Quienes me conocen saben que tengo una relación muy especial con el Caribe, ese fascinante lugar donde los piratas se convierten en héroes e idílicas playas son un elemento más del paisaje cotidiano. Es ese mismo Caribe donde los zombis alcanzaron su universalidad y el Chupacabras dejó de ser antillano para convertirse en ciudadano del mundo. Un lugar donde las palabras de Carpentier, Walcott, Fanon y Naipaul se funden entre cantos de rebeldía que claman por igualdad, derechos humanos y hasta, como en los calipsos de Nevis, por la independencia.

Por todas estas y muchas otras razones para mí siempre será un privilegio poder participar en eventos organizados en este pedacito de mundo. El más reciente fue a principios de esta tercera semana de noviembre en la Ciudad de Miami, estado de Florida. Mi rol fue nuevamente servir de eslabón entre los asistentes familiarizados con el mundo de las telecomunicaciones latinoamericanas y aquellos concentrados en las dinámicas de mercado de la Cuenca del Caribe no hispano-parlante.

Quienes no están familiarizados con la región los puede llegar a acusar de estar ensimismados en su propia realidad. Quizás sea una acusación justa para algunos, yo la veo demasiado simplista pues la realidad nos muestra que el Caribe casi siempre es ignorado en todas las discusiones regionales. Es más sencillo concentrarse en 20 mercados de América Latina (incluyendo tres mercados antillanos) que pensar en la diversidad caribeña constituida por 33 mercados (nuevamente se incluyen los mismos tres mercados antillanos) con herencias culturales disimiles y un marco legal heterogéneo.

Estoy convencido que parte de la ignorancia que existe hacia esta importante región del hemisferio surge de su ya mencionada fragmentación y del pequeño tamaño de la gran mayoría de sus mercados. En otras palabras, cuesta muchísimo trabajo lograr penetrar una región que apenas sobrepasa los 40 millones de habitantes.

No obstante, llevo años resaltando que el Caribe también puede servir como una ventana al futuro debido a los altos niveles de innovación tecnológica de varios de sus mercados. Por ejemplo, en varias islas nos encontramos que los niveles de penetración de fibra óptica al hogar fácilmente sobrepasan el 50%, siendo el líder indiscutible de este renglón Barbados con más del 85% de los hogares con FTTH y alrededor de 106% de penetración de servicios de banda ancha móvil. Cifras muy superiores a las de cualquier mercado continental – el más avanzado es Uruguay con alrededor de 76% – incluyendo a Canadá y los Estados Unidos.

Si lo que genera interés es el desarrollo de las tecnologías inalámbricas, el Caribe nos presenta modelos de transporte inalámbrico internacional con conexiones fijas de punto a punto posibles gracias a la proximidad de algunas islas. Mientras que los niveles de penetración de servicios móviles nos encontramos con alrededor de 12 mercados que sobrepasan el 150%, siendo Antigua & Barbuda el que ronda el 200% de penetración móvil. Increíble pensar que entre los 12 principales mercados móviles, muchos apenas cuentan con dos operadores ofreciendo servicio.

El Caribe es una de las regiones con mayor número de cables submarinos de fibra óptica con Curaçao y Puerto Rico liderando en este segmento de mercado. Y si el interés de los observadores se centra en la rápida adopción de nuevas tecnologías nos encontramos que las primeras redes de LTE y LTE Avanzado de América Latina surgieron en Puerto Rico en el 2011 y 2014 respectivamente, este último dos años antes del primer lanzamiento en Chile.

Tampoco quiero insinuar que todo sea progreso e innovación en esta región del mundo. Existen mercados donde la comercialización de servicios de telecomunicaciones es muy compleja como lo es el caso de Haití debido a la inestabilidad política, el nivel de infraestructura existente y el poder adquisitivo de sus habitantes. La dificultad en otros es la selva amazónica que se presenta como un obstáculo para brindar conectividad a poblaciones aisladas de las principales urbes metropolitanas como es el caso de Guyana, Surinam y la Guyana Francesa.

La buena noticia es que precisamente esta variedad de realidades es la que puede contribuir ejemplos de cómo rentabilizar servicios que ya han alcanzado niveles de saturación en el mercado. El pequeño tamaño de muchas de las islas del Caribe implica que la adopción de nuevas tecnologías suceda de manera más acelerada que en el resto del hemisferio. Es por tal razón que cuando se habla de diversificar servicios, consolidación y buscar maneras de como monetizar la presencia de nacionales en otras partes del mundo nos encontremos con modelos de negocio más exitosos en el Caribe que en América Latina.

Por ejemplo, mientras los operadores latinoamericanos aún intentan obtener beneficios de sus emigrantes a Estados Unidos y Europa, el operador surinamés Telesur ha podido mantener exitosamente la operación de un operador móvil virtual en los Países Bajos mientras que esfuerzos por otros operadores de replicar este modelo en Estados Unidos o España no ha tenido mucho éxito. Precisamente Surinam cuenta con una red de cerca de 80 radio bases de LTE para ofrecer servicios fijos de banda ancha, apoyándose en enlaces de punto-a-punto en la banda de 3.5 GHz para ofrecer backhaul, mientras que un proyecto de conectividad apoyado también en esta tecnología fue abandonado por las autoridades de Guyana ya hace algunos años.

No quisiera terminar sin tocar el aspecto regulatorio pues todo lo anterior que he comentado se ha centrado en la oferta de servicios o estrategias operativas de los operadores. Precisamente en el Caribe tenemos la única entidad de regulación supranacional de las Americas. En otras palabras, se ha creado un regulador de telecomunicaciones con jurisdicción en cinco países independientes de las Antillas Menores: ECTEL. La Autoridad de Telecomunicaciones del Caribe Oriental (su nombre en español) es la máxima autoridad en materia de telecomunicaciones para Dominica, Granada, Santa Lucia, San Kitts & Nevis y San Vicente & Granadinas.

Resumiendo lo que podemos encontrar en el Caribe,  en zonas donde la red de cobre o fibra óptica del operador no tiene presencia independientemente si es una conexión internacional entre islas vecinas o lograr conectar un poblado en medio de la Amazonia, los gobiernos pueden utilizar distintas tecnologías inalámbricas para llevar su servicio a los usuarios.

Como se puede apreciar, aunque lo tengamos cerca al Caribe nuestro conocimiento principalmente se limita a playas, bebidas exóticas y buenos cantantes.

Referencias

La imagen es de Pixabay.