El desarrollo y crecimiento económico son (o al menos deberían ser) objetivos de todos los gobiernos del mundo. Es por esta razón que en distintos sectores de la economía se hacen estudios constantes para ver como cierto tipo de inversión se traduce en crecimiento económico para el país. En el campo de las telecomunicaciones esto no es diferentes y por eso se menciona constantemente cifras que oscilan entre el 0,7% al 3,6% de crecimiento en el producto interno bruto (PIB) como resultado del incremento en el uso de distintos servicios de banda ancha u otras tecnologías de información y comunicaciones (TIC).

Por esta razón, las inversiones centradas en modernizar la infraestructura de telecomunicaciones para ofrecer comercialmente altas velocidades de transmisión de datos tienen como objetivo principal mejorar la oferta de servicios a clientes corporativos e individuos con alto poder adquisitivo. Por ejemplo, en América Latina las redes LTE no prestarán acceso a un gran porcentaje de la población en los quintiles económicos D y E en los próximos años. Lo mismo puede decirse de plataformas de fibra al hogar por las distintas alternativas que permite DOCSIS 3,0 o FTTx.

Para revertir esta situación es preciso que los gobiernos de la región adoptaran habilite algún tipo de subsidio que justifique la inversión para llevar infraestructura a localidades que de otra manera no serían rentables. De lo contrario estamos contemplando la posibilidad de incrementar numerosas brechas, como por ejemplo, la de no poder acceder cierto tipo de contenidos que requieren conexiones de alta velocidad. O en el caso de hospitales y centros de salud, el no poder contar con una conexión lo suficientemente robusta para implementar soluciones de tele-salud.

Sin embargo, hay temas pocos discutidos que deben considerarse al momento antes de comenzar a invertir miles de millones de dólares en el despliegue de infraestructura en zonas de baja densidad poblacional ni un poder adquisitivo limitado. En otras palabras, nos estamos refiriendo a que en muchas partes de América Latina a zonas habitadas por naciones indígenas que cuentan con sus propias tradiciones, cultura e idioma. Antes de colocar fibra óptica para mágicamente incrementar el crecimiento del PIB local, es necesario detenerse y contemplar cuales son las necesidades más urgentes de la comunidad a la que pretendemos ayudar.

Hay comunidades que ven a corto plazo mayor beneficio en la construcción de un puente que les permita cruzar un rio y de esta forma ahorrarse unas ocho horas de camino. Poder contar con la visita al menos una vez al mes de un médico (si lleva medicinas muchísimo mejor) que pueda atender a los enfermos del área.

Llegar a estas zonas prometiendo acceso a un Internet lleno de idiomas foráneos, sin contenidos en la lengua materna de los niños o textos que tengan en consideración las tradiciones del área son problemas que no se arreglan con el simple despliegue de fibra óptica o la colocación de una torre capaz de ofrecerles la mejor conexión LTE del país.

El problema que menciono no es menor pues en América Latina hay una sobredimensión de la importancia de la conectividad para el desarrollo. Es tan grande el énfasis de los gobiernos que en la mayoría de los casos se definen planes de desarrollo de telecomunicaciones que dejan a un lado temas neurálgicos como el desarrollo de contenidos, la capacitación de las personas en el uso de las nuevas tecnologías o una logística que prevea el mantenimiento de la infraestructura desplegada.

Los estados tienen una cantidad finita de fondos para invertir en diversos proyectos, si a una comunidad se le ofrece escoger entre tener acceso a agua potable o poder conectarse a Internet seguramente en la mayoría de los casos el agua saldría vencedor. Sin reemplazamos agua con electricidad, servicios sanitarios u hospitales con médicos, la respuesta aún sea en detrimento del Internet.

Esta gran diversidad de necesidades en la región sirve como oportunidad para comunicarles a las personas como el Internet, junto a la obtención de servicios básicos puede llegar a ser un elemento de suma importancia en sus vidas. Pero para esto es necesario acompañar los cables y antenas con un programa bien delineado de capacitación de usuarios que les permita mejorar su vida.

Asimismo, debido a las limitaciones presupuestales existentes es necesario explicar los beneficios que pueden tener los llamados consorcios público-privados para el desarrollo dedicando gran parte de la explicación en resaltar las diferencias de estas iniciativas con algunas de las malas experiencias como las vividas en la llamada Guerra del Agua en Cochabamba, Bolivia.

Promover el desarrollo de infraestructura de telecomunicaciones es una obligación de los distintos gobiernos. Sin embargo, su éxito dependerá en poder educar a la población de los beneficios de estar acceder a Internet sin olvidarse de atender otras necesidades básicas de la población.

Referencias

Una versión más acotada de este artículo fue publicada en el diario El Economista el 10 de febrero de 2014.

La foto es de Pixabay.