Entrevista a Olga Otero de Editorial El Antillano de Puerto Rico, segunda parte.

Una de las mayores quejas que se escuchan antes, durante y después de un proceso eleccionario es la falta de memoria colectiva. Una rabia que justifican por el olvido injustificado de eventos del pasado que deberían ser suficientes para descalificar aspirantes del presente.

Lo ya acontecido siempre es justificable por un recuerdo selectivo que identifica faltas en los otros y excusas en lo propio. Y si el error se comete aun teniendo buenas intenciones, mágicamente es condonado pues hay que centrarse solo en el futuro para prosperar.

Aunque lo anterior prácticamente aplica para cualquier país latinoamericano, es esta dejadez por la memoria la que nos hizo entrevistar a Olga Otero de la Editorial El Antillano. El objetivo de la primera parte de esta entrevista publicada en este blog hace unas pocas semanas era resaltar el papel que juega el material de la editorial en la enseñanza de la historia en las escuelas de Puerto Rico.

Olga Otero

Para lograr su fin pedagógico, El Antillano desarrolla novelas gráficas centradas en sucesos históricos de gran importancia para este territorio de Estados Unidos, pero que han sido en su mayoría marginados de los libros de historia. De esta forma, al narrar de forma amena y entretenida pedazos de historia los va rescatando del olvido.

Un olvido que en Puerto Rico ha llegado a tomar proporciones cantinflescas al escucharse declaraciones endofóbicas por quienes priman el objetivo político sobre la verdad histórica o social. Ante este embate en contra de lo nacional, la falta de educación histórica facilita desmantelar la memoria; no se puede recordar u olvidar lo que nunca se ha aprendido.

Esta segunda parte entrega explora las deficiencias de la enseñanza de historia en Puerto Rico donde la autocensura sirve para ocultar “los aspectos más controversiales de la historia reciente.”

¿Cómo surge la idea de utilizar la tecnología para difundir su contenido educativo? ¿Ha incrementado la difusión del material?

Nuestra empresa trata de mantenerse en la vanguardia en el uso de la tecnología. Nos resultaba bastante lógico, por ejemplo, incursionar en el mundo de los libros digitales. Fue un excelente ejercicio para practicar con los protocolos de Apple y de perfeccionar nuestras capacidades con la producción de eBooks [libros digitales].

No obstante, el mismo sistema no brinda mucha exposición a los comerciantes que no venden best sellers, por lo que el proceso de búsqueda de los compradores potenciales puede resultar infructuoso. Esa es la razón principal por la cual no ha tenido el efecto que esperábamos de poder llevar a Tai hasta el último rincón del mundo donde hubiera un boricua [puertorriqueño] que quisiera proveerle a sus hijos una conexión con sus raíces.

Editorial El Antillano II

¿Cuáles son las deficiencias que observan en la enseñanza de historia de Puerto Rico en las escuelas?

De manera general, los sistemas educativos del país —el público y el privado— no le otorgan al estudio de la historia propia la importancia que reciben en otras sociedades.

Nos confrontamos con dos datos curiosos: muchos puertorriqueños estamos más familiarizados con la historia de Estados Unidos que con la de Puerto Rico. Por otro lado, quienes tienen la oportunidad de viajar por América Latina se encuentran con que muchos latinoamericanos demuestran tener un conocimiento más detallado de la historia de Puerto Rico de lo que es común entre los puertorriqueños.

La historia de Puerto Rico se cubre de manera un tanto superficial y lo usual es que no se cubran los eventos de la historia más actual, ni de aspectos más controversiales de la historia reciente. En efecto, los cursos de historia de Puerto Rico suelen entrelazar los datos relacionados con los efectos modernizantes de las relaciones políticas contemporáneas, la herencia cultural hispanófila, las aportaciones de los próceres, y el folclor de la vida montuna, o de la cultura musical y carnavalesca de las regiones costeras, de una manera simple y carente de análisis alguno sobre sus interconexiones. Enfoca a los eventos que forman parte del material que se cubre, a través del lente de la oficialidad, de lo establecido como el dogma sociopolítico.

Por muchas décadas la enseñanza de algunos de los temas que se muestran en el material que producen era tabú, ¿han experimentado algún tipo de crítica hacia su trabajo?

Siempre va a haber gente que se encante con el producto. Y siempre va a haber el que no le guste y encuentre razones para no gustarle. Es curioso que las pocas veces que el producto de Tai ha sido rechazado ha sido por el hecho de que ilustramos a los taínos sin ropa, como acostumbraban estar. Aclaramos que el desnudo se trata con suma delicadeza, pero aún así, hay gente que no lo puede tolerar. Fuera de ese detalle, no hemos tenido problema con la aceptación del producto.

Una de las sorpresas agradables con las que uno se topa, sin embargo, ha sido el aumento en reacciones positivas de jóvenes, pudiera decirse de las capas más privilegiadas, social, económica y culturalmente hablando. Hace unos años, cuando comenzó el proyecto, era notable la frialdad de esos sectores, cierta hostilidad pasiva. Ahora notamos cuando no mayor aceptación, un real aumento en el interés por los productos.

¿Han recibido críticas por mezclar la ficción con lo histórico?

Se trata de una crítica basada en principios con los que discrepo, pero respeto. Algunos académicos no consideran legítimo mezclar la ficción con los hechos, ya que alegan que crea una confusión en detrimento del carácter científico, y supuestamente objetivo, de la historiografía. Nosotros vemos el género como un modo efectivo de captar la atención y el interés de un público joven y adulto que de otra manera seguramente mantendría su indiferencia hacia estos temas.

