Hace poco más de quince años, en abril de 2001, ocurrió un evento que cambiaría completamente el mapa de las telecomunicaciones del Caribe: el lanzamiento de Digicel en Jamaica. La llegada de este operador móvil de capital irlandés supuso el quiebre del monopolio ejercido hasta entonces por la filial local de Cable & Wireless en su principal mercado antillano.

Antes de esa histórica fecha, los inversionistas europeos habían sido advertidos repetidamente que Jamaica no era el lugar apropiado para lanzar un operador móvil debido al clima adverso que atravesaba el mundo de las telecomunicaciones en esa época por lo que no se garantizaba un retorno de inversión a corto plazo. Sobre todo cuando la licencia de espectro en este mercado había costado US$ 47,5 millones.

Afortunadamente para Digicel y los consumidores jamaiquinos, los inversionistas no escucharon las advertencias y procedieron a lanzar operaciones en esta parte del mundo con un esquema que desde la ventaja que da la perspectiva histórica es bastante sencillo y que se centraba en cuatro pilares principales:

  • cobertura: 80% de la población al momento de lanzamiento;
  • tarifas: cobro por segundo;
  • teléfonos: menor precio y mayor cobertura;
  • servicio al cliente: 24 horas los siete días de la semana.

Lo anterior junto a una excelente campaña de medios sirvió para que Digicel en Jamaica alcanzara 100.000 clientes en tan sólo cien días de operación. En poco más de tres meses, Digicel había reformulado el potencial de crecimiento de las telecomunicaciones en el Caribe y forzado el cambio en la administración de los antiguos monopolios antillanos del Caribe no hispano parlante.

¿Cómo era la situación del Caribe en 2001 – 2002? Desde una perspectiva regulatoria, era una región con gran disparidad en madurez y transparencia de los diversos órganos de regulación para el sector de telecomunicaciones. En más de un mercado, a las telecomunicaciones no se les daba la importancia (aún persiste esta mala costumbre) que merecía y estaba como uno de los sectores que tenía que monitorear un ente que usualmente no tenía mucho presupuesto ni personal. En palabras sencillas, no era prioridad para muchos gobiernos acostumbrados a la estabilidad que brindan los monopolios.

En la región, apenas mercados como Puerto Rico y República Dominicana – Junta Reglamentadora de Telecomunicaciones (JRT) y el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) respectivamente – contaban con experiencia trabajando en mercados competitivos. Por otra parte, países como Antigua y Barbuda o Haití se caracterizan por la falta de una clara distinción entre el rol del regulador y el operador de telecomunicaciones estatal establecido.

Por otro lado, el Caribe anglófono estaba experimentando una transformación de su marco regulatorio con el objetivo de poder:

  • coordinar las decisiones políticas a través de las islas (especialmente los países de la Autoridad de Telecomunicaciones del Caribe Oriental (ECTEL por sus siglas en inglés);
  • introducir y promover la competencia en los servicios de telecomunicaciones; y
  • proporcionar un marco regulatorio transparente para todos los agentes del mercado.

Una de las principales dificultades que enfrentaban la mayoría de las entidades reguladoras del Caribe (muchos con apenas 2-3 años de antigüedad) era la manera de acelerar su proceso de aprendizaje con el fin de abordar y resolver los problemas de regulación en sus mercados domésticos de manera eficiente. Un elemento crucial para gobiernos locales en espera de tener éxito en la atracción de inversiones extranjeras a sus mercados.

La competencia de las telecomunicaciones en el Caribe aumentó considerablemente entre 2001 y 2003. Atrás quedaron los días en que Cable & Wireless mantenía un monopolio en la mayoría de las islas de habla inglesa y sobre todo os mercados de las Antillas Mayores – República Dominicana, Haití, Jamaica, Puerto Rico, e incluso Cuba – contaba con más de un operador móvil. Por supuesto, existía una excepción como Antigua y Barbuda pero hasta la llegada de la liberalización en telecomunicaciones la gran mayoría de las islas no hispano parlantes del Caribe eran territorio de Cable & Wireless.

La llegada de nuevos jugadores – algunos con una larga tradición y experiencia en ofrecer servicios de telecomunicaciones – fue sin duda beneficioso para las islas del Caribe. Nuevas inversiones, más alternativas y la modernización de la infraestructura que acompaña tendrán un impacto inmediato en las economías de la región. Aún existían asuntos que tenían que ser abordados en mercados con reguladores de telecomunicaciones jóvenes. ¿Cómo asegurar que el proveedor de servicios de telecomunicaciones establecido aceptara las nuevas regulaciones y no impide el desarrollo de la competencia? Esta cuestión era crucial debido a la inexperiencia de muchos reguladores cuya curva de aprendizaje estaba a años de distancia a la exhibida por los ejecutivos de una compañía como Cable & Wireless, que podía aprovechar de su experiencia operando en mercados en competencia con el fin de desarrollar su estrategia en la región.

Tortola Caribe

Otra consecuencia del éxito inicial obtenido por un operador como Digicel fue el sobredimensionamiento de la demanda de servicios en el Caribe. Por un lado, los gobiernos con fines recaudatorios comenzaron a licitar varias licencias de espectro radioeléctrico con el objetivo de contar con un gran número de proveedores en mercados que muchas veces no alcanzaban el cuarto de millón de habitantes. Esto dio paso a especuladores que aglutinaban espectro esperando que un inversor extranjero le comprara a sobre precio sus activos intangibles. También hubo diversas empresas como Solutrea, Sunbeach, y Laqtel que nunca pudieron obtener el financiamiento suficiente para materializar sus proyectos. Otras como UTS en Surinam y AT&T Wireless en varias islas del Caribe desistieron por diversas razones de continuar operando en múltiples mercados de la región y vendieron parte de sus activos a Digicel.

La salida de un operador del porte de AT&T Wireless con el pasar de los años fue acompañada por la de Centennial Communications, América Móvil y Western Wireless International, entre otras. Al final de cuentas hablamos de apenas 17 millones de usuarios repartidos en más de 25 mercados, con otros 10 millones en Haití un país que cuenta con uno de los más bajos ingresos per cápita del mundo y que es considerado por muchos como un estado fallido debido al alto nivel de inestabilidad política aún con la presencia de los cascos azules del Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH por sus siglas en francés).

La fragmentación y la evolución tecnológica hacia redes convergentes están llevando a una nueva reconfiguración del panorama caribeño de telecomunicaciones. Los jugadores están cambiando y las plataformas tecnológicas también están mutando. El mundo de las tuberías de datos parece estar definido y a la espera del surgimiento de los encargados del contenido. Esto en una región como el Caribe queda por verse pues con las grandes diferencias culturales este próximo paso se presenta más complejo.

Referencia

Las imágenes son de Pixabay.