Una de las virtudes que tiene el sector de telecomunicaciones de América Latina es la gran cantidad de eventos que se celebran alrededor de la región para discutir algunos de los temas más candentes de la industria a nivel global. De esta forma, nos encontramos que mientras en Buenos Aires se habla en un evento del impacto del Internet de las Cosas, en Rio de Janeiro se celebra un foro centrado en la evolución de las redes inalámbricas de LTE hacia el tan esperado 5G que, al menos en el Medio Oriente, comenzó a operar el pasado mes de mayo.

El intercambio de opiniones es continuo e invita a algunos de los principales expertos del mundo a disertar sobre temas tan variados como la administración de espectro radioeléctrico (como frecuentemente se hace en Bogotá), los avances de la tele-educación en Japón según lo presentado en Lima y como la conectividad podría mejorar los servicios de salud en República Dominicana.

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La lección es sencilla, simplemente no hay mercado en América Latina o el Caribe que no haya discutido como las nuevas tecnologías de información y comunicaciones (TIC) pueden tener un impacto positivo en el crecimiento económico de un país. No obstante, mientras los avances en la concientización de los beneficios de la innovación tecnológica nos envían una señal indudablemente positiva parece que todo lo discutido y afirmado muchas veces se queda en verbo.

Existe una gran dificultad de llevar la teoría a la práctica, saber quién se hace responsable de las implementaciones o quien es capaz de tomar un riesgo en pos de instigar una mayor inclusión. Esto sabiendo que las victorias nunca serán propias pero las derrotas jamás serán ajenas.

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Consciente de lo anterior tuve el honor de participar junto a varios de los principales expertos de la industria de telecomunicaciones de México del panel “Siguientes pasos hacia la plena convergencia tecnológica y cobertura poblacional” como parte de las conferencias que fueron parte del Congreso ConvergenciaShow.MX celebrado a principios de junio en el World Trade Center de la Ciudad de México.

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El panel contó con representantes de entidades de gobierno y asociaciones de la industria y tuvo como objetivo identificar las oportunidades y obstáculos que enfrentan los distintos actores del sector de telecomunicaciones para impulsar la llegada de la convergencia en las 32 entidades federativas que constituyen el país. Durante mi breve intervención decidí concentrarme en tres puntos que considero importantes ante cualquier debate de inclusión tecnológica, economía digital o convergencia. Debido a restricciones de tiempo no pude mencionar todos los puntos que deseaba hacer por lo que mis explicaciones serán en esta ocasión más extensas y detalladas.

El primer punto que quise resaltar es la necesidad de definir convergencia y cobertura como requisito para establecer un dialogo productivo sobre estos temas. En el caso de la cobertura, pregunté abiertamente a que cobertura nos estamos refiriendo. Hablar de cobertura en telecomunicaciones es como hablar de brecha digital, hay numerosos tipos de cobertura coexistiendo en cada mercado. Asimismo, la definición de cobertura para un mismo servicio puede variar grandemente dependiendo de la entidad representada para el interlocutor de turno.

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Mientras algunos actores están contentos con ofrecer servicios midiendo la cobertura poblacional, otros la miden por el mercado que potencialmente puede contratar sus servicios. ¡Ahí está el detalle! Según un estudio del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) publicado en diciembre de 2012 indica que el 42% de la población ocupada tiene sueldos por debajo de la línea de bienestar (tres salarios mínimos o menos), número que incrementa a un 77% y 70% de la población ocupada en Chiapas y Oaxaca viviendo bajo niveles de pobreza.

La importancia de estas cifras queda manifiesta cuando se revisa la penetración del servicio de telecomunicaciones más asequible de México, el servicio celular de un mercado donde está presente el esquema de facturación de “el que llama paga” como también la disponibilidad de servicios prepago. Chiapas y Oaxaca reflejan los niveles de penetración celular más bajos de México a final de 2017 con 60% y 55% respectivamente mientras el país se ubicaba en un 90% según la firma de consultoría regiomontana Telconomia.

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Sin embargo, contemplar penetración agregada no es la mejor manera de contabilizar el número de personas que está utilizando servicios móviles pues hay diversos factores que pueden inflar este número, siendo el más común el de persona con más de una línea móvil (ej. la personal y la del trabajo) o PyMES que prefieren contar con una línea móvil en lugar de una fija. Estimados de la Asociación GSM colocaban el número de usuarios únicos de servicios móviles en 69% para el 2015 con la posibilidad de llegar a un 88% para el 2020, meta que se presenta bastante difícil debido a los niveles de crecimiento de las líneas móviles en el mercado y la falta de expansión del mercado objetivo para estos servicios.

