Hace alrededor de quince años me encontraba en Kingston, Jamaica, escuchando a un experto hablar de las bondades de WiMAX. Para ese entonces, la versión que todos pregonaban de esta tecnología era la conocida como 802.16d y que era apropiada para servicios fijos. Los modelos de negocio propuestos en ese entonces variaban bastante. Se escuchaban los mismo pregones que una década antes habían protagonizado los vendedores de LMDS, pero ahora también se le veía como posibilidad de hacer redes internacionales de transporte en lugares del Caribe donde distintas islas se encontraran a una distancia apropiada.

El frenesí causado por WiMAX y las promesas encerradas en sus versiones 802.16e y 802.16m llevaron prácticamente a todos los operadores de telecomunicaciones de América Latina y el Caribe a al menos hacer pruebas con esta tecnología. Hubo lanzamientos tan efímeros como la duración de los comerciales promoviendo el servicio en la televisión. Las promesas de súper-cobertura, transmisión de datos constante y una experiencia de cliente fenomenal nunca se llegaron a cumplir.

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¿Cuál fue el error? Simple, la exageración desmedida de vendedores voraces que prometieron más del desempeño de la tecnología que lo permitido por la física. Estos problemas junto con la fragmentación del escenario de proveedores, la falta de interoperabilidad de los equipos y eternos atrasos en los procesos de estandarización condenaron a muerte a una tecnología que sí era buena pero que no contaba con un elemento esencial para triunfar en mercados en desarrollo: economías de escala.

Afortunadamente, la llegada de 5G no tendrá que enfrentar muchos de los problemas que tuvo WiMAX pues la interoperabilidad y estandarización serán parte de la tecnología desde sus inicios. No obstante, existe en algunos casos expectativas demasiado altas para lo que en realidad será el desempeño de la nueva tecnología. De todas formas, cuando se habla de 5G parece haber más dudas que certezas y la reducción de sus capacidades a un simple aspecto: velocidades de transmisión en los servicios de acceso a Internet móvil.

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Ante este escenario nos nos encontramos con una explosión de preguntas sobre la fecha de llegada de 5G en América Latina. Hay furor en entender cuál será el primer operador móvil en desplegar la tecnología y como esta incrementará los beneficios ya recibidos con la generación anterior. Entre las dudas se encuentran preguntas bastante razonables enfocadas en el diseño de los celulares o como estos se diferenciarían de los modelos de la actualidad.

También hay quienes desean conocer más sobre las aplicaciones que justificarán los Gbps de velocidad que en menos de cinco años estarán disponibles para muchos consumidores de las Americas. Toda esta curiosidad es resultado de expectativas por parte de los consumidores que aún no han sido controladas y también por una necesidad no atendida de educar al mercado sobre la realidad de las tecnologías inalámbricas que podrán utilizarse para ofrecer servicios móviles.

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Algunos se confunden y posicionan a 5G como tecnología primordialmente para usuarios cuando sus principales cualidades, por ejemplo, la baja latencia o capacidad de soportar grandes cantidades de tráfico viabilizando el crecimiento del Internet de la Cosas son características que apuntan a un mercado empresarial.

Da la impresión que el inconsciente colectivo de las personas posee como uno de sus arquetipos el mandato de que las redes inalámbricas que se utilizan para ofrecer servicios móviles sólo pueden ser utilizadas para este fin. Asimismo, hay una creencia que las ventajas de cada nueva generación deben ser obvias para el usuario. La realidad nos muestra otra historia.

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El inicio de 5G ha sido definido por operadores móviles alrededor del mundo como un servicio enfocado en la oferta de banda ancha fija que permita llevar a zonas suburbanas y rurales velocidades que anteriormente solo se podían obtener mediante una conexión de fibra óptica. El modelo móvil llegará más de un año después de la proliferación de redes fijas inalámbricas que junto a una conexión de DTH podrían ofrecer un paquete convergente totalmente inalámbrico como se ha ofrecido desde hace años en mercados como Argentina y Brasil.

El otro aspecto de 5G que parece haber sido ignorado por los consumidores es que su crecimiento será más lento que el de tecnologías anteriores. Hay varias justificaciones que sirven para explicar esta situación. Por ejemplo, aunque el primer lanzamiento de 5G comercial tuvo lugar el pasado 14 de mayo los primeros dispositivos para servicios móviles sólo comenzarán a estar disponibles durante el 2019. En otras palabras, aún no contamos con teléfonos que permitan la comercialización de servicios móviles de 5G.

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Asimismo, el despliegue de 5G precisará de la utilización de frecuencias más altas a las utilizadas por tecnologías anteriores incluyendo las llamadas bandas milimétricas. Esto implica, por puras leyes de la física, que las redes de 5G tendrán una mayor densificación que las redes móviles actuales pues precisarán de un mayor número de antenas para poder proveer servicio. Al ser mayor el número de antenas necesarias, mayor será el tiempo de despliegue de infraestructura. Es simple lógica.

Finalmente queda aclarar que en sus inicios las redes de 5G no ofrecerán ventajas fácilmente reconocibles por los usuarios. No tendremos nuevos servicios que no puedan ser accedidos por redes de LTE Avanzado. La diferencia se dará inicialmente en las mayores eficiencias en la utilización de espectro y la capacidad de poder soportar el tráfico agregado generado por el creciente número de cosas conectadas. Es aquí, de forma indirecta, que los usuarios comenzarán a recibir beneficios de las redes celulares de 5G pues de no llegar esta tecnología sería muy difícil y costoso poder absolver todo el nuevo tráfico agregado generado por usuarios de redes móviles en el mercado.

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Referencias

Imágenes de Pixabay.