La lógica que dicta la irracionalidad parecería indicar que los próximos meses estarán llenos de sorpresas para todo aquello que esté relacionado con las tecnologías de información y comunicaciones (TIC).  Algunas serán resultado de la normal tradición de este sector en incitar asombro, otras germinarán como resultado de las semillas de incógnita que parecen abrazar la tierra con cada nuevo trino de una red social.

Hay que admitir que el camino es llamativo. Pero no todo lo que causa interés tiene la bondad de una caricia. Simplemente imaginen la realidad sucediendo como en las pesadillas en las que el protagonista camina por un museo donde las obras carecen de un marco, y al despertar se encuentra con el deshoje de un libro de leyes. Ahora imaginen que cada papel tenga nombres familiares de entidades interesadas en la aprobación de adquisiciones y fusiones que alterarían completamente la dinámica competitiva del mundo de las TIC. ¿Divertido?

Imagino que la incertidumbre no es bienvenida en asuntos del hogar, especialmente si éste se encuentra ubicado en el mal llamado patio trasero de una mansión que urgentemente pide reparaciones. No se puede utilizar plastilina como pegamento, ni un pedazo de cuerda puede hacer el mismo papel que unos clavos.

¿Qué importa si los daños son internos? Lo que la gente no puede ver no nos afecta y al final de cuentas, solo tenemos que encargarnos de la fachada principal por unos cuatro años. Mientras tanto, es importantísimo contar con electricidad para poder mostrar las bondades de una nueva generación tecnológica. Siempre resaltando que somos los primeros, que buscaremos nuestra grandeza olvidada y sonriendo les diremos que nos extiendan por cuarenta y ocho meses más el alquiler.

La oposición y los exabruptos los achacamos al que en el público veamos diferente, al que rompa con esa visión homogénea que erróneamente creamos para estar más cómodos. Cuando la masa puede enfocar su odio y frustraciones en alguien específico, por alguna extraña razón dejan de cuestionar. No es un juego de razón o justicia, es de supervivencia entre lo diferente y lo cotidiano.

Hay que salir victoriosos. Esa es la consigna ante un mundo en guerra no declarada por la supremacía de las TIC. Ese quinto piso tecnológico que nos llevaría a cubrir de sensores el planeta para, de esta forma, poder darnos una palmadita en la espalda al poder llamar inteligente a cada una de sus implementaciones. Recuerdan segunda y tercera versión de este mundo tecnológico capaz de cambiar su ubicación sin necesidad de cortar fibras cristalinas ni nudos cobrizos que las aten a una geografía.

En esa época, los antiguos corsarios se habían unido a los paganos para intentar crear una mansión superior a la nuestra. Su éxito inicial fue tal que hasta las antiguas dinastías de oriente intentaron entrar a la competencia tardíamente. La estrategia era ganar con números lo que nosotros queríamos ganar con calidad, diseño y liderazgo.

Al final, la superioridad de ser escogidos por lo divino se impuso nuevamente y los vándalos huyeron a sus trincheras. Esto no implica que el camino hacia esa ansiada utopía tecnológica se haya suavizado, el camino está lleno de dificultades creadas por los habitantes de ese patio trasero desagradecido de saberse cerca de nosotros. Una cercanía que permite a Dios estar tan lejos, trabajando en cosas que sí merecen la pena.

Por esta razón, mientras protestan (siempre protestan por algo, son tan predecibles…), la encomienda a todos los que disfrutan el privilegio de estar en la gran mansión ha sido crear historias y buscar la forma de distribuirlas. Utilizar eso que los autodenominados expertos del mundo de las finanzas describen como “desarrollo y distribución de contenidos”, pues si algo le aprendimos tanto a los romanos como a la oculta historia de nuestra insolente propiedad es que no hay nada que supere el don de las historias, es por eso que somos convencidos del poder del pan y circo, pero versión digital.

Los expertos narran nuestro deseo de manera poco romántica, dizque precisa:

“Como en toda evolución normal de un sector productivo de la economía, la oferta está llegando a niveles que superan ampliamente la demanda. La proliferación de canales exclusivos de desarrollo y distribución de contenidos culminará inevitablemente en un proceso de fusiones y adquisiciones que alterará nuevamente el panorama que se tiene de la industria.

La entrada de operadores no tradicionales a un mundo acostumbrado a prestadores de servicios de acceso será un fuerte quiebre en el paradigma existente de relación proveedor-usuario.”

Tanta palabrería para comunicar un cambio de paradigma donde quien controla el mensaje, controla las mentes y las tuberías ya no son necesarias para transportar los conceptos que celosamente hemos guardado por más de doscientos años en nuestra cómoda mansión. Hay que impulsar la vorágine, pues siempre de aguas turbulentas es que nos hemos beneficiado, y con la llamada convergencia lograremos de una vez por todas crear los cimientos necesarios para ese idóneo hogar que nos espera cuando, luego de cuatro u ocho años, abandonemos una linda fachada con cimientos de plastilina.

No creo que lo descrito aquí suceda pacíficamente, como en toda guerra habrá bajas y yo estoy dispuesto a sacrificar a cualquiera de mis lugartenientes para alcanzar mis objetivos. Mientras esto sucede, la receta que nunca ha fallado es continuar promoviendo el caos y culpar a otros de nuestras propias falencias. Ya luego veremos cómo utilizaremos las nuevas artes tecnológicas para funciones bélicas y si vale la pena hacer sentir bien a unos cuantos vecinos al visitar el jardín (al menos así les diré que lo llamo) para, de esa forma, hacer que se alineen con la mansión en una serie de políticas predeterminadas donde tendrían el privilegio de contar con voto, pero sin voz.

Entonces escuché un fuerte ruido y desperté…

Referencia

La imagen es de Pinterest.