Una de las promesas más repetida por funcionarios de gobierno al ser cuestionados sobre el sector de telecomunicaciones se enfoca en hacer todo lo posible para desaparecer la brecha digital. La famosa brecha digital se ha convertido a través de los años en un elemento tan común como los deseos de paz mundial en los concursos de belleza. Todo el mundo desea su desaparición pero pocos pueden hablar abiertamente de los grandes desafíos que se deben afrontar para combatir la aparente estratificación de la población en castas digitales.

Cuando se escuchan tales promesas siempre hay que estar atentos a cuál es la definición de turno. ¿Cómo podemos asegurarnos que se ha cumplido un objetivo si no conocemos la definición del problema a resolver? Mientras en algunos lados se puede ser ya sea inescrupuloso o simplemente desinformado y limitar la brecha digital a la ausencia de acceso a Internet, centrando la solución al problema en el regalo de dispositivos de todo tipo que tienen como punto común el poder conectar al usuario a Internet.

Es por esta misma razón que primero habría que comenzar por disipar las creencias erróneas que existen en torno al concepto de brecha digital. Estas dos palabras no se limitan a la cobertura de una tecnología, hace años que ese punto tan básico ha sido sobrepasado aunque el mismo no se ha cumplido en ningún país de las Américas. Ese precisamente es el peligro de estar a la moda e ir evolucionando las políticas públicas para dar la impresión de etapas culminadas vendidas como logros alcanzados en materia de desarrollo digital. Parece ser más importante evolucionar el foco sin cumplir con los objetivos iniciales – resalto que evolucionar mientras se trata de cumplir con objetivos iniciales no son elementos excluyentes.

La brecha digital tampoco se limita a regalar dispositivos en escuelas. Esta es una medida simplista y mayormente irrelevante si el regalo no va acompañado de medidas que sirvan para potencial el computador o la tableta que se entrega a los estudiantes y docentes. Claro que para hacer política y vender una imagen de avanzada ante la prensa no hay mejor fórmula que la sonrisa de un “nuevo niño conectado”. Pensar que la magia de entregar solo un computador llegó hasta el punto de quienes advocaban a lanzarlos por helicóptero en zonas remotas para que por obra y gracia del ser supremo de turno las personas de la localidad se digitalizara.

La estratificación en castas digitales va más allá del acceso a Internet e incluye elementos tan básicos como el uso de aplicaciones y desarrollo de aplicaciones. Pero no todos los elementos son puramente engendros del mundo binario, entrar a Internet sin conocer alguna de las lenguas de origen europeo que se hablan en América implica que la persona no tendría acceso a alrededor del 65% del contenidos y si su idioma es indígena la posibilidad de acceder a contenido se reduce casi al 100%.

La llegada de nuevas generaciones de tecnologías tienen como consecuencia el mejorar la oferta de servicios y viabilizar el lanzamiento de otros más avanzados que hacen la vida del usuario más fácil. Por otro lado, expanden la brecha digital existente entre aquellos seres completamente digitalizados y los otros que viven entre la frontera del mundo analógico y digital.

Tecnologías como 5G junto al incremento en capilaridad de redes de fibra óptica y DOCSIS en los hogares solo sirve para ampliar muchísimo más a los ricos digitales de los pobres. Ya no es tan solo la capacidad de comunicarse, la falta de una conexión de alta velocidad impone un atraso ficticio aún a aquellas personas que quieren progresar por medio de las herramientas que ofrece el Internet. A nivel gubernamental la diferencia en la adopción de nuevas tecnologías puede tener como consecuencia se mide en términos de transparencia, eficiencia y menores niveles de corrupción. En otras palabras, no se trata de brindar acceso para que las personas puedan enviar correos, ver videos de música o enterarse de los resultados deportivos de su equipo preferido.

El panorama empeora cuando comenzamos a hablar de los dispositivos que tienen que estar conectados. Las aplicaciones más avanzadas siempre llegan con los teléfonos inteligentes más modernos y costosos. Los gobiernos no lo quieren admitir pero la guerra en contra de las numerosas brechas digitales es una sucesión de batallas perdidas a corto plazo. ¿Cómo exigirle el mismo tipo de conexión para todos sus ciudadanos a gobiernos que no han podido eliminar la pobreza extrema? ¿Cómo pretender que vamos a digitalizar a la sociedad cuando los sistemas sanitarios y el acceso al agua aún no son provistos a gran parte de la población? O visto desde otra perspectiva, ¿cuánta credibilidad tiene quien promete acabar la brecha digital pero se hace de la vista larga cuando el tema es pobreza?

El discurso de la conectividad y los esfuerzos para eliminar la brecha digital no deben quedarse en puro verbo, deben complementarse con acciones. Hay un mensaje que los funcionarios de gobierno y los expertos en temas de tecnología sí divulgan teniendo toda la razón: el destino de los sectores productivos de la economía pasa por la digitalización. En otras palabras, esté o no esté conectada toda la sociedad; estén o no estén educados todos los ciudadanos sobre la importancia del Internet, la digitalización que comienza a hacerse realidad en muchos rincones de América es inevitable.

Ningún país desea exacerbar las asimetrías existentes en su población en cuestión de poder adquisitivo, escolaridad y acceso a infraestructura básica con la falta de conocimientos sobre la vida digital. Es por esta razón que cualquier plan de conectividad debe hacer una radiografía de cada una de las localidades políticas que la componen desde el municipio hasta el estado para de esta forma poder establecer las iniciativas apropiadas para cada jurisdicción.

El acceso a Internet no tan solo sirve para comunicar a las personas entre sí, los gobiernos deben aprovecharlo para establecer una mejor comunicación con sus ciudadanos. También permite la digitalización de procesos que reducen el tiempo de espera de días u horas a pocos minutos, con la ventaja de siempre dejar un registro digital de la transacción. El poder conectar a las personas ofrece beneficios como impulsar la bancarización que a su vez permite líneas de crédito que pueden utilizarse para mejorar la calidad de vida de las personas.

Por todo lo anterior es importante estar consciente de que la pobreza, la inequidad y la injusticia son realidades asimétricas que impactan a la población de distintos estados de un país de forma diferente. Entonces sería miope tratar de implementar una solución simétrica a las necesidades digitales de la población. Hace falta menos verso sobre las necesidades del pueblo y más acción que comprenda que el acceso a Internet de alta velocidad impacta positivamente a los más pobres en servicios de salud, interacción con agencias de gobierno, energía y educación, entre muchas otras cosas.

Nos acercamos peligrosamente al establecimiento de un sistema de castas digitales, siendo el próximo paso la esclavitud digital. Tomar medidas para prevenir este desenlace son acciones que apuntan al mejor interés de todos.

Realmente, no debería ser tan difícil comprenderlo.

Referencias

Las imágenes son de Pixabay.