El crecimiento de los servicios de telecomunicaciones en América Latina durante las pasadas tres décadas ha sido impulsado por las tecnologías inalámbricas. Este fenómeno es explicable por las ventajas de estas redes frente a las redes cableadas por fibra o par de cobre. Desde este punto de vista, el principal beneficio de las redes inalámbricas es la rapidez con la que se puede ofrecer conectividad a cientos o miles de hogares en un periodo corto de tiempo.

Alcanzar niveles similares o superiores de cobertura a la que poseen los operadores tradicionales de servicios fijos es más económico para un operador inalámbrico. También lo es incrementar la capacidad ofrecida en lugares de alto tráfico con el despliegue de nuevas radio bases.

La flexibilidad de estas redes, junto con el advenimiento de tecnologías que además de movilidad pueden ofrecer velocidades de acceso a Internet superiores a los 10 Mbps o 20 Mbps, suponen una gran oportunidad para las autoridades de gobierno de los distintos mercados de América Latina y el Caribe para mejorar las condiciones de vida de las personas que residen en localidades rurales, de baja densidad poblacional o de bajo poder adquisitivo.

Las tecnologías de banda ancha móvil deben dejar de ser contempladas simplemente como habilitadoras de servicios de entretenimiento o comunicaciones. Reducir tecnologías como HSPA+ y LTE a este rol es desperdiciar su potencial para transformar la vida de las personas.

Es necesario que las personas responsables de tomar decisiones sobre el desarrollo de nuestros países latinoamericanos comiencen a contemplar los servicios de banda ancha como una herramienta que viabiliza y acelera el despliegue de programas de tele-medicina, tele-educación y gobierno electrónico en aquellas poblaciones que hasta el momento se han visto excluidas de estas iniciativas. Esto sin contar que brindar conectividad a zonas apartadas ayuda a establecer un entorno propicio para el surgimiento de oportunidades laborales por medio del tele-trabajo.

Para lograr este cometido, es necesario que las autoridades de regulación tomen las medidas adecuadas para promover el sano desarrollo y expansión de las redes de banda ancha móvil en localidades que actualmente carecen de este tipo de servicios. Por ejemplo, es esencial que los gobiernos adjudiquen espectro radioeléctrico destinado a la oferta de servicios móviles y que las frecuencias adjudicadas puedan ser utilizadas de forma inmediata.

La asignación de espectro radioeléctrico debe ser acompañada por medidas que faciliten la entrada de infraestructura y equipos al mercado. Si se entrega espectro radioeléctrico pero los operadores no pueden acceder a infraestructura, es muy difícil que se pueda construir una red de banda ancha móvil en un periodo corto de tiempo. Mucho menos, llevar estos servicios a localidades apartadas.

Asimismo, lograr establecer una cobertura geográfica del 100% del territorio nacional mientras se imponen trabas impositivas y/o cuotas de importación a los equipos tampoco es suficiente para fomentar el desarrollo. Las personas tienen que poder conectarse a las nuevas tecnologías para poder acceder a los beneficios que ofrecen.

Otro obstáculo importante que debe ser sorteado por las autoridades de gobierno es la burocracia que puede haber para otorgar permisos de construcción de torres, despliegue de antenas o enterramiento de fibra óptica. Desgraciadamente, en América Latina se han visto casos donde los gobiernos municipales han tardado cerca de cinco años en autorizar el despliegue de nueva infraestructura.

Para que la implementación de infraestructura se lleve a cabo rápidamente es muy importante que haya cooperación entre todos los actores de la industria. Ni el sector público es capaz de llevar cobertura a todos los rincones del país de forma eficiente y a bajo costo, ni el sector privado es capaz de lograrlo. Se deben combinar esfuerzos para evitar duplicación de inversiones en zonas donde la demanda local no es suficiente para justificar la construcción de una red. Sobre todo en un ambiente de servicios móviles de banda ancha propiciado por HSPA+ y LTE, donde la fibra óptica es un elemento esencial de estas redes.

Una vez se resuelven las dificultades para el despliegue de infraestructura, es sumamente importante que se trabaje en los servicios que van a ser ofrecidos por estas redes. Para este paso es importante que tanto los proveedores de servicios como las autoridades de gobierno colaboren con las entidades que mejor conocen la situación de cada sector, y de esta forma llevar con más precisión conectividad y contenidos a escuelas, hospitales y otras entidades públicas del área.

La falta de coordinación con ministerios de salud y educación ya nos ha dado ejemplos de entrega de computadores, portátiles o tabletas a escuelas donde los niños no hablan castellano o donde no hay electricidad y mucho menos Internet. No se debe reducir la conectividad a la foto de los políticos de turno junto a la sonrisa de un niño con un computador en las manos. El éxito se logrará cuando las iniciativas sean de largo plazo y no se limiten a las escuelas. Hay que incluir hospitales, digitalizar procesos en oficinas de gobierno y lo más importante: capacitar a las personas.

Usualmente cuando se escriben los planes de conectividad nacional, éstos se limitan a la parte de infraestructura y tienen un periodo de caducidad. Es irónico que a las herramientas que viabilizan el desarrollo se les coloque una fecha de expiración, teniendo en cuenta que las personas que viven en zonas apartadas continuarán en sus casas luego de que finalice el plan de desarrollo de turno.

La capacitación de las personas es un elemento sumamente importante para el triunfo o fracaso de cualquier iniciativa de desarrollo. La entrega de equipos debe estar acompañada del software educativo que le dará el valor agregado al dispositivo. Las máquinas para tele-medicina deben ser acompañadas por acuerdos con hospitales en centros urbanos importantes para que puedan ser bien aprovechadas.

Obviamente, las personas encargadas de utilizar los nuevos recursos digitales deben ser capacitadas en el uso de éstos de forma constante. La tecnología evoluciona, y la capacitación para saber explotarla de forma más eficiente tiene que atender esta evolución. Y también se debe establecer un plan de mantenimiento y reparación de equipos.

Una vez este largo y difícil camino se haya completado, veremos a las personas comenzar a ver a su teléfono inteligente como algo más que entretenimiento y comunicaciones, lo verán como una oportunidad de desarrollo personal. Se convertirá antes sus ojos en una herramienta para mejorar su educación, salud o situación laboral.

La receta parece complicada, pero solo tiene tres elementos claves: cooperación entre el sector público y el privado, inversión en infraestructura y capacitación de los responsables en utilizar el contenido disponible por medio de las nuevas plataformas digitales.

Referencias

Una versión de esta columna fue publicada en el portal iProfesional.com el 24 de junio de 2015.