El pasado año fue protagonizado por numerosos cambios en el mundo de las telecomunicaciones de América Latina y el Caribe. Durante su transcurso tuve la oportunidad de reunirme con reguladores y ejecutivos de operadores de telecomunicaciones de toda América Latina y el Caribe para hablar de cómo potenciar el impacto de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) en el desarrollo económico de sus mercados.

Indistintamente del país de origen, la principal preocupación de los reguladores era como impulsar mayor competencia con la llegada de nuevos jugadores. Obviamente un incremento en el número de ofertas da como resultado una mayor cantidad de alternativas que puede seleccionar el consumidor. Lo que me genera preocupación es que en algunos mercados la definición de nuevos entrantes parece limitarse a un modelo definido como entidad enfocada en la  oferta de acceso final, con infraestructura propia y presencia nacional capaz de alcanzar una masa crítica de clientes casi inmediatamente.

Los altos niveles de saturación en los mercados de acceso que se observan en la realidad convierten a este sueño regulatorio en un simple deseo incumplido. Hay que romper con el acercamiento lineal a las telecomunicaciones donde la competencia se genera solo por operadores que tienen como foco principal de negocio este mercado. Paulatinamente los mercados de América Latina y el Caribe tendrán en actores no tradicionales como entidades financieras, tiendas minoristas y hasta cruceros una alternativa para acceder a las redes de comunicaciones globales.

A los actores ya mencionados, junto a otros que han ido evolucionando debido a los avances que brinda la tecnología, se debe agregar aquellas plataformas de servicio – los llamados OTT – que de forma directa e indirecta estarán capturando ingresos que históricamente se llevaban los prestadores tradicionales de servicios de telecomunicaciones.

Ante esta inevitable realidad y el hecho que el mercado de telecomunicaciones es muchísimo más que los servicios de acceso, cuando se habla de un incremento en competencia en telecomunicaciones hay que expandir el panorama. Sobre todo cuando la estructura de costos que enfrenta un operador de telecomunicaciones para ofrecer servicios de banda ancha incluye interconexión internacional para que sus usuarios puedan acceder a los contenidos que se hospedan más allá de las fronteras nacionales desde donde ofrece servicios.

Como era de esperar el dialogo con los prestadores de servicios de telecomunicaciones era diferente. La mayor preocupación era la aprobación de regulaciones enfocadas en incrementar indiscriminadamente la competencia sin analizar el impacto real de estos nuevos actores, su viabilidad financiera, cobertura poblacional real y contribución a mejorar la conectividad del país. Simplemente no están de acuerdo a que se otorgue privilegios a aquellas entidades que tienen como único interés el descremar el mercado, sobre todo si el marco legal establecido es violentado para lograrlo.

Lo interesante entre esta aparente desconexión es que ambas partes mencionan que la intención es brindar un mejor servicio a una mayor parte del mercado. En otras palabras, la diferencia deriva en la visión existente sobre cómo alcanzar de forma rápida este objetivo. La lógica dicta que la cooperación entre ambas partes para evitar la duplicidad de inversiones y una mejor planeación que genere inversiones en aquellas áreas que más lo necesitan es esencial.

No obstante, la realidad dista mucho de este acercamiento aparentemente utópico para algunas administraciones que dan prioridad a obtener grandes cantidades de dinero para las arcas de gobierno en detrimento de aquellas áreas rurales, de poco poder adquisitivo o baja densidad poblacional que carece de servicios básicos de telecomunicaciones.

Asimismo, la imposición de impuestos onerosos en tanto en servicios como en los dispositivos que se necesitan para utilizarlos representa una barrera para los sectores más pobres de  una región done el salario mínimo de su economía formal oscila en la mayoría de los mercados entre US$ 200 y US$ 300 – aquellos que trabajan informalmente muchas veces reciben menos.

Otro gran problema regional es la aparénteme falta de importancia que se les da a los contenidos. Cuando distintos estudios académicos resaltan el impacto económico positivo de las TIC en la economía de un país, estas investigaciones no hablan sólo de las conexiones sino de lo que potencialmente se puede lograr con ellas.

Resumiendo: qué tipos de contenidos se pueden acceder con una conexión de banda ancha o cuales puedo generar que sean de interés para un sector de la población. La necesidad de acompañar el incremento en conexiones con contenidos diversos que apunten a atender las distintas necesidades de la población es imperativo para los gobiernos, como también es imperativo que estos esfuerzos sean incluyentes y contemplen las necesidades lingüísticas de todos los ciudadanos del país.

Un punto que siempre considero importante mencionar cuando se habla de América Latina y el Caribe es que es una región sumamente diversa que tiene una totalidad de 50 mercados distintos con herencias históricas, idiomáticas y políticas completamente disimiles. Es por esta razón que hay que buscar soluciones que atiendan las necesidades de cada mercado y en muchos casos las necesidades de ciertas regiones dentro de un mismo país.

Se trata de comprender que un país como Bahamas constituido por 700 islas no cuenta con la misma cantidad de salidas internacionales para el tráfico generado en cada una de sus 30 islas pobladas. Es comprender que un operador estatal en Antigua & Barbuda, país de 100.000 habitantes, no tiene el mismo poder de negociación que un competidor que cuenta con millones  de líneas en servicio.

Finalmente, hay que comprender que no todo lo que impacta al mercado de las telecomunicaciones es necesariamente una consecuencia de lo hecho por sus principales actores. Por ejemplo, una de las mayores preocupaciones del sector de telecomunicaciones de Puerto Rico es la debacle económica que atraviesa el mercado y que tiene como consecuencia el continuo éxodo de puertorriqueños que tratan de buscar una vida mejor en otras naciones.

La masiva emigración de puertorriqueños ha causado la pérdida de casi un 10% de la población en menos de diez años. Para colocarlo en términos de negocios, la reducción en población implica un declive en la demanda de servicios de telecomunicaciones. En un mercado con cinco operadores móviles y otros sesenta prestadores de servicios, la reducción en población eventualmente dará paso a una reducción en el número de empresas ya sea por inviabilidad económica o por una consolidación forzada por la realidad económica de este territorio perteneciente a los Estados Unidos.

Espero que en los próximos meses haya más coincidencias que contradicciones entre los distintos protagonistas de las TIC regionales y un mayor número de personas pueda mejorar sus condiciones de vida al integrar las nuevas tecnologías a su diario vivir.

Referencias

La imagen es de Pixabay.