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No importa la tragedia, Puerto Rico siempre se levanta

Hay momentos en los que triunfa el silencio. Instantes donde las emociones son tan fuertes que es difícil expresar lo que se está sintiendo. Es cuando el tiempo parece paralizarse ante el horror que se está presenciando, masoquista obsesión que nos mantiene pegados a la radio, televisión o Internet en búsqueda de la milagrosa noticia que nos informe que todo fue un error y el todo sigue su curso igual que el día de ayer.

El bálsamo no llega, la angustia se apodera de las cuerdas vocales y el silencio continúa como dictador de palabras. El dolor de las imágenes nutre la desesperación y la inacción de los líderes alimenta la rabia, la soberbia, la impotencia…

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Acto seguido es contactar a los seres queridos, tratar nuevamente ante el intento fallido, discar y discar esperando la ruptura de la desesperanza con un simple hola al otro extremo de la llamada.

Toca levantarse y respirar, abrir la puerta y toparse con una realidad prestada. Un mundo totalmente ajeno al que se lleva en el alma porque un trozo de papel no define identidad ni sentimientos.

Comienzan a llegar las primeras noticias, la devastación es indescriptible y entre lágrimas los rescatistas anónimos comienzan su obra. Allende los mares todo parece desidia por quienes supuestamente deberían ayudar, liderados por un payaso en papel de funcionarios públicos, el deporte toma supremacía sobre las necesidades de un pueblo.

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Como tantas veces en el pasado, mientras los focos se centran en estupideces en forma de discurso, la diáspora reacciona para protagonizar el viejo adagio de ayúdate y los demás te ayudarán. Donde la pleitesía política de tantos años falló en dar resultados no sucedió lo mismo con cantantes, deportistas y profesionales que desde lejos se han ocupado de organizarse para llevar ayuda urgente a la más pequeña de las Antillas Mayores.

Localmente, al verse aislados, los colores desaparecen para dar protagonismo a la humanidad que busca tender la mano a quien más lo necesita. Hay que asegurar la integridad física de cada puertorriqueño, luego velar porque reciba los servicios básicos, medicinas y comida. Ya llegará el tiempo de paulatinamente recuperar lo perdido, esas cosas tangibles que en momentos de crisis pierden su valor.

Lo importante ahora es garantizar la seguridad de todos, incluyendo los refugiados de islas vecinas que han buscado, ante la completa devastación de sus países, en la isla grande cercana refugio. Lo poco también se comparte.

Unidos Por Puerto Rico

Demasiado sucediendo al unísono y tantas personas que aún siguen completamente desconectadas. Una desconexión que es imposible medir en angustia o lágrimas. Una desesperación por que la llamada no conecta y el mensaje enviado hace tantos días no aparece como leído.

Afortunadamente la comunidad internacional ha comenzado a mirar hacia el ‘jardín, de América el ornato” para una vez más prestar la mano. Reconfortante saber que no estamos solos y que la preocupación surge en ocasiones desde los lugares menos esperados.

Maria Puerto Rico

La reconstrucción eventualmente llevará a ese momento donde se analice las razones de la debacle que llevó a tantos fallos en la infraestructura. Ojala en ese momento el foco no sea una inquisición politiquera sino una investigación que revele las fallas para establecer los protocolos necesarios para evitar la repetición de lo vivido recientemente. Si en el proceso se identifican problemas causados por falta de cumplimiento de responsabilidades por uno o más individuos que se apliquen las leyes ya existentes para estos casos. No a la cacería de brujas, sí al acato de las leyes.

Se deben establecer planes de acción que permitan agilizar la comunicación en casos de emergencia. Estrechar los lazos existentes entre el sector público y el privado para explorar alternativas dirigidas a fortalecer la infraestructura insular. Sobre todo cuando vivimos, nos guste o no, en una sociedad que cada día se digitaliza más. Los efectos de no tener electricidad en un ambiente digitalizado son múltiples, incluyendo la incapacidad de hacer transacciones electrónicas forzando el regreso al efectivo, sólo papel y las monedas para combustible o comida.

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Hay que preocuparse por la infraestructura digital, por la logística, por el mantenimiento de las maquinas que sirven para prestar servicios públicos de primera necesidad. Fortalecer la estructura de los hospitales y modernizar los refugios. Hay que pensar siempre en los más pobres y necesitados del país, una isla donde la mayoría de su geografía es montañosa lo que dificulta labores de rescate, facilita las emergencias y encarece el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones.

No soy tonto mucho de lo que pido no es sencillo, es sumamente difícil de lograr, especialmente para una economía del Caribe. No lo puedo evitar, escribo desde el dolor de ver bajo escombros los lugares que protagonizan mis recuerdos. Ha sido un trago amargo enfrentar la poca importancia de algunos medios a lo sucedido en mí país, país al que le dedican programas enteros cuando el tema de conversación puede llegar a ser una simple canción.

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También me queda la confianza de que no estamos derrotados. Los momentos difíciles nos regalan como bendición poder reconocer en quien podemos contar, a quien realmente le importamos. Puerto Rico nuevamente ha recibido la lección. Pero ahora toca trabajar para levantar un país que aún en la oscuridad no deja de brillar.

Referencias

Fotos de Pixabay, Twitter, Gobierno de Puerto Rico y National Geographic.

1 Comment

  1. ANA MARIA PEREIRA BUSQUES

    Tremendas palabras, desde el corazón desgarrado y la conciencia despierta. Para quienes sabemos de tragedias y de espíritus que se levantan empujados sólo por esa fuerza vital, propia de nuestros ancestros más lejanos, cuán identificados nos sentimos. El mundo, la tierra está cambiando y nuestras autoridades deben preocuparse de eso, no tapar el sol -que cada día está más cerca- con un dedo. Todo el amor desde Chile.

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