Hace ya varios meses que Puerto Rico fue impactado por el peor desastre natural de su era moderna. Desde entonces los líderes de turno se han ido evolucionando su acercamiento a la situación actual. Promesas de recuperación no cumplidas, acusaciones de desidia y una policía que se ha mantenido por largos periodos de tiempo sin cobrar luego de interminables jornadas laborales. Esa es la nueva normalidad de la isla.

Sin embargo, nada es tan indignante como las mentiras que se dicen a la prensa. Quien no ha viajado a San Juan se piensa que la ciudad capital está completamente recuperada, que los daños han sido reparados y que muy pronto lo mismo ocurrirá con el resto del país. Mentiras que se develan al transitar por calles sin semáforos, con un alumbrado que no funciona y con escombros visibles en múltiples lugares.

Sí, la situación es un paraíso comparado con el 21 de septiembre de 2017 pero dista muchísimo del 5 de septiembre de ese mismo año, antes de la llegada del huracán Irma que, por alguna extraña razón, ha sido olvidado a pesar de haber dejado a cerca de un millón de personas sin electricidad. Muchas de ellas desde ese entonces se encuentran viviendo sin ese servicio básico para una sociedad que se vende en el exterior como con mejor infraestructura que la de sus vecinos. Imposible sostener ese argumento por mucho tiempo.

Un experto argentino en economía digital menciona en sus presentaciones que la electricidad es ese insumo necesario para progresar en la nueva economía. Una economía que no se dará de la noche a la mañana pero en la que cada día es importante en términos de interacción con nuevas aplicaciones, nuevas soluciones tanto para el individuo como para las empresas y el gobierno.

Que tristeza daría al Dr. Alejandro Prince saber que en medio de ese Caribe que le es tan grato, Puerto Rico aún tiene a cientos de miles de personas sin electricidad. Muchos de ellos con las vías principales a sus hogares opuestos de trabajo intransitables y con las escuelas de sus hijos sin servicios básicos. Como hablar de una economía 4.0 en un entorno donde el gobierno no ofrece electricidad a prácticamente la mitad de las torres de telecomunicaciones del país.

A estas alturas de mi vida me importa muy poco cuál es la visión sobre la definición del status que tiene cada candidato a un puesto político en Puerto Rico. Lo que me gustaría ver es un plan concertado que busque el desarrollo económico de la isla independientemente de que la idea surja de una persona con ideología distinta al funcionario público de turno.

Sin embargo, las pasadas semanas me dejan claro que esto no ocurrirá. He visto oportunistas vestidos de servidores públicos defender a Trump alegando que no se le puede llamar anti-hispano. He leído como desde Washington DC se pide más tiempo para analizar el proceso de referéndum para que localmente no hagan caso y, repitiendo los errores del pasado, prosigan con una farsa que independientemente de cómo la deseen llamar se reduce a ser una encuesta de varios millones de dólares. He visto como se adopta una actitud donde los problemas siempre tendrán una solución que proviene del extranjero.

Cosas que no suceden ni en estados de Estados Unidos que atraviesan una tragedia o en países independientes que pasan por lo mismo. El viejo adagio del “ayúdate que yo te ayudaré” no parece aplicar en este caso.

También he visto personas que supuestamente son sacrificadas en su trabajo como servidor público defender el nepotismo existente en distintas agencias de gobierno. Cosas que en cualquier país serio deberían dar lugar como mínimo a la impugnación del cargo político de los perpetradores, o hasta cárcel en casos más extremos. Tanta parálisis en una nación donde los sueldos de la gran mayoría de los alcaldes superan los US$ 100 mil anuales y el de algunos jefes de agencias de gobierno llegan hasta el cuarto de millón de dólares.

Escucho las mismas mentiras de siempre y hasta he llegado a pensar que más de uno debe estar lamentando la muerte de Fidel Castro pues ya no pueden decirle al pueblo que si no gana su formula el vendrá a invadir la isla. También he visto nuevas mentiras – para engañar al pueblo la creatividad nunca falta – que me responden la gran pregunta de por qué el gobierno no audita la deuda del país o por qué el gobierno federal, o sea el dueño de Puerto Rico, no impone un auditoria sobre la deuda creada por su propiedad durante los 65 años que el territorio ha gozado de autonomía limitada.

(Aquellos que se puedan ofender de que llame a Puerto Rico propiedad y a Estados Unidos el dueño les recuerdo que simplemente me baso en la definición de la relación según lo estipulado en el artículo IV, sección y clausula 2d de la Constitución de Estados Unidos.)

Ahora yo me pregunto, ¿qué ha cambiado desde la victoria (97% de quienes votaron) de la fórmula de la estadidad en junio del 2017 en una cara encuesta que tuvo un 78% de nivel de abstención? Por lo pronto sí se ha cumplido la promesa, luego de tantas décadas escuchando a líderes anexionistas hablar del Plan Tennessee, lo han implementado ante un congreso de mayoría republicana y con un presidente republicano. ¿Acaso la plataforma de Grand Old Party no incluía entre sus promesas favorecer la estadidad para Puerto Rico?

Personalmente me interesaría saber cuál será el Plan B cuando el gobierno de EEUU nuevamente esgrima una excusa y no acceda a considerar a Puerto Rico como su estado 51. Puedo equivocarme y la estrategia del Plan Tennessee funcionar para convertir a Puerto Rico en el primer estado donde la inmensa mayoría de la población no habla inglés, pertenece a una minoría étnica y económicamente tiene a más del 46,2% de la población viviendo bajo niveles de pobreza y 38,6% de los hogares recibiendo algún tipo de asistencia económica gubernamental – ambas cifras del Negociado del Censo de Estados Unidos.