Aunque es cierto que un mercado jamás alcanzará la cifra de 100% de usuarios móviles únicos, en mercados de mayor poder adquisitivo como Estados Unidos o Europa la penetración móvil en usuarios únicos según la Asociación GSM es superior a la de México alcanzando un 80% y un 86% respectivamente.

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Cualquier estrategia nacional de crecimiento en la adopción de las TIC debe estar acompañada de iniciativas que permitan mejorar el acceso a servicios básicos por parte de la población en general. Es por esta razón que si miramos las cifras publicadas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) basándose en datos recopilados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) muestran que el 70,4% de los mexicanos viven con al menos una carencia social siendo entre las cuales rezago educativo impacta al 17,4% de la población, la carencia de servicios básicos de vivienda al 19,3% y la carencia a una alimentación adecuada al 20,1%.

Dicho de forma sencilla, es imposible esperar que haya una gran adopción de las TIC por parte de personas que tienen como primera prioridad buscar que comer y como segunda saber dónde pueden dormir o al menos guarecerse de las inclemencias del tiempo.

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Si el objetivo del gobierno es la inclusión, las cifras de pobreza en los segmentos más necesitados son aún peores. Por ejemplo, de acuerdo a CONEVAL entre aquellos mexicanos que hablan lenguas indígenas el 94,1% tiene al menos una carencia social y el 78,8% vive por debajo de la línea de bienestar. Siendo más específicos nos encontramos con que el rezago educativo representa al 43,2% de este segmento de la población mientras que un 64,6% no cuenta con servicios básicos de viviendo y un 31,5% no cuenta con una alimentación adecuada.

En otras palabras, cuando consultoras especializadas en el mercado mexicano como The CIU muestran que los ingresos del mercado móvil local alcanzaron los MX$260.482 millones de pesos en el 2017 (crecimiento anual de 4,3%), estas cifras se obtienen de los tres cuartos de la población que se encuentran conectados. Lo mismo ocurre al momento de determinar el mercado potencial para servicios convergentes, sobre todo cuando el mismo intenta mezclar en algunas de sus ofertas servicios que tienen como objetivo el hogar con otros que se enfocan en individuos y por lo tanto una modalidad de facturación acorde para este propósito.

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Por lo tanto, antes de hablar de cobertura es indispensable preguntar: ¿cuál cobertura? ¿La deseada? ¿La que provee un retorno en inversión positivo? ¿La que recibe subsidios del gobierno? ¿La necesaria para que nuevas tecnologías sean adoptadas rápidamente? ¿La que cumple con todos los requisitos necesarios en términos legales, de infraestructura y demanda potencial del servicio a ser ofrecido?

Todas estas son preguntas necesarias para poder finalmente utilizar las TIC como herramienta que sirva para combatir la desigualdad. Si no identificamos donde tenemos falencias y cuáles son las mismas es imposible tomar medidas correctivas. Es quedarse en el discurso que aplauden los ya evangelizados.

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El segundo punto que mencioné en el panel es el cambio de paradigma que estamos viviendo. Mientras que hasta la cuarta generación móvil el objetivo principal de cada dispositivo era ofrecer servicios a un ser humano, la quinta generación implica un quiebre total a este modelo. Cifras de la consultora británica Ovum colocan la penetración promedio de América Latina sobre el 130%. En otras palabras el crecimiento de líneas en los próximos años estaría atado al crecimiento poblacional si la distribución de riqueza no incrementa el número de personas que pueden acceder a las tecnologías.

Ante esta realidad, la nueva tecnología móvil llamada comercialmente 5G tiene la capacidad desde el 3GPP Release 13 de acomodar el incremento agregado de tráfico generado por el llamado Internet de las Cosas. El futuro será la manifestación real de la literatura de H.G. Wells, Isaac Asimov, William Hannah y Joseph Barbera, entre otros. Cuando se escucha Ciudad 4.0, Ciudad Inteligente, Edificio Digital u otros nombres de ese estilo, lo que realmente se menciona es la ubicación de cientos o miles de dispositivos con el objetivo de incrementar la eficiencia se los diferentes sectores productivos de la economía. Recordando también a ese Gran Hermano concebido por Orwell pues cada dispositivo recogerá datos que luego serán almacenados y analizados. El Internet de las Cosas llega con Big Data y analítica, como lo definió la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

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Según la consultora estadunidense IDC, en la actualidad México representa el 50% del mercado de Internet de las Cosas de America Latina siendo el sector empresarial quien impulsa este crecimiento. Asimismo, la también empresa estadounidense de investigación Frost & Sullivan estima que para el 2022 la facturación de Internet de las Cosas en México superaría los US$ 4.000 millones y para 2025 habría cerca de dos dispositivos conectando “cosas” por medio de redes móviles cada uno conectando a un ser humano en el mercado.