La ficción histórica, desde nuestro punto de vista, es la puerta de entrada, y nosotros nos esforzamos por crear otros productos de carácter historiográfico y biográfico, para conducir al nuevo visitante más adentro hacia áreas de mayor rigor científico y factual. En otras palabras, mientras tenemos el quehacer historiográfico en alta estima, entendemos que esas ideas, cuando se quedan dentro de los muros académicos, no juegan ningún papel pedagógico ni transformador de consecuencias, precisamente, históricas. Cuando se convierten en ideas, perspectivas y visiones de mundo de las masas, entonces adquieren el poder de fuerzas materiales, de torrentes sociales y políticos capaces de empujar en dirección al cambio.

Sé que otra división de su negocio se centra en la educación a distancia, ¿qué desafíos enfrenta Puerto Rico en este renglón?

En Puerto Rico hay mucho talento y personas que se dedican de lleno a integrar la tecnología en el salón de clases. Por lo general son maestros que poco a poco han ido logrando presentar el elemento digital en la enseñanza. Pero de igual manera hay cierta resistencia y desconocimiento sobre el tema. No se trata de que el estudiante tenga una tableta. Se trata de que esa tableta incluya el contenido idóneo para convertirse en el vehículo que capte la atención del estudiante. Ése es el paso vital, capturar su atención e interés. Lo demás requiere el trabajo fuerte y continuo de crear y desplegar el contenido que sostenga una experiencia de aprendizaje prolongada.

El reto es sostener esa experiencia con contenido que atraiga, que apoye al estudiante en su búsqueda, que aprenda de un modo que le atraiga más y que lo lleve a estudiar por el deseo de aprender, y no por la obligación inerte de cumplir pasivamente con requisitos institucionales.

¿Por qué el Padre de la Patria, Betances para su logo y nombre?

El Antillano, Ramón Emeterio Betances, representa nuestro logo y nombre. Los valores del Padre de la Patria: valentía, respeto, justicia, entereza, igualdad, amor a la patria, son los mismos que entendemos que es importante cultivar en nuestro pueblo, en especial en las generaciones que se van formando. Y son esos valores los que intentamos transmitir en nuestras publicaciones.

Además, Betances proyecta con mayor fuerza que ningún personaje histórico, la idea de la Unidad Antillana, en la cual se puede basar un futuro desarrollo económico, político y cultural del Archipiélago. Nuestro trabajo trata de reflejar esa visión antillanista.

¿Quién fue Ramón Emeterio Betances y que buscaba su proyecto de la Confederación Antillana?

Puertorriqueño que estudió desde temprana edad en Francia, donde se graduó como doctor en medicina. Al regresar a Puerto Rico atendió, sin distinción de clase, a los afectados por la epidemia de cólera morbo de 1856, ganándose el resentimiento de los gobernantes coloniales.

Betances sufrió varios destierros debido a sus actividades abolicionistas y anticolonialistas.

Betances promovió y trabajó activamente para lograr el concepto de la Confederación Antillana. También inspiró y organizó la insurrección armada conocida como el Grito de Lares, que en 1868 proclamó la República de Puerto Rico. También cooperó activamente con José Martí en la Revolución cubana.

Grito de Lares

La Confederación Antillana fue un concepto que se fue generalizando entre los revolucionarios de las tres Antillas Mayores, y operaba de una manera similar la idea de la Gran Colombia de Bolívar.

Los Antillanistas sintieron una gran urgencia por este proyecto debido a la presión imperialista de Estados Unidos que comenzó a sentirse más intensamente en el último cuarto del siglo 19, a partir de la presidencia de Ulises Grant.

Se le reconoce a Betances el rango de primus inter pares entre los Antillanistas, porque una vez adoptó esta idea la persiguió incansablemente durante el resto de su vida. Sus gestiones en favor de las independencias y las integridades territoriales de Cuba, Haití, la República Dominicana y Puerto Rico son muy conocidas. Menos conocidas son sus gestiones por integrar a Jamaica a esa confederación, llegando hasta el despacho de [William Ewart] Gladstone, el primer ministro del Imperio Británico, para discutir la situación de la Revolución Cubana, y de una vez, la posibilidad de un apoyo geopolítico de Inglaterra a una Confederación Antillana que incluyera a esa Antilla, entonces colonia británica.

Al ideal antillanista que Betances promovió incansablemente se suscribieron luchadores y patriotas del calibre de José Martí, Máximo Gómez, [Juan] Rius Rivera, [Gregorio] Luperón, y [Eugenio María de] Hostos.

Murió en París, la madrugada del 16 de septiembre de 1898, angustiado por no haber podido conseguir el apoyo de sus aliados —apoyo que no hubiera faltado si Martí hubiera estado vivo— para iniciar en Puerto Rico un levantamiento armado en contra de España antes de que las tropas de Estados Unidos pusieran sus botas en su Patria.

Sus restos fueron transportados a Puerto Rico, donde fueron recibidos en San Juan por un desbordamiento espontáneo de miles de sus compatriotas, el 5 de agosto de 1920.

El pueblo le otorgó el nombre de Padre de la Patria de los puertorriqueños.

Referencias

Todas las imágenes y videos utilizados en esta entrevista son propiedad de la Editorial El Antillano.

La 1ra parte de esta entrevista, “Liberando a los héroes olvidados por la memoria puertorriqueña“, fue publicada en este Blog el pasado 30 de septiembre de 2015.