Suena casi a cliché repetir hasta la saciedad que nos encontramos en un mundo donde las distancias cada vez son más cortas. La importancia de nuestro cuerpo, esa parte tangible que delimita geográficamente nuestra ubicación, cada vez es más superada por las distancias a las que puede llegar nuestro pensamiento.

La tecnología es la principal herramienta de comunicación que viabiliza esta compartición de ideas y la creación de un mundo donde los miembros de un grupo de trabajo puede estar esparcido a través de todo el planeta, compartiendo diariamente impresiones e ideas aunque nunca se hayan conocido personalmente.

Es precisamente en este mundo donde en unas pocas décadas se ha reconfigurado la forma de interactuar con las personas donde también encontramos grandes cambios en la producción y diseminación de la información. El concepto de “Aldea Global” parece más cercano y con atisbos de engendrar las peores predicciones de vigilancia y control de Orwell o de disparidad en acceso a contenidos que alertaba Asimov.

Si nos centramos en lo tangible, vemos cómo un mismo servicio puede ser ofrecido por distintas plataformas tecnológicas aunque con distintas estructura de costos. El resultado de este desarrollo es un incremento en la oferta de conexiones a Internet con similares características de velocidad. Y como en todo negocio, ante la replicabilidad de oferta, hay que buscar cómo colocar un detalle adicional al servicio que lo diferencie y justifique al consumidor contratarlo.

La respuesta son los contenidos. Llevar al cliente de mil y una formas distintas contenido que incite una vorágine de emociones. Recordarle que está vivo en esta época etérea y digital.

Los contenidos pueden provenir desde los rincones menos esperados, tener un gran éxito y luego desvanecerse hasta desaparecer de la memoria a corto plazo de todos. ¿Cuántos se acuerdan de Hear Music? Hablo de la empresa que hace 10 años produce el disco “Genius Loves Company” del fallecido Ray Charles, producción que obtiene 8 premios Grammy y era catalogada como la gran incursión de Starbucks en la música. Dos años después, Hear Music prácticamente había desaparecido…

Si me centro en el mundo del video, los últimos años han ido perfilándose como los del cataclismo de las tiendas que alquilaban películas y series. El surgimiento de Netflix fue una puñalada mortal para todos, desde la tienda que las alquilaba en el barrio hasta las grandes cadenas como Blockbuster. El modelo había mutado hacia uno más sencillo, barato y exitoso.

Era de esperar que este éxito sirva de catalítico para la imitación, esta vez la competencia surge de distintas fuentes desde proveedores de telecomunicaciones y cadenas de televisión hasta tiendas virtuales. Ante este incremento en competencia, nuevamente la búsqueda por diferenciarse en contenidos se reactiva llevando a que nuevos actores entren al negocio de producir películas o series.

Hasta el momento ha sido Netflix quien se ha posicionado como el principal desarrollador de contenidos no tradicionales. Pero Netflix no ha sido estático en su modelo, inicia su incursión en este espacio reinventando series que ya existían – House of Cards – y alargando las temporadas de otras caducadas en sus canales originales – Arrested Development.

Marvel Defenders Image 1

Posteriormente llega a varios acuerdos con Disney para distribuir una nueva temporada de “Star Wars: The Clone Wars” (dibujos animados) y producir al menos cinco series sobre personajes del universo Marvel, siendo “Daredevil” su primera entrega en 2015. Se espera que en los próximos años esta serie sea acompañada por series centradas en “Jessica Jones”, “Luke Cage” e “Iron Fist” para de esta forma dar el trasfondo necesario de todos los personajes que integraran la serie “The Defenders”, también a ser transmitida por Netflix.

De las numerosas series que ha producido esta empresa en mi opinión ninguna ha sido tan disruptiva como “Sense8”.

La serie trata de ocho personajes (los “sensates”) repartidos a través del mundo – San Francisco (EEUU), Ciudad de México (México), Chicago (EEUU), Londres ( Reino Unido), Berlín (Alemania), Nairobi (Kenia), Bombay (India) y Seúl (Corea del Sur) – que comparten entre si la habilidad de comunicarse telepáticamente, idiomas, memorias, sensaciones y destrezas manuales.

