Hay ocasiones que la distancia es terapéutica. Actúa como elixir medicinal ante las tempestades de la cotidianidad. Personalmente lo que me llama la atención es uno de sus posibles efectos secundarios: poder reflexionar acerca de los momentos que poblaron al pasado cercano.

Durante este proceso se llegan a quebrar dogmas y las verdades irrefutables comienzan a tener la misma validez que los errores que identifica el experto narrador luego de concluir un partido. Siempre ha sido más fácil ser espectador que protagonista.

Los beneficios de la distancia se pueden aplicar a las distintas facetas de nuestra vida. Tanto en el plano familiar para ver las cosas con una perspectiva más fresca, como en el profesional para descargar los presiones y poder evaluar nuevamente alguna tensión laboral.

En el mundo de las telecomunicaciones sirve como abanico que dispersa el humo o faro que ilumine la niebla que siembran algunos comentarios. Lo que queda claro es que con un poco de distancia al pensar en telecomunicaciones se puede respirar con calma y hasta llegar a cuestionar inocentemente varias aseveraciones defendidas a tinta, sangre y billetera.

¿Cómo es posible que todas las predicciones de cataclismo no se hayan cumplido en la industria? ¿Qué pacto diabólico que desconocemos nos ha librado de regresar a vivir en las cavernas? ¿Cuál será el costo que tendremos que pagar en los próximos meses por no haber cumplido con la receta que dadivosamente nos impartieron para combatir el mal de la desconexión? ¿Acaso los modelos extranjeros llegaron a ser implementados y no nos dimos cuenta?

Lo cierto es que los cuatro jinetes del apocalipsis parecen haberse jubilado. Siendo justos algunos avisos sobre la lentitud en el desarrollo del sector de las telecomunicaciones han sido merecidos. Por ejemplo, no se puede negar que en América Latina hacen falta más conexiones de banda ancha de alta velocidad o que se incremente el porcentaje de la población que tiene acceso a conexiones de fibra óptica.

Tampoco es descabellado pensar que va en detrimento del desarrollo regional la falta de disponibilidad de cursos técnicos que promuevan el desarrollo de conocimiento en tecnologías de información y comunicaciones (TIC) para evitar una escasez ante el incremento en demanda por este tipo de profesionales en los próximos años.

Aunque admitirlo sea doloroso hay que reconocer que en algunos escritorios de la región existe la mala tendencia de manipular estadísticas para presentar una realidad en papel muy distinta a la que millones de personas viven día a día. Esto ocurre ya sea con comparaciones ridículas que no hacen ningún tipo de sentido o dando prioridad a aquellos datos que presentan un buen panorama. Todo vale si el objetivo es la foto del interlocutor junto a un niño sonriente por parte de la prensa.

No quisiera pensar que el realismo mágico ha traspasado sus fronteras literarias para hacerse presente en los informes sobre el progreso de las telecomunicaciones. No quiero imaginar a los niños dibujando fantasmas en paredes en blanco ni una biblioteca que contenga todas las leyes reales e imaginarias del universo. Me niego a pensar que las corporaciones sean las que imponen los nuevos gentilicios o que los niños decidan llamarse como agencias de gobierno. De todas formas, es muy difícil evitar pensar que muchos análisis de telecomunicaciones me parezcan tan parecidos a narraciones fantásticas provenientes del sur.

La diferencia es que mientras nuestros cuentistas, novelistas y poetas maravillaban al mundo con su obra (aún aquellos excesivamente criticados en sus países de origen), muchos expertos del mundo de la tecnología nada oriundo de América Latina parece tener valor o sentido. Tratan constantemente de imponernos la creencia de que somos ciudadanos digitales de segunda

Hace muchos años mientras conversaba con un viejo amigo que me decía que odiaba cada vez que escuchaba en un evento el término tropicalizar. En esa ocasión me dijo, no podemos subestimar el valor de las palabras si nuestro objetivo es progresar. Podemos mirar otros rumbos y rescatar lo que nos pueda servir, pero el camino hacia el futuro solo será lo suficientemente estable cuando los construyamos nosotros mismos.

Ayer como hoy considero muy sabias estas palabras y los invito a tomarse un descanso del sector para que puedan contemplar todo desde una nueva óptica. Claro que los invito a la paciencia y serenidad porque dudo que en los próximos meses los discursos tragicómicos de muchos expertos cambie.

Referencia

La imagen es de Pixabay.