conocimiento de otro idioma el desprecio se convierte en respeto.

Las palabras racistas que escuchamos últimamente tocan más cerca al sentirnos aludidos por hablar español no olvidemos que en nuestros países la intolerancia y burla hacia ciertos extranjeros, etnias o acentos es lugar común. Esas burlas que otrora eran inocentes ya no lo son tanto cuando uno se siente su protagonista.

Evitemos revivir las palabras de Martin Niemöller que hoy parecen cobrar una vitalidad que no les deseo:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar.