El 2017 sólo queda en el recuerdo e indudablemente mientras más pasen los años sus vivencias cada vez serán más positivas. Sí, tenemos la irremediable manía de mirar a nuestro pasado con benevolencia desmerecida. Los doce meses pasados son simplemente un conjunto de momentos buenos, malos y olvidables sin importar vocación personal, geografía o filosofía.

Para algunos, el 2017 será símbolo de vida plagado de hermosos recuerdos del nacimiento de un nuevo miembro de nuestra especie. Para otros, estos momentos mágicos fueron intercalados con la perdida de la voz amiga, a veces consejera, a veces cómplice, de historias del pasado.

Como olvidar a quien no está para conversar de fútbol argentino y recordarle que el rojo sigue ganando campeonatos. Como olvidar al hermano de calabozo que ante la adversidad de su natal Venezuela infundía en cada uno de sus programas contagiaba una alegría inexplicable. Como olvidar las contradicciones de un brasileño republicano que veía sus creencias corroerse ante el presente liderato de ese partido.

Así pasaron los meses, con su colección de rostros y sonrisas que de vez en cuando nos hacían olvidar del presente para llegar a ese mundo etéreo de la amistad. Esos encuentros fortuitamente ageográficos que permiten continuar luego de un espacio indefinido la conversación por siempre inacabada.

Mientras la vida continua, hay quienes prefieren soslayar el mundo de las tecnologías donde lo importante es pensar en el futuro ya que el presente es obsoleto. Hay que definir cuanto se comprará, cuanto se venderá, cuál será el nuevo teléfono de moda y la aplicación que por pocas semanas dominará los boletines electrónicos de noticias. Hay que calcular cuántos dispositivo podrían venderse si el color de la carcasa es rosado vs una carcasa negra o plateada. Temas infinitamente importantes para lograr esa digitalización transversal que tan necesaria es para poder progresar.

Si en tiempos de Roma los políticos que afianzaban su poder adoptaban un acercamiento de pan y circo, en la actualidad este acercamiento no ha evolucionado lo suficiente. Solo es importante mantener la forma sin importar el fondo, pues lo visual es lo que al final de cuentas será juzgado y las excusas siempre permiten culpar al ausente. Desafortunadamente así evolucionarán más o menos las políticas públicas para impulsar las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) en numerosas jurisdicciones de América Latina y el Caribe durante el 2018.

Contradiciendo lo anterior, afortunadamente hay mercados donde ese negativismo no se hace presente. Hay un mundo que traspasa los lugares comunes de la historia para intentar reescribir digitalmente lo que no pudo soportar la tinta. Es transgredir al status quo para intentar edificar una nueva realidad a pesar de los gritos de oposición de algún Iscariote.

Un espectáculo que cautivará la atención global durante los primeros meses del nuevo año tomará lugar en México. Será la culminación de toda una odisea digna de la pluma de Le Carré al contar con espías, persecuciones, tensiones, enfrentamientos y amenazas. Gestación tan turbulenta como el oleaje frente a las rocas. Quedará ver qué sucede cuando finalmente se finiquite el lanzamiento comercial de la red mayorista que por tanto tiempo ha protagonizado la discusión de los expertos de este mercado. Indistintamente de la posición de cada espectador y del deseo que le brinde a este proyecto, el mismo comenzará a operar más temprano que tarde.

El pasado año dejó como enseñanza el increíble daño que puede hacer el prejuicio y la ignorancia hacia otros seres humanos. Fue en ese Caribe dueño de castillos, fortalezas y legendarios piratas que los frutos del resentimiento se fueron materializando. Y como dijo la poeta, esas dos islas atadas por mucho más que simple historia, recibieron balas en un mismo corazón.

Mientras la apertura que parecía tener el mundo de la tecnología estadounidense hacia Cuba se derrumbaba el mundo observaba atónito cada acto circense. El mundo de las antípodas donde la hiel se prefiere como seductor de abejas y el jingoísmo como avenida de defensa de los derechos humanos. Tal vez la carcajada incitara la amargura, si carcajada de quienes reían ante la estúpida creencia que una apertura parcial hacia la mayor de las Antillas redundaría en millones de dólares en ingresos para operadores a quienes les presentaron la isla, como la cabeza del Bautista, en una bandeja de plata.

Quienes llegaron con la quimera del dinero fácil, se encontraron con la realidad de que no se le puede vender a quien no tiene con qué comprar.

Al otro extremo del Caribe verse sumidos en las oscuridad apuntaba a ser el catalítico necesario para que las autoridades locales logren entender la importancia de las TIC. Apenas unas voces hablando en silencio pero con la esperanza de ser escuchados. Ante el vacío de liderazgo fue la industria privada quien comenzó a levantar la infraestructura sin esperar a cambio de humillaciones una ayuda precaria e insuficiente.

El camino de las TIC queda bastante claro, no hay que esperar instrucciones externas para comenzar a desarrollar desde un plan logístico ante desastre hasta una integración de la tecnología en el diario vivir de los puertorriqueños. No hacerlo sería exacerbar en los años venideros la presente crisis económica que durante décadas los incompetentes gobernantes de la más grande colonia del mundo han creado. Algo debe quedar claro, no importa cuál sea el destino político final de la más bella de las Antillas, sin un plan de desarrollo económico cuyo tuétano sea la tecnología, cualquiera de las tres soluciones planteadas –  independencia, integración como estado federado a los EEUU o libre asociación – es inviable.

¿Si en lugar de esperar ayuda externa, se comienza localmente a trabajar para el desarrollo? Si llega la ayuda, excelente, si no llega ya la solución a muchos problemas se encuentra en marcha. El problema colonial de Puerto Rico no es dialectico, es de comportamiento. Ningún país soberano, como tampoco ningún estado de la unión espera que el gobierno federal de Estados Unidos resuelva todos sus problemas. Todo comienza a nivel local.

Un elemento que no debería variar en la región es la necedad en prioridades. Es más importante entrevistar a las participantes de un concurso de belleza que transmitir imágenes de infantes que mueren de sed en distintos puntos de nuestra América Latina. Una reina en bikini genera más interés que un premio nobel, transmitir un gol toma prioridad que ayudar a un orfanato, ver un cuadrangular supone histeria nacional. ¿Qué político desea una foto con un niño famélico si la alternativa es una hermosa joven que llevará orgullosamente los símbolos patrios?

Todo esto no importa. Lo relevante es poder obtener esas imágenes y distribuirlas por todas las plataformas de contenido existentes. Capturar la atención del usuario antes que lo logre la competencia, hacerlo aún sin contar con un plan de negocio que reditúe toda esta inversión. Igualmente deberían comenzar los grandes cambios en la distribución de contenidos.

La fragmentación en la producción de contenidos junto al incremento en vías de su consumo lleva al usuario a un reordenamiento forzado de todos sus hábitos de consumo para integrar desde aplicaciones y videojuegos hasta contenidos audiovisuales que obtiene de la televisión abierta, las videotecas tipo Netflix, canales en línea y televisión restringida. El día sólo cuenta con 24 horas y los seres humanos también necesitan dedicar tiempo a otras actividades como comer, trabajar o simplemente dormir.

Dicho de forma sencilla, seremos espectadores del arte de la consolidación en este nuevo mundo multiplataforma donde los actores no tradicionales dejarán de ser simples molinos de viento.

Dando un paso atrás para revisitar una promesa incumplida por casi dos décadas, la gran mayoría de los operadores móviles virtuales continuarán sin lograr sus expectativas de crecimiento iniciales, solo aquellos que entiendan que el mercado ha cambiado y que los ejemplos de éxito en Europa, Asia y Estados Unidos de la pasada década poco sirven para el presente latinoamericano tendrán posibilidad de encontrar el éxito.

Hay que enfrentar el nuevo paradigma entendiendo el presente y de esta forma no volver a caer en los grandes errores regulatorios de las leyes para operadores móviles virtuales de Chile (2005) y Brasil (2010). Competir en precio, dando prioridad a seres humanos o servicios de voz se vuelve una apuesta más peligrosa en un mundo inalámbrico cada vez más IP.

Las tuberías, virtuales o no, necesitan transportar algo o correr el riesgo de ser relegadas al olvido.

La preocupación del desenlace de la novela de los contenidos tiene un capítulo especial, de esos que todos rehúsan admitir ver pero como voyeurs son incapaces de apartar sus ojos cada vez que surge el tema. Así como las series de narcotraficantes parecen impulsar el interés en contenidos audiovisuales producidos en América Latina, la discusión del apagón analógico de la televisión digital es como azúcar al lado de un hormiguero.

Tema político desde su fase embrionaria, ha sido protagonista de todo tipo de discursos a nivel regional. Desde los desvergonzadamente mentirosos que aluden al desmantelamiento total de la red de televisión digital terrestre (TDT) de los Estados Unidos para seguir un estándar diferente, hasta alegaciones de la falta de interés de la población en un servicio que muchas veces no ha utilizado. Pero más allá de corsarios disfrazados de expertos o consultores plagados de desconocimiento, la realidad de la TDT en América Latina pasa por otro lugar: el enfrentamiento de intereses mediáticos con el de intereses políticos.

Hasta el momento hemos contemplado un estancamiento placentero para ambas partes, con el sector gobierno dándose palmaditas en la espalda al clamar desde un 60% a un 80% de cobertura de la señal digital. Pragmáticamente esto implica cubrir 10 ciudades o menos casi todos los países de América Latina. Lo difícil es cubrir las áreas que no pertenecen a las grandes urbes metropolitanas del país.

Sin embargo, la innovación tecnológica no se detiene. Los frenos que va encontrando la migración hacia TDT enfrentarán más temprano que tarde una verdad ineludible: ya no se fabrican televisores analógicos. El recambio natural de equipos llevará a más de una administración a acelerar sus planes de apagón analógico, arriesgando caer en la improvisación y mal manejo del proceso. Simplemente es una bomba de tiempo para todos aquellos que no contemplan comenzar a apagar señales durante el 2018, como ya hizo México, hace Brasil y promete hacer Panamá.

Precisamente Brasil se presenta como un mercado que en los próximos años podría continuar con su estrategia nacional de posicionarse como líder tecnológico de América Latina en el lanzamiento de 5G. Ya en el pasado utilizó eventos deportivos para mostrar al mundo la presencia de redes LTE con amplia cobertura urbana en momentos que la misma tenía grandes lagunas en distintos mercados europeos. A diferencia de otros países de la región, en Brasil hay distintas iniciativas que unen al sector académico y al privado en el desarrollo de esta tecnología. Tanta inversión de recursos obliga a pensar que hay metas internas en Brasil para ser el primer país de América Latina en lanzar 5G. Si el lanzamiento es TDD o FDD es otro cantar.

Asimismo, es de esperar que la aparición de redes 5G alrededor del mundo lleve a muchos expertos, servidores públicos y todólogos a exigir su llegada al país donde viven. Aquí encontraremos nuevamente esa dicotomía analítica tan latinoamericana, si se llega a ser de los primeros mercados de América Latina en ofrecer comercialmente 5G algunos se quejarán por ser improvisados o conejillos de indias. Si se tarda un poco y lanza junto a la mayoría de la región la protesta será por ser poco innovador.

¿Vale la pena hacer inversiones cuantiosas si no existe una demanda para la tecnología? Pregunta que evoca la nostalgia de un buen vino frente a la costa de Montevideo en Uruguay. ¿Ha servido a este tetracampeón mundial ser pionero en la innovación tecnológica de telecomunicaciones de América Latina? Ni siquiera los expertos locales se ponen de acuerdo, lo mismo he de esperar del resto de la región.

Otra alternativa, poco usual en las discusiones de la industria, es pensar en las oportunidades no comerciales que presenta el 5G para países que necesitan urgentemente incrementar la conectividad de su territorio. Guyana, por ejemplo, pensaba con LTE fijo conectar a toda la población del interior del país en un proyecto que eventualmente fue abandonado. Hacerlo con 5G, con su baja latencia, permitiría la oferta de servicios avanzados de tele-salud mejorando la calidad de vida de las personas. Colocar en el Caribe Oriental conexiones 5G de punto a punto como enlaces internacionales de tráfico permitiría en islas cercanas como Anguilla, Antigua & Barbuda y Sint Maarten conectarse entre sí sin necesidad de fibra óptica o como redundancia a la misma.

Una de las verdades que pocos apreciarán en los meses venideros es la mejora en la oferta de servicios gracias a la expansión de las redes de banda ancha e incremento en velocidades que experimentarán los consumidores gracias a la implementación de mejoras técnicas a las redes existentes. La cobertura geográfica de las mismas continuará creciendo aunque no a un ritmo acelerado. De todas formas, el incremento en uso de servicios en línea impulsará un crecimiento exponencial en el tráfico de datos por las redes que a su vez aumentará la necesidad de más capacidad de redes de transporte.

El aumento de tráfico no será solamente interno, el incremento exponencial de tráfico a destinos internacionales podría convertirse en otro dolor de cabeza para los gobiernos de la región. Aunque iniciativas existentes de almacenar datos localmente como ya se ha visto en las Islas Vírgenes Británicas o Belice son parte de la solución, es imperativo un incremento en la cantidad de banda ancha desplegada a nivel nacional para enfrentar los desafíos futuros.

El despliegue de fibra internacional ya se observa con planes de incrementar la presencia de fibra óptica submarina tanto en el Caribe conectando entre otros mercados como República Dominicana, Haití, Trinidad & Tobago y Aruba con Colombia, Panamá, Islas Caimán y los Estados Unidos, entre otros. Al sur, Chile negocia con China por el despliegue de un cable submarino de fibra óptica que conecte a ambas naciones mientras que en América Central es Corea del Sur quien mantiene conversaciones similares con el gobierno de Costa Rica.

Así como Uruguay se conoce por ser uno de los líderes mundiales en porcentaje de hogares pasados con fibra óptica al hogar (FTTH)  – superando múltiples veces el promedio de los Estados Unidos, Suecia o Finlandia – en el Caribe países como Curazao o Barbados exhiben niveles similares de penetración. A pesar de este logro, el futuro inmediato lo que pide es fibra a la torre para habilitar nuevas tecnologías inalámbricas de alta velocidad. Sin fibra óptica digámosle hasta luego al IMT-2020.

