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Desconexiones a Internet, desarrollo y derechos humanos

Siempre he pensado que puedo aprender de todas las situaciones que me presente la vida. Tal vez es por esta razón que en las pasadas semanas he llegado a comprender un poco mejor – aun con las enormes diferencias y ventajas con las que cuento – los problemas que enfrenta la tecnología en zonas donde hace mayor falta la conectividad.

Quizás algunos habrán notado el periodo de silencio que ha tenido este blog en las pasadas semanas. Parte de esta ausencia no ha sido por falta de inspiración, deseos de escribir o mayor carga de trabajo. Estuve experimentando graves problemas técnicos con la empresa que albergaba mi blog. Entre caídas intermitentes de mi página hasta la desconexión unilateral de distintas herramientas la experiencia ha sido desagradable.

¿La solución? Cambiar de proveedor.

Obviamente mi situación se reduce a una irritación temporal que puede ser resuelta en un corto periodo de tiempo. Es un mundo donde de perder la conexión a Internet fijo de 1 Gbps que tengo al hogar puedo utilizar mi teléfono móvil como punto WiFi y conectarme a más de 20 Mbps. De pasar lo impensable y quedarme desconectado por estos dos medios tan solo tendría que caminar unos minutos para encontrarme con varias señales WiFi abiertas a todo público.

Como pueden inferir, es muy difícil que estando en mi casa me quede sin acceso a Internet. Quizás sea esta facilidad la que hace que muchos no entendamos el privilegio del que disfrutamos al estar conectados. Y aunque no hace falta quien proclame que la situación cambiará a corto plazo pues un Relator Especial de las Naciones Unidas en sus conclusiones comento que el acceso a Internet debería considerarse como un derecho humano básico.

Sin embargo, mi opinión no es tan positiva sobre el impacto a corto plazo que esta declaración pueda tener en los países en desarrollo. Me parece maravilloso que Finlandia en el 2010 haya sido el primer país en declarar que el acceso a Internet es un derecho legal, pero esta acción por si sola no tiene como resultado habilitar la conexión a banda ancha de los más necesitados. Dependiendo del caso puede servir de modelo a emular hasta una simple aspiración lejana que no pasa de lo anecdótico.

Antes de continuar, quisiera mencionar que las recomendaciones que hacen los distintos relatores de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a este organismo son solo sugerencias. Los estados miembros de la ONU no tienen obligación legal para cumplir con lo que se propone como solución al problema de turno. En otras palabras, según los documentos de la ONU que acarrean obligación legal para su cumplimiento el acceso a Internet aún no es considerado un derecho humano básico. Probablemente pasen varias décadas antes de que este deseo se haga realidad.

De todas formas, aún con la clasificación legal del acceso a Internet como derecho humano que imponga en los estados miembros de la ONU la obligación de ofrecerlo a todos sus respectivos constituyentes el impacto de esta medida no se observaría a corto plazo. Se podría decir que le sucedería lo mismo que a todas las obligaciones legales que desde 1966 tienen los estados signatarios del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC)  que entre otros derechos habla de comida, salud, educación y no discriminación.

Sin embargo, este documento también estipula que se muestre un avance progresivo sobre cómo se trabaja para garantizar estos derechos. Mientras haya un avance, sin importar lo lento que sea el estado cumple con sus obligaciones bajo el PIDESC. Es de esperar que con el Internet ocurra de igual forma, dando cabida a casos donde se vea el aumento velocidad promedio de un país de 1 Mbps a 1,5 Mbps de un año a otro como progreso sin importar que en esa región del mundo las velocidades promedio superen los 10 Mbps, 20 Mbps o 30 Mbps por segundo.

No debemos olvidar que luego de casi 50 años desde la aprobación del PIDESC en el mundo aún contamos con 700 millones de personas viviendo en extrema pobreza, 1300 millones sin acceso a electricidad, 2400 millones sin facilidades sanitarias y 663 millones sin acceso a agua potable. Antes esta realidad pensar que el acceso a Internet tendría un trato especial no parece sensato. Sobre todo, cuando todas las carencias antes mencionadas presentan mayor urgencia que una conexión a Internet.