La necesidad de establecer una estrategia de desarrollo económico integral para Puerto Rico no es algo que responda a una relación política con Estados Unidos específicamente. Todas las alternativas desde ser estado, independiente o hasta una relación de libre asociación van a precisar como requisito una gran mejora en el nivel de vida de los puertorriqueños. El status del país, independientemente de las promesas de los políticos, solo cambiará cuando mejore la economía y la economía para mejorar tiene que aprender a que no todo se financia con dinero federal. Si esta sencilla lección no se aprende, el futuro de la isla tiene tonalidades bastante grises..

Mientras esas historias de fantasía otorgan millones de dólares en contratos de asesoría y consultoría para exfuncionarios públicos, sus amigos y familiares a mí me gustaría ver un plan criollo de como impulsar el desarrollo de Puerto Rico. Como integrar a la isla a la economía digital, como implementar las nuevas tecnologías a todos los sectores productivos de la economía y repensar la educación para que en los currículos se dé la importancia que merece a las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) como ya se hace en numerosos países alrededor del mundo.

Hablo de un plan que integre la digitalización de servicios en los distintos segmentos verticales de la economía para mejorar eficiencias y productividad. Sin embargo, lo que he podido ver no existe plan alguno a largo plazo para lograrlo. Prima la foto sonriente del político de turno que vela más por su agenda personal que por el futuro de la isla.

Por lo que me pregunto nuevamente, ¿cuáles son las prioridades de los funcionarios públicos de Puerto Rico ante el desastre de María, el debacle de la deuda y la falta de competitividad de la isla en la economía mundial? ¿Por qué ningún funcionario público del gobierno en turno ha salido a explicar las repercusiones del impuesto a importaciones de Puerto Rico implantado por la administración republicana de Trump? ¿Por qué nadie de la oposición presenta un plan de desarrollo de qué hacer ante esta nueva realidad?

Aparentemente las prioridades de los gobernantes son tomarse una foto en el avión presidencial, implementar el Plan Tennessee enviando a 2 senadores y cinco representantes a reclamar su lugar en el cuerpo legislativo estadounidense (si no hay conflicto con su agenda personal). La urgencia de la recuperación parece haber pasado, ahora es el mismo debate inútil sobre la solución política final para la más pequeña de las Antillas Mayores. Toda posible solución a la tragedia económica que estamos viviendo, que tiene como síntoma una emigración que desde mediados del siglo XX no se observaba – con fuga de cerebros incluida – parece que tiene que ser propuesta por el sector privado u ONGs interesadas en el bienestar del país.

Como he escrito en diferentes lugares, no se ha dado a conocer públicamente una estrategia integral para la promoción de las TIC, solo simples sugerencias tan profundas como decir el agua moja y el fuego quema. Hablar a estas alturas de la necesidad de crear una plataforma de gobierno electrónico para Puerto Rico donde todas las agencias puedan comunicarse entre sí y se digitalicen procesos, ahorrando tiempo y dinero a los ciudadanos, es una idea de finales del siglo XX.

Hay una verdad irrefutable, para salir del estancamiento económico en el que se encuentra la isla hay que abrazar la tecnología en todas sus facetas y aspectos. Mientras se hablan de edificios o ciudades inteligentes tendría Puerto Rico que plantearse una estrategia de tenga como objetivo final ser una isla inteligente y ver como la tecnología puede servir para impulsar la agricultura, mejorar la educación y transformar el sector de salud.

Como mencioné anteriormente, debe haber un mayor énfasis en el entrenamiento y educación de carreras relacionadas a la tecnología que permitan a una persona residente en Puerto Rico poder incrementar su mercado laboral a otras fronteras al trabajar remotamente. Crear oportunidades al desarrollo local de aplicaciones y tecnología, impulsar en las universidades la oferta de distancia de títulos universitarios.

Imposible desarrollar un país si en lugar de invertir en la educación y creación de oportunidades. Lo único que parece importar es decir cuánto dinero vamos a recibir del extranjero. Si se recibe perfecto que se invierta con la mentalidad de que ese flujo no siempre estará presente. De esta forma, si un día se corta esta financiación (que no es gratis ni por gracia de Dios) hay un desarrollo local que nos ayudará a seguir moviéndonos adelante. Esto aplica para cualquiera de las ideologías en las que actualmente se divide la población.

Sin embargo, hay un gran obstáculo que impide que el mérito sea quien dicte el futuro de la isla. Un obstáculo que impide a los expatriados más capaces puedan mirar atrás y decir pueden regresar gracias a las oportunidades que se le ofrecen para superarse y seguir creciendo en cada una de sus especialidades. Puerto Rico produce muchísimo talento en todas las áreas, pero gran parte de este talento se va en busca de oportunidades a otras tierras. El obstáculo es la corrupción, falta de transparencia y dar más valor a los contactos de una persona que a su mérito al momento de asignar presupuestos o contratos.

Me sorprende bastante como no hay mayor indignación ante muchos políticos que usan el dinero público para pasearse y hacer contactos (siempre pensando en la práctica privada futura) dentro del gobierno federal de Estados Unidos, mientras que localmente cada vez hay menos médicos, se cierran escuelas y los hospitales recortan sus servicios.

Más que indignación, siento una rabia amarga…

Referencias

Imagen de José F. Otero.

Columna basada en una reflexión del 12 de junio de 2017.