Simultáneamente las autoridades gubernamentales continuarán por un lado tratando de limpiar nuevos bloques de espectro radioeléctrico para servicios móviles. Proceso que puede parecer y hasta sonar sencillo pero es sumamente complicado como lo han comprobado las autoridades de Colombia que no han podido cumplir la promesa original de 2013 que consistía en entregar a los operadores espectro en la banda de 700 MHz para el desarrollo de LTE.

Administrar espectro es labor desafiante, no tan sólo en la parte de limpiarlo sino en la parte de velar con que se cumplan las leyes que regulan este activo. Mientras países como Jamaica han sufrido por años la falta de interés de un tercer operador que desee comprar espectro para entrar a competir en este mercado en lugares como Perú donde se ha autorizado la creación de un mercado secundario de espectro radioeléctrico al momento de llegar una solicitud con esta finalidad la misma es ignorada como parte de un artilugio destinado a incrementar el precio de una subasta que a final de cuentas terminará pagando el consumidor. ¿Cuán beneficioso es recaudar indiscriminadamente y cuán beneficioso es impulsar conectividad con tecnología de punta a nivel nacional?

Claro que hacer disponible el espectro radioeléctrico para servicios móviles por sí sólo no es suficiente para que el mismo sea adquirido por los operadores locales. Si el marco regulatorio y competitivo del mercado no soportan un sano desarrollo del sector de telecomunicaciones querer entregar nuevo espectro para recaudar fondos es baladí. ¿Alguien podría afirmar que la precariedad de las telecomunicaciones en Venezuela se debe a que los operadores no quieren comprar más espectro radioeléctrico? Desafortunadamente durante los próximos meses es más factible que la oferta de servicios de telecomunicaciones en Venezuela empeore ante la falta fondos para pagar contenidos e importar equipos necesarios para el mantenimiento de las diversas redes.

Cabe mencionar que la injerencia de las autoridades en temas de competencia, interconexión, multas y concesiones protagonizará muchos diálogos y más de un altercado. Siempre aparecen los expertos que critican localmente lo que alaban al visitar otros países, como también quienes caen en la trampa de confundir relaciones públicas con análisis serio del sector.

Los próximos meses traerán consigo numerosas interrogantes regulatorias, como por ejemplo, ¿cuál es la viabilidad de exigir la portabilidad numérica en Nicaragua cuando uno de los tres operadores móviles del mercado usa tecnología propietaria y sus teléfonos no operan en el de sus competidores? ¿Por qué las autoridades argentinas se han cansado de alabar los beneficios de la convergencia, pero han hecho todo lo posible para atrasar su llegada al mercado?

¿Cuándo tendremos estabilidad en el marco regulatorio argentino que en los últimos años se ha destacado con publicar y derogar decretos sobre el sector de telecomunicaciones, creando y destruyendo entidades para la administración del sector? Es imposible, desde mi perspectiva tener orden en la dinámica del mercado cuando arriba lo que impera – o al menos eso se percibe – es caos.

No se podría concluir una visión general del sector TIC de América Latina y el Caribe sin recalcar que la región no vive en un vacío. Lo que ocurre en otras regiones del planeta nos impacta directa e indirectamente. Por lo tanto, durante los próximos meses más de un par de ojos de la industria local se enfoquen en los Estados Unidos para ver cómo se desarrolla en el Congreso de ese país el debate de neutralidad tecnológica que tanto interés ha generado en la población estadounidense. Tema que será discutido por muchos senadores y congresistas que enfrentan elecciones para su reelección en el 2018.

Esa discusión no disminuye el impacto que podría tener el desarrollo de la estrategia Europa Digital 2020 en la discusión de un mercado digital único en una región que carece de un ente regulatorio supranacional donde una ley tiene que ser implementada por todos los estados miembros de la Unión Europea lo que hace muchísimo más fácil cualquier iniciativa de homologar procesos digitales en América Latina y el Caribe – exceptuando lugares como la Guyana Francesa, Martinica, Guadalupe, Saint Martin, Saint Barths, Bonaire y Sint Eustatius.

Mientras todo lo anterior sucede, los medios seguirán enfocados en los grandes operadores, aunque sean pequeños operadores la única alternativa para millones de familias en la región.

Y como siempre digo al terminar de hablar de telecomunicaciones, nunca olviden que un padre de familia antes de pagar la cuenta de teléfono, pagará por un pedazo de pan para alimentar a sus hijos. Los problemas de conectividad son mucho más profundos que lo que muchas veces nos han hecho entender.

Yo sólo les deseo en 2018 mucha salud, paz y amor.

Referencias

Todas las imágenes de Pixabay.