Si tomamos las cifras del Instituto Federal de Telecomunicaciones de México para el primer trimestre de 2018 el país contaba con 116 millones de líneas móviles conectando humanos, lo que sumado a las líneas a cosas, nos daría que como mínimo el mercado mexicano móvil superaría las 348 millones de líneas. Hay que aclarar que todas generarían tráfico pero no todas podrían considerarse de forma independiente como una unidad generadora de ingreso.

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Obviamente para colocar todo este crecimiento, es necesario que el mercado provea las condiciones necesarias para el despliegue de nueva infraestructura. Aquí hablamos desde una normativa que facilite y promueva la inversión hasta la asignación de suficiente espectro radioeléctrico limpio que permita a todos los proveedores de servicios de telecomunicaciones vía redes inalámbricas desplegar nuevas tecnologías. Claro que es un tema sumamente complejo que incluye entre sus aristas temas como la existencia de comunicación vial en buenas condiciones como también la erradicación de cualquier impuesto punitivo a los dispositivos que tienen como finalidad comunicarse con las redes inalámbricas del país. Este precisamente fue el tercer punto de mi intervención.

Las recomendaciones de la UIT indican que para el 2020 aquellos mercados donde hay grandes concentraciones de población en zonas urbanas deberían haber asignado unos 1960 MHz de espectro radioeléctrico para ser utilizado en la oferta de servicios móviles. Se desprende se esta recomendación que el espectro tendría que estar limpio (léase sin interferencias) para que pueda utilizarse de forma inmediata y que todo el bloque que se entregue debería ser explotado por los licenciatarios. La realidad nos muestra que para junio de 2018, México ha entregado sólo alrededor de 464 MHz de espectro para servicios móviles.

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La buena noticia es que a diferencia de la gran mayoría de los países de América Latina y el Caribe, México está estableciendo una hoja de ruta donde se determina que bloques de espectro se estarán limpiando para luego ser asignados en el futuro cercano. Según la consultora Telconomia, a corto plazo el país tiene de forma inmediata disponibles de unos 200 MHz adicionales que podría entregar a los operadores antes de 2020: en la banda de 2,5 GHz unos 120 MHz, en la banda de AWS-3 unos 10 MHz y en la banda de 600 MHz unos 70 MHz. Además, el regulador está activamente trabajando para asegurar la disponibilidad de bandas milimétricas para el despliegue y expansión de 5G a nivel nacional.

Una vez concluida la intervención de los panelistas, se formuló una pregunta sencilla: ¿de tener poder divino que cambios harías en el mercado? Mi respuesta fue compuesta, la primera parte sería hacerme ciudadano mexicano pues estoy sumamente agradecido a esta tierra que tantas cosas buenas me ha entregado en la vida pues como dice la canción “si no hubiera nacido en la tierra en que nací, estuviera arrepentido de no haber nacido” en la tierra de Tlaloc y Quetzalcóatl.

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La segunda parte de mi respuesta se limitó a repetir la necesidad de actuar para que las TIC si tengan ese impacto en pos del desarrollo de los países. Que los servicios de Tele-Salud o Tele-Educación no sean letra muerta en planes de conectividad y que al momento de que las autoridades busquen la forma de resolver las carencias existentes tengan consciencia de las diferencias de poder adquisitivo de la sociedad mexicana. Las TIC tienen un potencial increíble para mejorar la vida de los mexicanos pero para que esto sea posible hasta el Banco Mundial nos indica que debe haber normas dirigidas a explotar el potencial de mejora social de las tecnologías.

Es bien sabido que la tecnología y el conocimiento son pilares esenciales para el crecimiento económico de un país. Pero también es, o debería ser, de conocimiento público que a ningún ser humano que diariamente batalle contra el hambre le importa mucho la convergencia o el Internet. Nadie come celulares.

<> on January 26, 2017 in Tijuana, Baja California.

Referencias

Imágenes todas de Pexels, excepto foto del panel que fue tomada por el Consultor Jesús Romo.

En el panel fui acompañado por representantes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), la Asociación Nacional de Telecomunicaciones (ANATEL), la Cámara Nacional de la Industria Electrónica de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CANIETI), la Asociación de Telecomunicaciones Independientes de México (ATIM) y Observatel.