Hay ocasiones en las que conocemos personas que se piensan ser el centro del universo. Este sentimiento en ocasiones llega a multiplicarse en cursos sobre negocios donde siempre se repite a los estudiantes que el cliente siempre es lo más importante. En el mundo de las comunicaciones en muy pocas décadas la pregunta no se centrará en la importancia de los clientes, sino en quien es el cliente, cuál es su perfil y que se debe hacer para darle prioridad a sus necesidades.

Parecería que no dijera nada que no sea conocimiento general. Ahora consideremos que en el mundo de las telecomunicaciones el ser humano poco a poco será desplazado como centro inapelable del negocio de venta de líneas tanto fijas como móviles. En este último segmento, este servicio ya ha alcanzado niveles de saturación en la inmensa mayoría de los mercados de América Latina, región donde la penetración promedio para este servicio supera el 120% según cifras de la consultora con base en Londres, Ovum.

Esta inminente nueva realidad no implica fin al número de líneas que pueda vender un operador de telecomunicaciones en los próximos años. Todo lo contrario, es un aviso a los actores del sector que la evolución en la oferta de acceso a telecomunicaciones pasa por un camino donde los senderos se bifurcan. Por ejemplo, ya no será tan sencillo para los analistas contar líneas de forma agregada si se tiene en consideración que el rol de cada una de ellas será cada vez más disímil.

Como en todo jardín donde los caminos se separan, es conveniente describir lo que el sendero más conocido nos devela. Cada paso nos muestra un sinnúmero de huellas que solo pueden describirse como de seres humanos. Los individuos son los grandes protagonistas de un camino que traspasa los siglos pero que cada vez parece hacerse más chico. Es un simple espejismo, simplemente el caminar nos está llevando a un mundo donde nuestro camino es cada vez más pequeño ante el creciente tamaño de la autopista que lo ha integrado como uno más de sus carriles.

Simplemente las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) en un futuro no lejano verá como la conexión a Internet de alta velocidad móviles se convierte en un servicio básico para todos los clientes de los prestadores de servicio, por lo que la diferenciación del proveedor se dará por medio del acceso exclusivo a contenidos; en el mundo móvil se tendría que agregar también dispositivos innovadores.

Obviamente este nuevo entorno será mucho más complejo que el actual, estamos entrando a la plena confluencia de dos sectores anteriormente separados: redes y contenidos. Los operadores que no deseen ver sus ingresos erosionarse al percibir ingresos por solo brindar servicios de telecomunicaciones deben comenzar a producir contenidos o, como mínimo, establecer acuerdos de exclusividad con desarrolladores de contenido. La diferenciación ya no es por cobertura ni por tecnología, los clientes ya tienen unas expectativas bastante altas sobre el servicio que reciben.

El segundo sendero, el que un arrepentido Frost llamó menos explorado, nos lleva al engendro y crecimiento de ese nuevo protagonista que derrocará a la raza humana como el centro del mundo digital. Cada una de las nuevas líneas no necesariamente generará grandes cantidades de tráfico al operador. Sin embargo, su principal atractivo es el enorme crecimiento que se experimentarán en las próximas décadas. Los próximos veinte años servirán para afianzar las conexiones de elementos tangibles, la importancia de una base de datos que puede utilizar la información para procesarla e incrementar el conocimiento que pueda tener sobre algún tema en particular y, como Madden, resolver el acertijo que anticipe tragedias futuras.

El segundo camino simplemente muestra como la autopista del Internet de las Cosas está condenada a engullir a la tradicional Internet humana. La capacidad de automatizar todo tipo de aparatos para que brinden información valiosa sobre parámetros de consumo, mediciones especificas a diferentes verticales de la economía o data que sirva para  prevenir accidentes aun no es comprendida por la mayoría de las personas.

Las posibilidades de cómo puede utilizarse esta tecnología en sectores como la trasportación, energía, salud y finanzas aún están por explorarse. Lo importante es que con el surgimiento de millones de aparatos que van a estar conectados de una forma u otra a la red dorsal del país donde estén desplegadas, los operadores de telecomunicaciones tendrán a un nuevo objetivo como cliente final. ¿Cuáles serán las repercusiones de este nuevo paradigma para los mamíferos pensantes?

Este incremento en líneas dará paulatinamente paso a nuevos operadores enfocados a atender las necesidades del mundo del Internet de las Cosas, ya sea en su versión de ciudades inteligentes, flotas de vehículos conectados u otra implementación aún poco conocida.

Lo anteriormente mencionado no está muy lejos, ya en América Latina y el Caribe tenemos la presencia de varios operadores virtuales que apuntan solo al mundo de las conexiones entre máquina. Para estas empresas el negocio con los humanos ya no es lo atractivo que fue en el pasado.

Mi advertencia ante esta evolución del mercado es que no nos hagamos ilusos, eventualmente las cosas también van a exigir una evolución en el tipo de servicio que reciben. Los complementos no serán contenidos de video o aplicaciones de entretenimiento, sino analítica de datos y capacidad de almacenamiento. Mientras el móvil se torna más audiovisual para los humanos y la importancia de estos últimos se erosiona, en el mundo de las cosas reinará el Big Data.

Referencia

La imagen es de Pixabay.