Caminar por los pasillos de la mayor feria de tecnologías inalámbricas del mundo – el Mobile World Congress – es transportarse a ese futuro que por tantas décadas nos han prometido las películas, las series de televisión y los mismos proveedores de tecnología. Es encontrarse una vez más con todo tipo de dispositivos conectados que transforman al celular en un control remoto que controla desde la televisión o el auto hasta la cafetera y la nevera.

Es ir navegando por un lugar donde ya los robots comienzan a bailar, se habla de implantarles chips a los seres humanos para el 2030 y se recuerda a todos los participantes que digitalizando nuestra vida lograremos ahorrar tiempo y dinero. Es como escuchar entrelineas una tacita amenaza que dice: quien no esté digitalizado quedará fuera de la economía digital.

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Así como en el relato de la muerte de un elefante Orwell nunca nos habló de la riqueza del marfil para centrarse en el hambre de los vecinos del lugar, la falta de mención de temas comunes no implica su desaparición. Así lo dijo Borges, un escritor del medio oriente no tiene que describir la existencia de un camello, es claro que es tarea para quienes desean compensar algún vacío.

Desafortunadamente nunca se menciona que velocidad de Internet en el hogar es necesario para que hasta el bote de basura nos avise cuando está lleno y el termostato nos pregunte si deseamos modificar la temperatura ambiente. Aparte de la velocidad mínima que se precisa, tampoco se nos informa del costo de cada uno de los enseres del hogar que tienen la capacidad de ser controlados remotamente, alojar datos y por medio de un servicio de almacenamiento en la nube que incluye analítica nos envía un resumen de la revisión de los parámetros preestablecidos para cada máquina.

Quizás sea atrevido hacer inferencias despiadadas, pero estoy seguro que el precio supera los 200 a 300 dólares mensuales que se gana una persona como salario mínimo en la mayoría de los países de América Latina. Al final el congreso sirve para que cada uno de sus pabellones sea recuerdo de las grandes necesidades que tienen que ser atendidas en la región para poder hablar de brecha digital sin sentir la culpa de saber que hay niños que en América Latina mueren de hambre, son explotados sexualmente o simplemente no van a la escuela porque tienen que trabajar para ayudar a su familia económicamente.

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La pobreza es la gran enemiga de la masificación de nuevos servicios de telecomunicaciones pero paradójicamente es la que impulsa la creatividad de las empresas para crear soluciones dirigidas a mejorar la calidad de los servicios públicos que se ofrecen. Es un círculo donde no se define muy bien quien llega primero, pero que si puede llegar a exhibir resultados positivos cuando en lugar de pensar en innovar para un solo un individuo se considera a toda la comunidad.

Así las conversaciones con las autoridades regionales de América Latina se centraban en ¿cómo llevar conectividad a las áreas remotas de cada país? ¿Cómo incentivar a la industria privada a desplegar infraestructura e invertir en aquellas localidades a las que históricamente ha ignorado? El deseo es simple: democratizar la tecnología.

Mientras estas charlas toman lugar unos cuantos se da palmaditas de felicitaciones en la espalda como si hablar de las necesidades de los pobres, los desconectados, fuese optativo y no obligación. De todas formas, desde el gran escenario que es esta feria, desde los pabellones hasta en medio de los pasillos, se muestra infraestructura que ayudará en el despliegue y desarrollo de 5G. Baja latencia, grandes velocidades y mayor eficiencia en el uso de espectro radioeléctrico son algunas de las frases que se escucha a los vendedores.

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Aunque la pregunta obligatoria de cualquier interesado en comprar estos equipos debería ser en que frecuencia del espectro radioeléctrico funcionan. Aún nos encontramos esperando por las decisiones a nivel global que se estarán tomando el próximo año en temas de espectro. Mientras esto sucede los representantes de Estados Unidos hablaban de la importancia de las bandas de 3.5 GHz, la de 28 GHz y de 24 GHz a corto plazo.

Así, México sigue esperando el lanzamiento de una red compartida, Argentina insiste en que se modernizará más rápido de lo que piensan los soberbios y Uruguay se alista a celebrar este año hasta cuatro pruebas de 5G en su territorio.

Mientras es de esperar más de una controversia en distintos países de la región sobre el uso de estas bandas, ya sea porque no están disponibles o porque el esquema de entrega de espectro a los operadores establecidos está atrasado.

Demasiada información en tan pocos días. De todas formas, los representantes de EEUU mostró interés en bloques específicos de espectro es de esperar que países como México y Canadá lo emulen. Hay que garantizar innovación y economías de escala.

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Referencias

Todas las fotos tomadas por José F. Otero.