La memoria digital nos brinda momentos de gran reflexión o tontas alegrías al rememorar momentos especiales. También es la oportunidad de explorar, buscar desde la perspectiva de los años cómo hemos cambiado.

La mayor ventaja que tiene viajar, es el privilegio de conocer paulatinamente un poco más de esta América Latina tan nuestra como tan lejana. Comprender que nos vemos en todas partes y simultáneamente sorprendernos con lo distantes que nos encontramos. Entender que el mundo es mucho más grande de lo que diariamente experimentábamos en el trajín de lo conocido. Toparnos con la alegría que se observa en lugares rotundamente hermosos pero llenos de tanta necesidad. Eso nos pasa a todos los latinoamericanos que comenzamos a peregrinar por esos paisajes tan llenos de sangre, lágrimas y sobre todo esperanza…

Es esta misma necesidad de esperanza la que parece forzarnos a encontrarla en cada rinconcito de nuestra realidad y a abrigar con fuerza los discursos que desafían la lógica pero que nos hacen sentir bien. Nos gusta alimentarnos de palabras.

Las telecomunicaciones latinoamericanas no están exentas de palabrería o fogatas discursivas de autopromoción. Lo importante es el corto plazo. Para cuando exploten las irrealidades de las promesas del presente estaremos protegidos por una pensión, un nuevo termino eleccionario o simplemente demasiado ocupados tratando de vender nuevas ilusiones. ¿Por qué nos resulta tan fácil olvidar?

Simplemente no puedo evitar sorprenderme algunas promesas de la convergencia. Escuchar como a través distintas plataformas tecnológicas la población será capaz de acceder a velocidades superiores a los 100 Mbps. Indudablemente esto se convertiría a muy corto plazo en un impacto positivo para la economía.

Tal vez sea imprudente pero hay algo que no me cierra: ¿cómo en una región donde el salario mínimo promedio oscila en los US$ 250 hay quienes se atreven a decir que la gran masa podrá acceder a servicios empaquetados de tres o cuatros servicios pagando de US$ 60 a US$ 120 dólares mensuales según el mercado?

Desafortunadamente, hay mercados latinoamericanos en los que el 30% de los hogares perciben menos de dos salarios mínimos. ¿Se imaginan un hogar de 3 personas con dos salarios mínimos con un plan convergente de telecomunicaciones con conexión a Internet de 20 Mbps? ¿Cuándo fue la última vez que los profetas de la convergencia le recordaron a los medios el costo del teléfono inteligente más económico y el costo mensual para un plan de acceso a Internet móvil?

Desgraciadamente, al momento de anunciar en alta voz las maravillas del Internet o citar los resultados de los estudios hechos en Londres o New York – que demuestran el inmenso beneficio de las telecomunicaciones en la productividad de los países – se nos olvida que el costo de poder lograr esta expansión en la mayoría de los casos es demasiado alto para ser enfrentado únicamente por el sector público.

Casi adrede olvidamos que es casi imposible llevar acceso a telecomunicaciones a lugares remotos si no hay infraestructura adecuada o niveles básicos de alfabetización. ¿Sin electricidad dónde enchufas la computadora? Tampoco olvidemos que las familias con bajo poder adquisitivo (aún con evasión de impuestos) tienen que invertir en alimentos, transporte, vestimenta, medicinas y servicios básicos como electricidad para todos los integrantes del hogar. ¿De dónde sale el dinero para el famoso triple juego de telefonía, video y banda ancha?

Me rehúso a pensar que como buenos latinoamericanos pensamos que la vida es un aleph borgiano donde todas las ideologías se fusionan y que la posibilidad de un abrazo post-mortem entre los principios de inversión de Adam Smith es totalmente compatible con el beneficio de las masas predicado por Marx.

Podría ser más bochornoso, como la tarde caribeña inundada de nieve pronto derretida comprada para hacer saber a los oriundos del lugar lo que es una verdadera navidad. O que madres solteras usen el nombre USMAIL para agradecer a ese se tan especial que mes tras mes envía un cheque como pensión para mantener el hogar. Si estas realidades se dan en Puerto Rico donde supuestamente hay un nivel de vida superior al del resto de América Latina se imaginan las locuras a conocer en pos del avance tecnológico.

Lo que si tengo bastante claro son varios ingredientes necesarios para comenzar a mejorar la actualidad de las redes de telecomunicaciones regionales. Por ejemplo, las inversiones centradas en modernizar las redes cableadas e inalámbricas para ofertar comercialmente altas velocidades de transmisión de datos tienen como objetivo principal mejorar la oferta de servicios a clientes corporativos e individuos con alto poder adquisitivo. Las redes HSPA+ y LTE no prestarán acceso a los quintiles económicos ‘DE’ en los próximos años, a menos que se implemente un plan de gobierno que habilite algún tipo de subsidio que justifique la inversión para llevar  infraestructura a zonas que de otra manera no serían rentables, como también para incrementar el número de usuarios de Internet en estas localidades.

Los esfuerzos gubernamentales para expandir la cobertura de redes de telecomunicaciones son sumamente necesarios. No importa si dan énfasis en la infraestructura cableada como se observaba en la iniciativa “Argentina Conectada” o por medio de alternativas inalámbricas como la “Red Nacional de Banda Ancha” de Panamá, lo importante es facilitar el acceso al Internet. Una vez solventada esta primera barrera de cobertura, el segundo obstáculo a vencer es la disponibilidad de terminales que permitan la conexión a Internet.

Existen numerosos ejemplos de cómo impulsar la adopción de Internet: desde la implementación del Plan Ceibal en Uruguay hasta la promoción de cibercafés por parte de la RCP en Perú e INDOTEL en República Dominicana. Pero es un tercer obstáculo el que podría definir el éxito de todos estos esfuerzos: la capacitación de las personas en la utilización del Internet, la actualización de software y asegurar los fondos para el mantenimiento a largo plazo de estos planes.

En conclusión, el crecimiento de los servicios de telecomunicaciones en los segmentos de menor poder adquisitivo sólo será viable por medio de la cooperación de los sectores privados con el gobierno. Deben existir incentivos que promuevan la entrada de los operadores en las regiones apartadas del país, aunque los gobiernos tienen que comprender que para poder desplegar una red existe la necesidad de una infraestructura básica en el lugar que se pretende conectar.

Todo lo anterior teniendo en cuenta que si aspectos básicos como educación, acceso a servicios de salud y comida no están presentes, cualquier conexión a Internet pasará a un segundo plano. Siempre llega el momento donde cada ser humano tiene que comer.

Referencia

La imagen es de Pixabay.