Una  de las primeras lecciones que reciben los estudiantes de literatura se centra en los llamados “topos literarios”. Esos lugares comunes del arte en donde hay una inacabable búsqueda por el quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Preguntas que casi siempre se responden con obras sobre el amor, la muerte o la patria – no siempre de forma excluyente.

Lo que personalmente me parece una lástima es que los estudiantes de política no intercalan sus estudios de Morgenthau, Keohane o Huntington con un breve curso de topos literarios. De esta forma, al menos tendrían pleno conocimiento de lo que hacen al momento de repetir constantemente ciertos tópicos de interés social como, por ejemplo, la educación.

El político promedio de cualquier nación, sin importar ideología, se acordará de la infancia y lo importante que son las escuelas. En sus discursos se acordará que en los textos de economía se menciona a la educación como uno de los pilares para incrementar la productividad o que en las Metas del Milenio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo la educación es requisito para el desarrollo.

Los más estudiosos hasta serán capaces de citar que la educación puede servir para promover la paz entre naciones según afirma la UNESCO. Muy pocos llegarán a mencionar que es un derecho humano de todos los individuos por lo que en lugar de simplemente ser promesa de campaña política el prometer mejorar la educación, debería ser una obligación de todos los funcionarios públicos electos por el pueblo.

Si nos centramos en lo que se vive en América Latina observamos que el tema de la educación de los niños ha evolucionado. No importa cuál sea la necesidad o la promesa electoral, existe una panacea que cura todos los males: regalar computadores, portátiles o tabletas en las escuelas. Quien puede vociferar en contra de un “cumplimos”, “logramos” e “invertimos” cuando quedan pruebas tangibles de la obra.

Desagraciadamente, todos estos testimonios de logros continuos no son suficientes para injertar en el presente ese esquivo país del futuro que tanto anhelamos. Pero mientras se entregan los computadores y se habla de las maravillas que logra el Internet los oradores se olvidan que en América Latina – según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo y la Comisión Económica para América Latina – más de 70 millones de personas viviendo en extrema pobreza, 30 millones que viven sin electricidad y más de 100 millones sin algún tipo de seguro médico.

Los esfuerzos de entregar dispositivos pueden ser beneficios si van acompañados de una estrategia más amplia. Ya en el pasado he comentado que entregar computadores es solo el inicio, la tarea más compleja es establecer las pautas a seguir para que a ese dispositivo se le pueda explotar todo su potencial y se convierta verdaderamente en una herramienta de desarrollo.

Parte de este mensaje lo publiqué esta semana en la columna que semanalmente público en el diario mexicano El Economista bajo el título “Contenidos educativos para niños y adultos”.

Entre las cosas que planteo en mi columna quisiera resaltar que no nos podemos olvidar de los adultos, quizás no sean tan atractivos en los discursos políticos pero si realmente queremos impulsar la educación hay que integrar las tecnologías digitales a su capacitación. Afortunadamente, más de un país en América Latina y el Caribe se han dado cuenta de esta necesidad y ha comenzado a trabajar a favor de quienes desean estudiar pero solo tienen de niño la ilusión de un mundo mejor.

A continuación el texto publicado en El Economista el 17 de septiembre de 2015:

Contenidos educativos para niños y adultos

Imagino que no existe una persona que no haya escuchado alguna vez que el futuro del país depende de la educación que podamos ofrecer a nuestros niños. Nadie puede negar la importancia que la educación tiene como vía para mejorar la calidad de vida de las personas e impulsar el desarrollo del país.

Lo difícil es poder implementar las medidas necesarias para ofrecer una educación de calidad en todos los rincones del país. Es aquí donde las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) toman un rol protagonista, pues son herramientas que sirven para facilitar el intercambio de conocimiento y, en localidades apartadas, acceder a materiales educativos de gran calidad de forma gratuita.

No obstante, como he mencionado anteriormente en esta columna, lograr esta meta no se consigue solamente con la entrega de computadores o tabletas en una escuela. La entrega de dispositivos en escuelas no debe limitarse a la foto del político de turno con un niño sonriente. Debe ser una estrategia coordinada en distintas fases, que van desde la infraestructura y el dispositivo hasta los contenidos.

En infraestructura, es obvio que debe haber una mejora en las velocidades de conexión de las escuelas. Las velocidades tienen que ser capaces de soportar 50-100 computadores conectados simultáneamente a Internet a velocidades muy superiores a los obsoletos 256 Kbps que internacionalmente se consideran banda ancha. Asimismo, la infraestructura alrededor de la escuela tiene que apoyar estas conexiones, por ejemplo, que haya servicio de electricidad.

¿De qué sirve entregar computadoras en las escuelas si esta no cuenta con software educativo que atienda las necesidades de los distintos niveles y materias que tienen los estudiantes? ¿Para qué entregar estos dispositivos a los maestros sin comunicarles cómo operan, qué hacer si se dañan y brindarles el entrenamiento necesario para que sepan cómo integrar estas nuevas herramientas al salón de clases? La entrega debe verse como una oportunidad para mejorar la enseñanza, con herramientas que faciliten la labor del maestro.

La entrega de dispositivos en las escuelas debe estar acompañada de un monitoreo constante que permita detectar fallas y potenciar los elementos que sí están funcionando. Por ejemplo, tiene que haber centros de reparación de los dispositivos a distancias razonables de los centros de estudios que se benefician de este programa.

Otra forma de potenciar el uso de las TIC en la educación es requerir que los estudiantes completen una cantidad de cursos completamente en línea, como ya se hace en mercados desarrollados. A nivel universitario, se necesita impulsar la disponibilidad de programas totalmente en línea, para brindar oportunidades a personas que, por distintas razones, no tiene la posibilidad de asistir de forma presencial a un curso universitario. Aquí debe haber una fuerte supervisión de la oferta académica que asegure a los estudiantes que el conocimiento que adquieren de forma remota es de calidad.

Por otro lado, es sumamente importante entender que la oferta educativa también tiene que considerar a aquellas personas adultas que están buscando mejorar sus destrezas por medio de cursos técnicos que les permitan incrementar sus posibilidades de encontrar trabajo. Los llamados Cursos en línea Masivos y Abiertos (MOOC en inglés) están siendo utilizados por países como Trinidad & Tobago y Arabia Saudita para atender esta demanda. La Comisión de Europa y la administración del Presidente Obama también contemplan a los MOOC como herramientas que pueden servir para ofrecer cursos de educación continua en áreas técnicas o de negocios a adultos interesados.

Sobre el rol del sector privado en la educación, hay que recordar que tanto América Móvil (Coursera, Khan Academy, entre otros) y Telefónica (Miriada X) han apoyado abiertamente el desarrollo y expansión de los MOOC en América Latina.

Referencia de Imagenes

Cuadro ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? de Paul Gauguin, Fuente Wikipedia

Logo de El Economista, Fuente El Economista

Mafalda, Fuente Quino