La comunicación ocurre en un plano dual en el que ambos individuos se encuentran de forma física y abstracta en su lugar de origen y en el de su destinatario. El resultado es un complejo hilar de sub-historias apartadas físicamente pero cuyas experiencias son compartidas entre todos. Un solo ente vive ocho vidas de forma simultánea desarrollando habilidades y experiencias distintas que lo complementan. Es un déjà vu real.

No obstante, no es la trama sobrenatural la que engancha al espectador con la serie. El gran impacto de esta serie no lo vemos tanto en la narración principal sino en la humanidad de sus personajes. La historia principal es simplemente una consecuencia de la problemática diaria de cada uno de los “sensates”.

Es aquí donde la complementariedad de cada uno de ellos se va tornando más importante. Son ocho personalidades sumamente distintas viviendo realidades antípodas pero que se llegan a comprender a un nivel íntimo. Se fuerza a replantear de forma inconsciente el debate centenario de si el ser humano nace predeterminado a ser bueno o si es el entorno en que se crea quien lo va moldeando para poder enfrentarse a la realidad. Al final de cuentas –y como se ilustra de forma más clara en los últimos dos capítulos de la primera temporada– son ocho individuos pero un solo ente que activa su sentido de auto-preservación cuando uno de sus organismos externos se encuentra en peligro.

Otro aspecto interesante de la serie son los balances y la ruptura de estereotipos. Por un lado la tecnología toma un papel secundario frente a las habilidades que poseen los “sensantes” pues a diferencia de otras narraciones, aquí es controlable y hasta un elemento de ayuda en momentos de peligro. Asume el rol neutro que le corresponde en la realidad pero que rompe con el cada vez más popular papel negativo que se da en las historias visuales.

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La ruptura de los estereotipos que hace esta serie – que hay que considerar Netflix la lanza a nivel global por sus plataformas en múltiples países con culturas distintas – la podemos ver en un “Sensate” buen hijo, alegre y optimista que tiene como héroe a Jean Claude Van Damme. Es precisamente este “bonachón” el que se ve expuesto y forzado a cometer la peor violencia de Sense8.

Por otro lado, tenemos al latinoamericano macho alfa que admite vivir una mentira por su homosexualismo. Su miedo a que su vida personal arruine su carrera lo fuerza a una crisis existencial que lo obliga a decidir entre lo esencial y lo efímero. Esto se da gracias a su némesis, otro estereotipo del macho latinoamericano que estúpidamente mide su hombría por cómo puede golpear a una mujer. El personaje del actor mexicano llamado Lito obliga a replantear lo que es la hombría resaltando lo absurdo de la homofobia y el silencio de las mujeres maltratadas.

Asimismo, nos encontramos con un ladrón alemán que es el epitome del amor filial, una devota seguidora del Dios hindú Ganesha que se desempeña como científica en una farmacéutica, una mujer de negocios con maestría en economía que es experta en kickboxing, y una mujer transgénero que se ha enfrentado exitosamente al desprecio que causa la ignorancia gracias a ser un genio en computación y haber encontrado en su pareja una persona dispuesta al mayor de los sacrificios por amor.

Sí, al final de cuentas toda la acción y altos niveles de sexualidad que nos presenta “Sense8” al resaltar lo peor de la humanidad por medio de prejuicios, corrupción y tortura lo que encierra para el espectador es una historia de amor en distintas vertientes. Ya sea el peligroso entre “sensates” protagonizado entre un policía de Chicago y una famosa Dj islandesa hasta el de Lito y Hernando en México o el de Nomi y Amanita en San Francisco.

RileyWill

“Sense8” podría decirse es una de las primeras –si no es la primera– producción que convierte en algo asequible a la enorme aldea global en que vivimos. La serie cerca del final de su primera temporada insinúa que gran parte de las atrocidades que se comente en el mundo es gracias al miedo que genera lo desconocido, lo diferente, el otro. Pero al final de cuentas el mensaje es claro para quienes les interese explorar un poco más: no somos tan diferentes de lo que podemos llegar a pensar.

Ya solo queda cruzar los dedos y esperar a que la serie sea renovada por una segunda temporada.