Hace poco tiempo tuve el placer de escuchar a un viejo amigo hablar sobre el futuro de la tecnología en América Latina. Una de esas personas a la que la familiaridad del trato a veces nos hace perder la perspectiva y olvidar que su incursión en el sector se dio en un mundo donde la digitalización era una promesa, la competencia una esperanza y la movilidad un sueño.

Ante este trasfondo poco conocido, lo interesante de la plática dictada por Ignacio Perrone, quien además de ser experto en el desarrollo y despliegue de tecnologías de información y comunicaciones (TIC) en la región siempre ha estado interesado en temas de educación. He tenido el privilegio de estar en comunicación con él en tres décadas diferentes. Los que me despertó el interés de su charla fue su enfoque en temas cotidianos, detalles que forman parte de nuestro diario vivir.

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Lejos quedaron los modelos de negocio de los principales actores del mercado, el rol del regulador o las promesas de una conectividad permanente que haga realidad la gordura esbozada por los seres humanos en Wall-E. No habló de proveedores de servicios, ni de fabricantes y mucho menos de los desarrolladores. No habló de disrupción tecnológica o quiebres de paradigmas conocidos, simplemente describió lo que enfrentaremos muy pronto como realidad a nivel regional gracias a la evolución y adopción de las TIC.

Perrone (Nacho para los amigos) mencionó que en los próximos ocho años deberíamos esperar progreso en distintos renglones sociales como, por ejemplo, la cantidad de mujeres en puestos de trabajo. Así como se avanza hacia una mayor igualdad de género en el mundo laboral (esperemos que también en remuneración, agrego yo) también veremos al sector de servicios incrementando su importancia, llegando a representar según cifras de la consultora Frost & Sullivan el 68% del producto interno bruto de América Latina, generando más del 60% de los empleos.

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Parte de este crecimiento será producto de la digitalización de todos los sectores de la economía con el objetivo de incrementar la eficiencia y productividad. Por ejemplo, sólo en el sector de agricultura los avances que se están haciendo a nivel regional deberían incrementar la producción un 7% en cinco años.

Avances similares podrían darse en la industria energética o en las flotas de transporte que son tan importantes para el desarrollo saludable de la economía. Yo, por lo menos, siempre he pensado que pocos segmentos podrían beneficiarse tanto de la digitalización como la planeación logística ya sea en la coordinación de sistemas de transporte público o de carga.

Las palabras de Nacho, que no dejaron a un lado la creciente incorporación de robots al mundo laboral y los avances en inteligencia artificial llevan a la reflexión sobre cómo la innovación ya impulsa un cambio drástico en el mundo laboral. Ante este panorama, personalmente considero que la educación se posiciona como elemento fundamental para que las TIC sean una herramienta y no competencia del trabajador.

El crecimiento de las TIC también impactará los servicios de salud con muchos gobiernos y entidades privadas adoptando servicios de salud móvil y tele salud en sus distintas variantes. Ignacio resaltó la importancia de este desarrollo al mencionar que para 2025 el 15% de la población de América Latina tendrá más de 60 años – alrededor de 105 millones según cifras del Banco Mundial.

Personalmente me llamó mucho la atención una cifra en particular de todas las mencionadas por Nacho: a 2025 habrá en promedio 3.5 dispositivos conectados por persona o sea un total de 2,450 millones. En otras palabras, nos guste o no la tecnología, cada vez estaremos más rodeados de ella en todas las facetas de nuestra vida.

Sin embargo, entre toda la valiosa información compartida por el analista en su agradable charla, yo rescato sus palabras finales. Recordó a todos aquellos que lo quisieran escuchar, que no importaba cuanto crecimiento económico o cuanta digitalización tengamos en la región si el crecimiento no se da de forma incluyente será imposible combatir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región.

Para lograr esta inclusión, Ignacio indicó como esencial la existencia de tres condiciones. Primero, instituciones fuertes, transparentes, creíbles y que luchen contra la corrupción para ganar confianza de ciudadanos. En segundo lugar, hace falta una estrategia económica firme enfocada en promover la inversión en infraestructura, movilidad (terrestre, marina y aérea) y energía. Y en tercer lugar, reiteró que el crecimiento tiene que ser inclusivo, creando trabajos para la clase media, educando al presente y futuro del país, impulsar programas de re-educación para quienes hayan perdido su trabajo y continuar empoderando a las mujeres.

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Algunos me dirán que tiene bastante lógica lo dicho por Nacho, mi pregunta es sencilla, ¿si es tan lógico por qué cuesta tanto trabajo implementar estos tres pilares de su conclusión? Simplemente miro a Puerto Rico y me doy cuenta de las muchas décadas donde el enriquecimiento personal y beneficio propio dictaron muchas de las decisiones de muchos de sus gobernantes.

Poco tiempo atrás tuve la dicha de comunicarme con una de esas personas que vivía el desarrollo de las tecnologías de forma profunda. Cada vez que tenía la oportunidad de concretar una reunión con él lo hacía pues eran horas de profundo aprendizaje indistintamente de si el encuentro ocurría en New Orleans, Atlanta, Ciudad de México o Santo Domingo.

Hace apenas un mes habíamos acordado en encontrarnos en Buenos Aires para hablar de la vida mientras compartíamos un café. Esta vez la reunión no será posible, el maldito cáncer salió victorioso. Descansa en paz Raúl Salvado, gracias por tu apoyo y amistad.

[Nota de JFO: Ignacio Perrone es uno de los participantes recurrentes de los foros de Pensadores de la Argentina TIC, donde comparte con otros expertos su visión de la realidad de su país natal.]