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Usuarios, contenidos y dispositivos móviles

La historia para muchos es un fenómeno cíclico. Ante tal realidad es importante mantener vivos los más graves recuerdos para poder evitar su reencarnación en eventos que gracias a la innovación tecnológica podrían ser más devastadores que los de sus predecesores. En la literatura un sabio ciego nos indicaba que ya todos los libros estaban escritos, de ser cierta su aseveración, cada vez que se termina un nuevo volumen estamos reafirmando el ciclo de lo ya vivido.

Como el mundo de las telecomunicaciones es parte intrínseca de nuestra realidad, cada vez que se escucha una nueva predicción o se describe un nuevo suceso es difícil no remontarse a algún momento pasado para tejer similitudes ya sea imaginarias o reales. Es por esta razón que ante la desolación vivida en los últimos tiempos de una desaceleración económica preñada de silencios, cualquier conversación de tono medianamente positivo parece ser indicio de una reactivación del mercado de telecomunicaciones regional.

Este nuevo crepúsculo digital nos deja con una sensación extraña pues no sabemos si es preámbulo de un amanecer que nos trae cambios bastante claros o son las últimas luces de un ciclo ya cumplido por la industria. Ambas alternativas son muy similares al tener un mismo final, lo que varía es el camino a seguir hasta alcanzarlo. El mensaje es claro, la tubería por donde pasa la información cada vez pasa a ser menos relevante gracias a la innovación tecnológica y la regulación.

El foco de la atención se centra en dos aristas simbióticamente unidas pero diferentes entre sí: los contenidos y los dispositivos. En otras palabras, entre las herramientas que traducen el insumo transportado y el producto final. Las voces cada vez se centrarán más en las capacidades del dispositivo de soportar nuevas aplicaciones y servicios.

Al final de cuenta serán los usuarios quienes decidirán, por medio de sus decisiones en dispositivos, cuáles son las aplicaciones que tendrán mayor probabilidad de triunfar. Estas decisiones no siempre se hacen basadas en el deseo primario del usuario sino de su capacidad de compra o simple disponibilidad de cierto tipo de dispositivos en el mercado. En otras palabras, aunque el usuario haya evolucionado en sus expectativas sobre las características mínimas que debe poseer un teléfono móvil esto no implica que pueda acceder al mismo.

De todas formas, mientras a principios de siglo y hasta hace como cinco años el principal uso de los dispositivos móviles era el servicio de voz, mientras que gracias al rápido crecimiento de la banda ancha móvil el mayor uso es por medio de servicios audiovisuales que van desde el video hasta el texto. Este cambio de paradigma que lleva al usuario de siempre tener el teléfono al oído a ahora tenerlo frente a sus ojos se ha dado de forma asimétrica en todos los mercados del hemisferio. Esta simple acción indica claramente un incremento en la sofisticación del usuario móvil, pues difícilmente estará dispuesto a regresar a un mundo de conectividad que excluya al aspecto audiovisual.

La evolución en las exigencias de los usuarios tiene repercusiones directas en los costos de adquisición de nuevos entrantes y el desarrollo del mercado de aplicaciones. Los tiempos en que competir en precio, bolsas de minutos y cantidad de mensajes de texto otorgados a los clientes era suficiente para ganar participación de mercado ya han pasado. La diferencia en tarifas es compensada por las economías de red del mayor operador. Ergo, los entrantes tienen que invertir altas cantidades de dinero para poder pensar en quitarle un usuario a alguien establecido. No porque exista la posibilidad de hacer algo, significa que sucederá.

Por otro lado, puede darse el impulso inverso, dependiendo del deseo de compra que pueda generar una aplicación se podría impactar el número de personas que invertirá en un dispositivo que pueda procesarla. Un dispositivo que ya se ha ido convirtiendo en la herramienta con la que se controlará un número mayor de electrodomésticos y otro tipo de cosas, como por ejemplo vehículos.

Mucho de lo anterior ya se discutía hace varias décadas de alguna forma u otra. Como si se estuviera en la Biblioteca de Babel donde las historias son infinitas, en telecomunicaciones terminamos revisando el pasado para hablar del presente y corregir las proyecciones futuras. Mientras esto sucede, hay que divertirse con los contenidos de las grandes marcas productoras. Quizás La democratización por medio de aplicaciones que tanto prometía el Internet algún día llegue.

Referencias

La imagen es de Pixabay

 

 

 

2 Comments

  1. Faustino Velasco

    “Quizás La democratización por medio de aplicaciones que tanto prometía el Internet algún día llegue.”

    Quizás pero no lo creo porque siempre ‘los grandes’ van a ocupar el 99 % del espacio y ese 1 % va a quedar, va a llegar, limitadísimo SÓLO a los del mismo grupo del emisor y a nadie más.

    La masividad ‘siempre’ la va a tener ese 99 %.

    Lic. Faustino Velasco.-

    • José Otero

      Faustino,

      Gracias por el comentario. Estoy completamente de acuerdo, estaba siendo irónico en esa oración. La llamada democracia del Internet no existió ni en la época dorada del USENET.

      Slds. JFO

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