Haiti

Obviamente, hay muchísimas localidades rurales en países emergentes donde el Internet si ha estado llegando por distintas vías. Su impacto en la transformación en la vida de las personas es innegable y todo parece apuntar a que en las próximas décadas el acceso a Internet impulsará increíbles cambios en el comportamiento de las personas, en la educación, servicios de salud y trabajo.

Mientras esto sucede hay que atender necesidades más cercanas. Mis problemas de falta de conexión o de un servidor que no funcionen lo más que acarrean es una molestia. Para alguien que trabaja diariamente más de doce horas y al regresar al hogar tiene que cuidar a sus hijos, una desconexión a destiempo puede implicar que pierda el curso de educación a distancia que estaba haciendo con la esperanza de mejorar su situación.

Los cortes en la infraestructura en zonas sin redundancia pueden significar un deterioro extremo en el cuidado de los pacientes en centros de salud que se apoyaban de las opiniones en tiempo real de expertos de otras ciudades o países. Y para otros, puede implicar no poder acceder a sus fondos bancarios para pagar deudas y comprar comida.

El mundo lentamente se va digitalizando pero este proceso no está sucediendo de forma equitativa. La famosa brecha digital no es de conectados y desconectados, al igual que los contenidos se ha ampliado para incorporar muchas tonalidades. Mientras esto sucede es sumamente importante que los gobiernos no caigan en la ceguera parcial de celebrar nuevos derechos humanos sin tener la capacidad o voluntad de hacer respetar los que han estado vigentes desde hace décadas.

No quiero que se me mal interprete, el acceso a Internet trae consigo innumerables consecuencias positivas en relación al crecimiento económico, transparencia y desarrollo personal. Pero sin servicios básicos para mantener a las personas bien alimentadas, educadas y saludables todo lo anterior es difícil de alcanzar.

Yo trataré de no quejarme tanto cuando experimente fallas con mis proveedores de Internet. Al menos tengo diferentes alternativas sin vivir en un lugar donde pomposamente se ha declarado al acceso como un derecho humano.

No quiero terminar sin invitarlos a revisar las páginas de este blog en los próximos meses pues estoy preparando numerosas entrevistas para compartir la experiencia de algunas de las mentes brillantes que desde distintos lugares trabajan para incrementar el bienestar y desarrollo de esa América Latina tan nuestra pero tan lejana.

Referencias

Las fotos son propiedad de Pixabay.

2 Comments

  1. Walter Arroyo

    José: Muy buen artículo. He estado en situaciones de frustraciones similares porque damos por sentado el internet y otros avances tecnológicos como algo automático como respirar y cuando nos falta nos sentimos sin oxígeno. Por otro lado los derechos humanos llevan miles de años bajo diferentes normas, según la cultura. No importa lo que se apruebe en organismos internacionales, si no empezamos educando a los niños desde los tres años de edad. Estas semillas no germinarán en una base social más sensitiva a los derechos humanos.
    Walter

    • José Otero

      Walter,

      ¡Gracias por tu comentario!

      Completamente de acuerdo con lo que dices. Si las leyes al ser violadas no acarrean ningún tipo de sanción por parte del gobierno solo sirven para adornar al papel de tinta o acumular más números binarios en algún servidor. Mi referencia a la relevancia que se le está dando al Internet como derecho humano deriva de lo que observo en países en desarrollo donde los beneficios del acceso a Internet se ha hiperbolizado de tal forma que se ha convertido en la panacea de todos los males.

      El resultado ha sido que mientras se destinan millones de dólares en computadoras no se toman medidas para que los niños reciban agua potable cada día en medio de una sequía que ya ha cobrado muchísimas vidas, que en otros lados si se invierta en Internet mientras que por falta de médicos hay quienes mueren por enfermedades de fácil curación o que los niveles de desnutrición sean tan altos que las personas mueran de inanición.

      Mientras esto sucede se escuchan los casos de computadores en castellano para escuelas donde los niños hablan lenguas indígenas, donde no hay electricidad ni conexión a Internet. Todo lo anterior son ejemplos reales de lo que se vive en muchos países donde funcionarios públicos frente a la prensa se auto-otorgan una palmadita en la espalda por su buen desempeño al incrementar el número de personas con computadores.

      El acceso a Internet es muy importante pero no puede darse en un vacío y va más allá de simplemente regalar computadores.

      Saludos, JFO

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